Por Niko Schvarz - Periodista
Un artículo de Ignacio Ramonet sobre el gran tema de la comunicación ("Ver no es comprender"), publicado el último día de abril, contiene agudas reflexiones, como todos los suyos. Quiero detenerme en un párrafo que dice: "Ahora tenemos muchos emisores, lo cual nos da la impresión de que existe la diversidad pero, en realidad, globalmente y en la práctica, todos están diciendo casi lo mismo".
Esta gran verdad no es nueva. Hace 50 años yo publiqué en la revista Estudios (Nº 9, julio de 1958) un artículo cuyo título reproduzco en esta nota. Jean Jaurès, el gran tribuno socialista francés, fundador de L'Humanité y asesinado en vísperas de la primera guerra mundial, decía en referencia a la "gran prensa" de su país: "Parecen cien campanas, pero las mueve un solo hilo".
Mi nota insertaba como acápite esta frase de Marx en "La Nueva Gaceta Renana": "La cosa no estriba en si debe existir o no la libertad de prensa... sino en si la libertad de prensa constituye el privilegio de algunas personas, o si ella es privilegio del espíritu humano". Él mismo libró memorables batallas, en las páginas de su diario (que se había definido como "Órgano de la Democracia", tal cual rezaba su epígrafe) y ante los tribunales, defendiendo con pasión la libertad de prensa y sufriendo las censuras, las clausuras y la expulsión del territorio. En el primer proceso a la Nueva Gaceta Renana, el 7 de febrero de 1949, Marx que ejercía su propia defensa dio esta magnífica definición de la prensa: "Es por profesión la guardiana del pueblo, la infatigable acusadora de los detentadores del poder, el ojo omnipresente, la boca omnipresente del espíritu popular velando celosamente por su libertad".
En mi artículo se demostraba la concentración de los medios de prensa en Estados Unidos (diarios, radios, agencias internacionales), se hacía referencia al monopolio de la prensa y a la prensa de los monopolios, al poder del gran capital dueño de los medios de difusión. Y se citaban las conclusiones a que arribó en 1947 la Comisión Hutchins, de la Universidad de Chicago, que eran las siguientes:
1) Que la prensa no es libre, porque está monopolizada.
2) Que el poderosísimo instrumento periodístico está en manos de pequeños grupos de multimillonarios.
3) Que, por ello, quienes tengan algo serio que decir por la prensa, no podrán hacerlo si chocan con las ideas o los intereses de los que monopolizan la prensa.
4) Que por lo tanto la libertad de prensa es la libertad de la pequeña minoría que la controla.
5) Que los dueños y administradores de la prensa determinan qué personas, qué hechos, qué versiones de hechos y qué ideales deben llegar al público.
Ya por entonces había emergido la figura de William Randolph Hearst, prototipo del célebre Citizen Kane (traducida como El Ciudadano) que inmortalizaría Orson Welles.
También nos hicimos eco de una encuesta realizada por la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU) a comienzos de 1950, coincidiendo con una reunión en Montevideo de la subcomisión de la ONU para la Libertad de Información y Prensa, integrada por 12 países, Uruguay incluido. En la encuesta se demostraba el poder del gran capital en la dirección y en la prédica de la "prensa grande" y el papel de los grandes avisadores. También había referencias al USIS (United States Information Service) y a las oficinas de prensa de la embajada de EEUU, cuyos materiales se reproducían a menudo incluso en páginas editoriales de los diarios.
En este medio siglo las cosas han evolucionado hacia una mayor concentración y una mayor uniformización de la información, como señala Ramonet, con el agregado de las cadenas de TV, que han pasado a una situación dominante y ocupan el centro de la escena mundial. El director de Le Monde Diplomatique nos advierte además que la izquierda ha sido muy perezosa en el análisis del significado de la comunicación hoy y de cómo insertarse en ese circuito. Quizá sea ésta la conclusión más relevante, sobre la que habrá que trabajar colectivamente.
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