De no ser por el desequilibrio progresivo que se advierte entre el crecimiento y la insuficiencia energética del país, las últimas noticias informadas sobre el estado de la economía y sus perspectivas deberían agregar una dosis necesaria de confianza y razonable optimismo en el país; además de permitirnos un tiempo de reflexión y elaboración que nunca está disponible en tiempos de desestabilización.
En el marco externo se diluyen los riesgos de fracturas que pudieran modificar bruscamente un escenario muy positivo, al cual se le ha agregado ahora la excepcional novedad acerca de que Brasil, el principal socio y vecino, acaba de acceder a una categorización de países que disfrutan de condiciones privilegiadas de financiamiento y capacidad de atracción o retención de la inversión más selecta del mundo.
A nivel local, los resultados fiscales al término del primer trimestre continúan expresando el equilibrio entre la racionalidad presupuestal y los condicionamientos económicos que tiene un proyecto político votado por amplias mayorías. Esta noción del equilibrio debe ser reconocida aun por quienes quisieran, con razón y apego a la teoría económica, que se implementaran mayores esfuerzos contracíclicos. Todos estamos aprendiendo y uno de los agregados didácticos de la experiencia latinoamericana reciente consiste en integrar a las prácticas de la buena administración nuevas fórmulas para calcular equilibrios sustentables. Necesitamos aquella serenidad propia de la estabilidad para reflexionar y reelaborar pensamiento sobre estos temas. Son desafíos propios de estadios en los cuales la democracia y el crecimiento proponen nuevas lecturas de lo que otrora eran "fundamentos" más simples de la economía.
El gobierno cuenta con un margen fiscal exactamente igual a lo que necesita para cubrir riesgos de adversidades que, eventualmente, pudieran dañar ese equilibrio. En realidad, los resultados de estas cuentas públicas calculadas con simplicidades aritméticas nunca han cerrado demasiado bien en la historia de este país. Ahora esa visión original, elemental, del equilibrio no sólo es desafiada en la confrontación democrática sino también desde la reelaboración que, antes de la académica, nace del propio mercado. En Uruguay se mantiene la especulación sobre el riesgo de la sustentabilidad del crecimiento y la estabilidad con márgenes muy estrechos en las cuentas fiscales.
Pero importa reconocer que es cauta y mesurada. Prueba de ello es lo que está sucediendo y, sobre todo, sucederá a partir de ahora con las expectativas de la estabilidad. Dicho de otro modo, de ser cierto este razonamiento, es posible que el mercado esté admitiendo que en las condiciones de entorno dadas, se está gobernando con apego a una idea de equilibrios que impiden, por ejemplo, las viejas prácticas de especulación con la moneda, los stocks de bienes o la fuga de capitales.
El problema es cómo se resumen en términos de confianza y didáctica pública estas delicadezas de la administración en tiempos en los cuales el juego democrático es tan intenso como válido y defendible. Es un problema ostensible y no resuelto en la elaboración del discurso de la oposición. Y es, también, un problema de la comunicación oficial.
El Poder Ejecutivo está realizando un esfuerzo importante en lo que tiene que ver con esa comunicación. Empero, asistimos a una multiplicación intensa en la utilización de todo tipo de instrumentos y voces cuya suma satura y su resultado confunde. Hay un empeño ostensible de los jefes de las unidades ejecutoras y el gobierno en su conjunto de comunicar lo que hacen, loable como principio republicano, comprensible en el juego de una democracia representativa muy abierta frente a problemas crecientemente complejos de la administración. Pero, esencialmente riesgoso en contribución al logro de aquellos equilibrios complejos.
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