Por Daniel de Souza Secretario general de Fucvam
El viernes 25 asistimos invitados por el Departamento de Desarrollo Social de la Intendencia Municipal de Salto a traspasar y transferir la necesaria esperanza solidaria implícita de nuestro movimiento, de cooperar activamente a superar a través de colectivos (grupos), lo que individualmente no llega o no promueve o produce soluciones para la necesidad de vivienda. Las autoridades municipales así como su propio intendente Fonticiella, precavieron sobre la racional oportunidad de no generar expectativas de soluciones propias teniendo en cuenta la demanda masiva de 2.000 familias, que mediante solicitud fueron registradas en el Departamento en estos 3 años, familias que por su procedencia son numerosas en cuanto a cantidad de hijos contraídos, o sea arriba de las 10.000 personas.
Por año en dicho departamento se formalizaron casi 600 casamientos o sea 600 incipientes familias que aspiran a una "solución habitacional" para proyectar su familia en construcción. En contraparte el Ministerio de Vivienda desde su creación (18 años), ha construido e invertido promedialmente 100 viviendas por año, tendencia que no ha cambiado en estos últimos. Pues bien, a pesar de la no respuesta económica oficial, casi una decena de colectivos de esperanza (cooperativas), empujan el "se puede" ante la apatía, la organización social ante el individualismo paralizante y acentúan el "nosotros" pasando por alto el "yo" en la conjugación del verbo del empoderamiento erguido ante un derecho humano como lo es la vivienda. Uno de estos grupos solicitó afiliación a nuestro movimiento, lo que generará un hecho poco común por lo siguiente, este grupo construye día a día ladrillos en los fondos de sus casas ¡y los tiene por miles!; lo que no tiene es terreno para realizar sus proyectos que podrán viabilizar una solución a quienes ponen todo de sí y producen con sus propias manos la construcción actual y futura de su dignidad. Ya tienen sus paredes, pero no tienen techo no tienen nada, una casa disparatada al decir de Bonaldi. En igual período, desde el presupuesto quinquenal que definió la construcción de 14.000 viviendas para los 19 departamentos en los 5 años (2004 - 2009), a pesar de la recomendación de la Facultad de Arquitectura, Sociedad de Arquitectos, AEBU, Sunca, etc, que lo imprescindible, el "piso y no el techo" deberían ser 14.000 viviendas por año y en los sucesivos mensajes complementarios no se previó ni se prevé un solo ladrillo más, solamente no contemplan la realidad. Esta debe ser atendida como emergencia nacional y revertirse; ante la contundente realidad, la no aparición de soluciones sólo se entiende al capricho de un ministro de Economía que no invierte, cuando por otro lado sobran desde el BROU 300.000.000 de dólares que han anunciado, pero como solución a quienes ganen más de .000 por mes de sueldo. Debemos entrelazar, poner un cable a tierra entre el ideal y la realidad, entre la fantasía y lo que es físico, real, palpable, la pobreza.
El ideal colectivo de justicia social que todos nos resistimos a sustituir por la frivolidad de mensajes triunfalistas de la macroeconomía, sólo se concretará si hay planes con inversiones y donde la desproporción del pago de 1.000.000.000 de dólares por año de intereses de deuda no avergüencen los 50 millones dedicados a la vivienda. El debate y la lucha no es entre moderados y radicales, es contra la ortodoxia económica que hay que anteponerse y con los primeros encauzarlos, Congreso del Pueblo mediante. Resistir con sabiduría a quienes no hablan ni destacan los 900.000 pobres aún existentes con la rebeldía y valentía de la "generación" de la dignidad en toda su magnitud. No pronunciarse o hablar de esta realidad no hará desaparecer o evaporar el problema. Los pobres incluyen a los trabajadores organizados, no nos avergoncemos de reivindicarlo, cuestión no presente en nuestro acto del 1º de Mayo, la pobreza no es un problema para planes de emergencia, deber ser problema de Estado y como tal no sólo bajar los índices sino erradicarlos.
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