Ha transcurrido el cuarto 1º de Mayo bajo un gobierno progresista. Contrariando expresamente una de las consignas más emblemáticas de nuestro movimiento obrero y cimiento insoslayable de la construcción de la Convención Nacional de Trabajadores, algunos gremios promueven una escisión en la unidad del sindicalismo uruguayo.
Desgraciadamente, pequeños grupos radicalizados se han arrogado la representatividad de gremios importantes como el de los municipales y algunos de la Enseñanza. Son pocos, pero despliegan un fervor militante y logran seducir a ciertos incautos con sus consignas sesentistas.
El año pasado escribimos al respecto algunas reflexiones que lamentablemente tienen total vigencia hoy:
"Con el mismo vigor y entusiasmo combativo con que un sindicato normalmente lucha contra una patronal hambreadora o contra un gobierno conservador y policíaco, asistimos al triste espectáculo de varios gremios que profundizan sus medidas de lucha y se vuelven cada vez más intransigentes en sus reclamos salariales a un gobierno que por primera vez desde hace decenios vela por mejorar las condiciones de vida de la población en general y de los asalariados en particular. (...)
Ha habido un incremento significativo del salario real, se ha constatado un aumento exponencial de la sindicalización, del mismo modo que creció en términos nunca antes vistos el número de cotizantes a la Seguridad Social; ha descendido el desempleo y se han generado puestos genuinos de trabajo. Son todos hechos incontrastables, objetivos, que nadie en su sano juicio se animaría a negar.
No obstante, hay sectores que, con una intransigencia digna de causas más nobles, promueven un enfrentamiento despiadado con el gobierno, reclaman ajustes salariales desmedidos para las posibilidades reales del erario y exigen cambios estructurales que el gobierno no prometió.
Así, el gobierno se halla ya no entre dos fuegos sino ante tres frentes de combate. Dos de esos frentes de lucha están dentro de las probabilidades de lo previsible. Nos referimos, por un lado, al enfrentamiento con la oposición política conformada por las dos colectividades tradicionales hoy en el llano y el Partido Independiente, una lucha que se desarrolla en el Parlamento y, sobre todo, en los medios amigos del establishment siempre dispuestos a brindar generosa cobertura a los líderes opositores; y por otro, al poderoso sector empresarial, verdadero dueño del poder, que se resiste con uñas y dientes a los cambios progresistas que lleva adelante el gobierno. Pero lo que resulta insólito es que el gobierno está jaqueado, también, desde un campo que se suponía sería su aliado en la tarea de construir un país mejor para todos.
Bien cierto es y fuerza aclararlo para aventar malentendidos que no es todo el movimiento sindical el que está enfrentado al gobierno. Se trata de sectores radicalizados sensibles a una perniciosa prédica 'ultrista' o 'yaísta' que no repara en medios para lanzar sus anatemas contra el supuesto 'continuismo' del gobierno popular y que cree, candorosamente (o no cree pero hace creer no tan candorosamente), que el país está en condiciones de impulsar la revolución social, expropiar estancias y empresas y dar todo el poder a los soviets".
De un año a hoy, la situación no sólo no ha mejorado sino que se ha producido la secesión de sectores integrantes del Frente Amplio, en una suerte de expresión política de esa postura absurdamente radical que sostienen ciertas organizaciones sociales, obnubiladas en su apego a postulados de otro tiempo.
Felizmente, la abrumadora mayoría de los asalariados no participa de esa postura y sigue la línea responsable y madura de la dirigencia de la central sindical, que --sin abdicar de sus principios-- muestra la sensatez característica de nuestro movimiento obrero.
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