Sábado, 10 de mayo, 2008 - AÑO 9 - Nro.2904
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Yo aborté

Por Liliana Chiernajowsky  Ex presa política. Página/12

El 17 de marzo se cumplió un nuevo aniversario de la desaparición de mi hermano Miguel, asesinado por la Armada. Tenía 21 años, los sueños revolucionarios y la voluntad de cambiar el mundo que marcaron nuestra generación. Sin justicia ni piedad alguna, su cuerpo joven, aún con vida, fue arrojado al mar, sujeto a algún bulto con peso suficiente para garantizar su desaparición eterna en las profundidades inescrutables que oficiaron de silenciosas tumbas. La imagen de ese hecho terrible, indecible e inimaginable persiguió a mi madre cada día de su vida, manifestándose en conductas como la negativa a la ingesta de pescado, por la asociación que resultaría de mal gusto explicar.

Ni la locura en la que finalmente se refugió para escapar del horror de esa imagen le ha permitido a María olvidar. Cada vez que "se conecta" y logra comunicarse con unas pocas palabras inteligibles, es para recordar y llorar, alucinada, la suerte de su hijo y de esos "pobres chicos y chicas".

Elijo este modo de abordar el tema a sabiendas de que su lectura puede resultar desagradable y chocante. Pero no deseo despersonalizar la cuestión, ni despojarla de su carga emotiva, porque creo que la distancia y "objetivación" no necesariamente ayudan a acceder a la naturaleza de ciertos temas. En cambio, los argentinos hemos naturalizado tantas cosas, que ya casi nada nos conmueve ni nos interpela intelectualmente.

Cuando leí las declaraciones del vicario castrense, tan claras, explícitas, brutales, necesité un instante para recuperar el aliento y comprender que, efectivamente, se referían a "eso" a lo que me remitieron inmediatamente sus palabras. La fuerza significante de la imagen elegida, reenviando a otra cosa que el texto bíblico usado como excusa, podría ser reconocida automáticamente por quienes, como víctimas o victimarios, sabemos de qué está hablando. Pero me pregunté: ¿será ponderada y condenada por las instituciones democráticas, las autoridades eclesiales, en suma, por una ciudadanía efectivamente consustanciada con los principios democráticos y los derechos humanos?

La pronta respuesta presidencial, lejos de un exabrupto, debe ser rescatada por su enorme valor simbólico. No dejar pasar, no mirar para otro lado o acotarse a tratativas diplomáticas ocultas. Con ingenuidad tozuda pensé que la Iglesia Católica, ante semejante confesión de parte, esta vez tomaría distancia, condenando explícitamente al representante ideológico de los genocidas. Pero no, sólo hubo defensa corporativa y, en el mejor de los casos, un silencio bochornoso.

Imposible no relacionar los tiempos y modos de funcionamiento de la estructura eclesial con otros hechos históricos (Galileo, Giordano Bruno, los crímenes de la Inquisición, la evangelización, el silencio ante el Holocausto) sobre los cuales la autocrítica, en los casos en que la hubo, se limitó a tibias referencias que requirieron muchísimo tiempo, cuando no siglos, de maduración.

Ese abroquelamiento cerrado alrededor del dogma, esa defensa abstracta de la vida desde la concepción, de la persona por nacer, mientras se tolera o se es cómplice del dolor de las vidas efectivamente humanas.

¿Cómo no pensar que el mayor interés no está puesto en la defensa del derecho a la vida, sino en el control de la sexualidad humana? Tengo unos pocos amigos católicos practicantes que me conmueven por la fuerza y coherencia de sus convicciones a quienes pido disculpas si los ofendo con mis juicios de valor. El aborto es uno de esos temas que esperan la hora de un debate sincero en la sociedad, despojado de los condicionamientos y la hipocresía con los que habitualmente se lo aborda. Sólo diré que yo aborté. Que defiendo, y lo he hecho siempre, el derecho de las personas, sobre todo de las mujeres, a decidir el momento y las circunstancias para dar vida a un hijo.

Y que no me arrepiento de haber tomado esa decisión, que jamás es ligera o frívola para ninguna mujer. Lamento que para algunos esta afirmación me haría merecedora de la suerte corrida por mi hermano. En cambio, mi preocupación siempre tuvo que ver con el hecho de no haber podido hacer nada para evitar que la hija que sí quise tener conociera las cadenas, las capuchas y los gritos de dolor de las mazmorras de la dictadura cuando, siendo muy pequeña, fue secuestrada por la Marina junto a su padre.

Como sabemos, ningún vicario castrense --conociendo como conocían-- denunció o se solidarizó jamás con tantas mujeres que, asumiendo la maternidad en condiciones tan adversas, fueron torturadas o muertas con sus embarazos a cuestas y parieron sabiendo que luego serían asesinadas y despojadas de esas vidas que acababan de engendrar.


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Los crímenes de la dictadura no son justificación paralos crímenes de algunas mujeres.
Ni todos los milicos son asesinos, ni todas las mujeres los son. Tampoco lo son todos los católicos. Malos hay en todas las comunidades.
En Uruguay los tupamaros tuvieron su Amodio.
Jesús tuvo a su Judas.
Y entonces, no lo va a tener la Iglesia.
Pero que eso justifique el asesinato a un indefenso, eso no es moral ni justo.
Durante la dictadura, cuando fue desaparecida o asesinada una mujer embarazada, se pidió justicia por los 2, la joven y el nonato.
Por qué hoy debemos cambiar.
Debemos ser coherentes, siempre una vida es valiosa, y como cantábamos en la década del 60
"Se precisan niños para amanecer" de la canción Gurisito
javier - 11/05/2008 - 19:09 (#4)
QUERIDA LILIANA,ES DESGARRADOR LO QUE CONTAS DE TU HERMANO,PERO TAMBIEN ES DESGARRDOR LO QUE CONTAS DE ESE HIJO QUE ASESINASTE.NO JUSTIFIQUES EN LA DESGRACIA DE TU FAMILIA EL DERECHO DE MATAR,PENSANDO ASI TE COMPORTAS COMO ELLOS.ENTRE ELLOS Y VOS NO HAY DIFERENCIA,ELLOS Y VOS ASESINARON SIN MISERICORDIA,AMBOS TIENEN SU CULPA EN LA CONCIENCISALO LAMENTO POR VOS.
el lucho - 10/05/2008 - 17:04 (#3)
Soy mujer,y he tenido el maravilloso privilegio de tener en mi vientre tres maravillas femeninas, que son el motivo de mi vida, han pasado 20 años desde que vi a las 6 semanas un puntito en una ecografia, ese ser se multiplicaba a una velocidad incalculable, ese ser único, irrepetible, y era un momento dificil de mi vida dos pasajes a USA, 22 años y una carrera por delante. Renuncié me quedé porque me pesó mas, criar a mis hijas en este pais dificil per unico.No ha sido fácil ni lo es, pero no me arrepiento, de pensar asi, a los 34 años despues de 11 años mi tercer bb, ahi me lo plantearon abortá, y sobre el escritorio dejaron el dinero. No.No tengo derecho a eliminar ese ser unico, si tengo derecho a cuidarme para no embarazarme, y aqui sigo mi esposo entendió,y de igual manera educo a mis hijas.Pero, asesinar, eliminar,abortar, no, no tengo derecho,es tan fácil evitarlo hhoy en dia....
Froiland - 10/05/2008 - 14:16 (#2)
No soy yo quien te va a convencer sobre lo horrendo del ab!@#$%!@#$%!@#$%!@#$%!@#$%!@#$%!@#$%!@#$%; reconosco tu dolor por todo lo acontecido durante la cruenta dictadura uruguaya - qualquier ditadura es repudiable - un dia vaz a dar cuenta deso, en otra vida, apenas te digo eso para que cuando etés sufriendo por tu libre arbítrio, no digas que nadie te lo advirtió, aunque já muy tarde. Un beso en tu corazón.
José Antonio Lucas Tort - 10/05/2008 - 13:06 (#1)
No se que preparacion tienen los militares en ningun pais. Pero deduzco que tienen que valorar la vida humana en forma relativa, que hay cosas mas importantes que un ser humano, que hay prioridades por encima. Que, en definitiva, matar no esta mal, que mas importante es el fin, que el ser humano que se tiene por delante. Pienso que si el militar no esta mentalisado asi, seria imposible que fuera a la batalla. Lo que nos cuesta admitir es como podian matar, aparentemente porque si. La respuesta esta en esos valores que necesariamente tienen que adoptar. No importa matar a quien, si sirve para la causa. Por mas doloroso que sea, lamentablemente el abortar termina basandose en los mismos valores. La vida humana del otro no importa, sino la de quien sigue vivo. Entiendo que es muy doloroso para una madre tomar la decision, pero al aceptarlo como algo positivo, pasamos a ser asesinos potenciales en cualquier momento: La vida del otro no importa.
Alejandro - 10/05/2008 - 11:00 (#0)
AdsBot - 22-11-2008 - 15:14 (#5)
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