Por Franklin González - Embajador de la República Bolivariana de Venezuela en Uruguay
En Venezuela tuvieron lugar, hace apenas unos días, dos importantes reuniones relacionadas con el papel que cumplen los medios de comunicación en nuestro continente. Una, fue la asamblea semestral de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) que, como se pronosticaba, emitió duras críticas a las posturas de los gobiernos progresistas de la región, en particular contra nuestro país, y defendió el carácter mercantilista de la libertad de expresión. La otra, fue el primer Encuentro Latinoamericano contra el Terrorismo Mediático, que sesionó en paralelo a la primera
En ese sentido, es oportuno realizar algunas puntualizaciones que para millones de compatriotas venezolanos y, más allá, latinoamericanos y caribeños está claro. Las élites que han usado --y siguen usando--sus ardides mercadotécnicas y financieras para posicionar a actores políticopartidistas y gubernamentales en función de sostener su poder económico por encima del poder popular, se están ahogando en la basura que ellas han creado; sólo algunas moscas aún devoran esos desperdicios porque desconocen el sabor del néctar de las flores, el aire fresco de un día soleado y el aroma del pueblo que levanta su voz
El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez suele decir "águila no caza mosca", en especial cuando oscuros y perversos "personajes" tratan de introducir su venenoso discurso en el radio de acción de la gestión de un Gobierno, el nuestro, el bolivariano, que, durante nueve años, ha cumplido sus funciones por mandato del pueblo venezolano.
Ese pueblo ¿por qué no se calla? porque hay voces como la de Chávez que se elevan, como águilas, lejos de los basureros y sus moscas; divisan el horizonte, el alba, el nuevo amanecer cuya luz crece cada vez que un latinoamericano y caribeño abre sus ojos por encima de la miseria que, "por ahora", está viviendo por causa de las maniobras hechas durante siglos por empresarios que, con su coraza de dólares y su espada mediática, han construido con los escombros de su propia historia una muralla para proteger sus subordinados intereses.
En Venezuela hay ahora y para siempre un ejército revolucionario y bolivariano de constructores del país, el verdadero país, el país de la dignidad, el país que es referencia para muchos pueblos oprimidos del Continente Americano y el mundo; el país que no acepta chantajes de "encopetados" plutócratas que se escudan tras el periodismo para difundir mensajes tarifados, para interpretar la realidad bajo la óptica de los designios neoliberales de los cuales son peones.
El país que acompaña a Hugo Chávez, así como la gente de cada país que conoce la verdad, es el que está luchando por la transformación de la sociedad hacia un mundo de justicia, equidad y participación popular; es el país de "lo grande, lo hermoso, lo útil" y lo digno; quienes confían en Chávez obviamente no son quienes tratan de desdibujar la fuerza de los ideales de Simón Bolívar.
El país del pasado lo conforma un puñado de oxidadas y abandonadas anclas que tratan de exiliar de nuevo el pensamiento bolivariano en el remolino de las mentiras. Pero por encima se encuentra un país, Venezuela, que conoce la verdad sobre Bolívar y, a través de él y con él, está conociendo la verdad.
Verdad, cada vez más clara, no sólo para Venezuela sino también para otros pueblos que, hoy por hoy se expresan y convencen que somos un país con la dignidad bien en alto.
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