Inevitablemente, a medida que pasa el tiempo y nos acercamos a los comicios de octubre de 2009 (instancia para la que restan aún casi 18 meses) todos los partidos exhiben movimientos internos, reagrupamientos, fracturas, al tiempo que empieza la danza de candidaturas con vistas a esos comicios.
El Partido Colorado, luego del traspié sufrido en octubre de 2004 que lo llevó a la peor votación en toda su historia, si bien muestra cierta actividad y las candidaturas no están definidas aún, aparece como el menos agitado de todos los partidos, en razón de que la figura del doctor Pedro Bordaberry ha venido creciendo y se perfila como el candidato a presidente que concita más adhesiones en filas coloradas. En lo que tiene que ver con cuestiones programáticas o con definiciones ideológicas, el vuelco a la derecha más pura que ha tomado el partido de Batlle desde hace ya unos cuantos años lo ubica en un extremo del espectro, sin opciones progresistas de real peso.
En el Partido Nacional el panorama es muy otro. En efecto, la pugna cada vez más notoria entre dos de sus líderes más importantes adquiere cada vez más notoriedad y ocasiona movimientos internos relevantes; valga como ejemplo el abandono de la Correntada Wilsonista de parte de Beatriz Argimón, una dirigente de peso, y la reciente decisión de ese sector de aproximarse al Herrerismo.
Es que después de la estrepitosa derrota del grupo del doctor Lacalle en las internas de 2004, la figura de su conductor se había visto deteriorada al punto que nadie apostaba al previsible resurgimiento del ex presidente. Y a pesar de que en la interna de dicho sector las rivalidades no están ausentes, parecería que ha vuelto a ganar puntos en la masa nacionalista.
El Partido Nacional también ha dado un vuelco a la derecha; no tan notorio como su rival tradicional pero sí lo bastante claro como para haber quedado prácticamente sin sectores de izquierda, sobre todo cuando varios de sus cuadros abandonaron esa colectividad para ingresar al Frente Amplio por las dos puertas de entrada que éste ofrecía: el Espacio 609 y la Alianza Progresista, sectores que cobijaron generosamente a los disidentes blancos.
A pesar de que el discurso de los sectores que se mantienen fieles al liderazgo del doctor Larrañaga contiene aún elementos del nacionalismo clásico antiimperialista y progresista, en los hechos el ideario de Wilson Ferreira ha quedado reducido a consignas vacías.
¿Cuál es el panorama a la interna del Frente Amplio? Es común oír que la izquierda es una olla de grillos, que la colcha de retazos está a punto de descoserse, y otras frases por el estilo con las que se da la idea de que la interna frentista exhibe diferencias y enfrentamientos de mayor magnitud que los que se observan en los partidos tradicionales. Obviamente que ha habido puntos en los que el consenso fue dificultoso, y tonto sería negar que existen rivalidades entre los diferentes sectores y sus respectivos líderes.
No obstante, bueno es tener en cuenta que los grandes proyectos políticos y los aspectos más importantes del programa de gobierno del Frente Amplio han contado con la adhesión unánime de los dirigentes y legisladores de esa fuerza. Salvo en lo que tiene que ver con la despenalización del aborto, tema delicado que trasciende cuestiones ideológicas y que dividió al Frente, las leyes enviadas por el Poder Ejecutivo han sido acompañadas en bloque por los parlamentarios del oficialismo.
Queda por último el asunto de las candidaturas. Entendemos que es lógico que haya pugnas y que cada sector pretenda incidir en la elección de la fórmula que habrá de competir en octubre de 2009. Pero esa pugna debe resolverse con los medios de que dispone el Frente y sin que ello entorpezca la labor de gobierno en un año crucial como lo es el 2008.
El Frente no puede olvidar que la prensa de derecha, y sobre todo los medios televisivos, están alertas ante el menor conflicto interno para magnificarlo a su gusto y deteriorar la imagen de la izquierda.
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