Viernes, 15 de diciembre, 2000 - AÑO 9 - Nro.325
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Socialismo y renovación: ¿el retorno de Emilio Frugoni?

H. Gerardo Giúdice

La izquierda ha ido logrando cambios que la han colocado en el más alto sitial de su historia electoral y a un paso de ser gobierno nacional. Sin embargo, la renovación no siempre ha sido motivada por razones de síntesis ideológicas, sino por hechos trascendentemente negativos que actuaron como catapultas inapelables y que obligaron a un reacondicionamiento de importantes sectores para mejor pararse frente a los nuevos inconvenientes inesperados. Tal lo que ocurriera a partir de la caída del mal llamado "socialismo real".

Así, en este marco, interesante resulta observar el discurso del Partido Socialista en este último decenio. En primera instancia y comenzado un proceso de propia reconversión, toma distancia de toda posible vinculación --incluso ideológica-- con los restos del desastre comunista, y genera a partir de un lúcido sector partidario un discurso, según el cual se da continuidad histórica al partido, generando una fuerte autocrítica del pasado más inmediato y propiciando una interesante y sostenida revaloración del patrimonio más sagrado del socialismo, descaecido y negado por la dirigencia oficial durante decenios. Tal es lo que ocurre con la figura de Emilio Frugoni.

En este sentido, en LA REPUBLICA de 11.8.90, Guillermo Alvarez abría el fuego y establecía: "Había un espacio dentro de las concepciones del socialismo científico en el Uruguay que ha sido tradicionalmente nuestro y mantenemos desde 1920". LA REPUBLICA de 9.10.91 transcribe parte de un editorial de "Cuadernos Socialistas" y el actual secretario general, Manuel Laguarda, lanza un grito anticipatorio: "(Los P.C.) surgieron a comienzos de la década de los 20 como consecuencia de un error histórico: la pretensión de conducir desde un partido guía y un estado guía al movimiento revolucionario mundial. La división así consagrada enfrentó durante siete décadas a dos culturas dentro de la izquierda, la cultura socialista y la cultura comunista. Dos fueron los ejes fundamentales que dividieron las aguas: la cuestión de la democracia y la conducción del proyecto liberador desde la realidad nacional con independencia de la URSS. La historia ha mostrado la vitalidad y la permanencia de la cultura socialista".

Y en LA REPUBLICA de 20.10.90 se ratifican con vigor nuevas expresiones de Laguarda: "Esta es la gran lección que nos deja el fracaso del socialismo real y así lo habíamos formulado dos años antes --en rigor desde 1920 lo veníamos diciendo-- de la caída estrepitosa de los regímenes autoritarios del este. Siguiendo a , la democracia es política, económica y social (...)". Y allí Laguarda inspirándose en el fundador del socialismo nacional comenzaba un camino de refundación con las viejas raíces socialistas. No eran momentos fáciles. Casi simultáneamente Reinaldo Gargano, hombre fuerte de la estructura partidaria y a la sazón secretario general del partido intervenía en el Comité Central, según recoge "Alternativa Socialista" de 25.10.90: "Otra cosa que me parece importante es hacer el rescate de nuestra historia, de nuestra propia peripecia ideológica y política. Tenemos que decir absolutamente todo, y tenemos que decir si estuvimos bien o mal en combatir el social-democratismo pro imperialista de Frugoni --que existió-- (porque) manejaba las informaciones del imperio para combatirnos a nosotros". Gargano, daba lucha al pasado partidario. Quedaban rencores difíciles de olvidar.

El 2.1.63 en su nota renuncia al partido por él fundado decía Frugoni, el viejo guerrero: "(...) paso a presentar renuncia del que se pretende sea continuador del glorioso partido del que fui fundador con un puñado de inolvidables compañeros (...) A mis años y en mis condiciones de salud, ella constituye en mi vida un desgarramiento demasiado doloroso para que yo extienda en vez de abreviar vínculos con la organización partidaria de la que conservaré como reliquia mi carné de afiliado con el correspondiente Nº 1". Y el 11.1.63 refería a los conductores de su antiguo partido: "No podía prestarme a tratar con delegados de autoridades partidarias que sabíamos viciadas por un sistema de presiones internas que son las que condujeron a las desviaciones ideológicas y a las progresivas claudicaciones de la conducta directriz. En nombre del Socialismo (...) nos hemos apartado de esos dirigentes (...) que obraron como máquinas de voluntades descarriadas (...)".

Frugoni no renunció al Partido Socialista por un circunstancial desencuentro electoral. Se lo recordó entre tantos otros momentos el Comité Ejecutivo de la época. Le decían: "Hace mucho que está (Frugoni) en discrepancia con la línea política nacional e internacional (...) y toma el atajo divisionista que no es justamente el más leal y el más constructivo... (las discrepancias)... son muchas y de tal entidad que explican por sí solas este distanciamiento (que lo hacían) día a día irreversible.

Estas razones nada más, son más que suficientes para demostrar el carácter de las discrepancias de Frugoni con el partido. No son de reciente data, repetimos. Se remontan a muchos años ha. Lo de la Unión Popular no es lo más importante ni mucho menos. Estamos seguros de que la línea socialista revolucionaria recibirá el espaldarazo definitivo de la historia. El reformismo y los reformistas están definitivamente derrotados (...) Esos están de más en el Partido Socialista". Y le tratan de "enemigo del pueblo", "ex compañero", "estar al servicio de la reacción antiobrera y antipopular". Tales los conceptos del Comité Ejecutivo del PS ("Marcha" 15.2.63).

Seamos contundentes. El enfrentamiento no era coyuntural. Las Tesis del PS de 12.70 (ed. Brigada), aprobadas "(...) en el último gran evento partidario realizado en la ilegalidad en diciembre de 1970 establecían: "(...) El ascenso de la lucha de clases ha enriquecido enormemente el panorama político, nutriendo y elevando en lo esencial y en todos sus aspectos importantes las conclusiones y previsiones explicitada en ellas (...) Nuestra organización social demócrata durante muchos años bajo la conducción de Frugoni, perfila desde la década de los 50 una concepción marxista-leninista". Y aquí comienza otra historia asociada al alejamiento de Frugoni.

Reynaldo Gargano intentó mediatizar parte del pasado partidario". En LA REPUBLICA de 11.9.91 declaró: "La etapa leninista del partido tuvo una breve duración". No es así. Por lo antes dicho se comprueban más de tres decenios de diseñada. Y recordaba Gargano que "desde 1910 a 1972 el PS uruguayo tenía definiciones que excluían total y categóricamente la figura de Lenin". Bien, de ser así, del año 1910 en que se funda el partido, hasta avanzados los 50 el líder de la organización partidaria fue Emilio Frugoni. Si como parece, no ser leninista es un mérito, el mérito fue de Frugoni, quien para el ex secretario general fue un "social demócrata pro imperialista" al cual se jactaba de haber combatido.

Y abundó Gargano desde "Correo Socialista" (setiembre del 91). (...) "yo recuerdo que cuando ingresé al PS en la década de los 50 teníamos un planteo duramente crítico al proyecto imperialista de EEUU pero también al modelo soviético". Sí, fue así. Pero ingresó justo para combatir la orientación, e introducir la concepción marxista-leninista que ahora ha quedado atrás. Y de tal modo es así, que allí estaba esa vieja guardia, cuando un pronunciamiento crucial de la dirigencia en 1968 ("Izquierda", 30.8.68): "Por otra parte no se puede ser marxista en nuestra época y ser al mismo tiempo antisoviético. La URSS por el mismo hecho de existir, por su colosal potencialidad económica, política y militar, es un factor decisivo en la revolución proletaria a escala mundial". Y en la misma nota se expresa con respecto a Stalin: "A nuestro criterio los dos rasgos del stalinismo son: a) la deformación burocrática de la dictadura del proletariado y b) la consigna del "socialismo en un solo país". Ambos hechos fueron, según nuestra opinión, verdaderas necesidades en el momento en que se plantearon en el curso de la revolución bolchevique. De otra manera, ésta hubiera sufrido una derrota irredimible". Y refiriéndose a las contradicciones del burocratismo: "(...) contradicciones que sólo se pueden resolver adoptando por todos los países socialistas un derrotero auténticamente marxista-leninista, basado en el centralismo democrático (...)". Pero siendo que no es un pasado que tuvo una duración histórica muy breve, esa brevedad no eximió de errores y necesidad de seria autocrítica. Las mismas que aparecen en pronunciamientos públicos tomando a Laguarda y Alvarez como pioneros y que involucran a todo el partido respecto de la figura de Emilio Frugoni. En suplemento dominical de LA REPUBLICA de 24.9.2000, aparece una extensa y laudatoria nota de Guillermo Chifflet sobre rasgos salientes del fundador del socialismo uruguayo al que denomina "compañero excepcional" y con el que aún se está en deuda. Defiende además, hidalgamente, el papel opositor del viejo partido desvirtuando la antojadiza y maliciosa tesis del "partido picana". Chifflet deja de lado viejas desavenencias para encontrar los puntos de encuentro que siempre existieron.

Es sin dudas, valiente y generosa la actitud de Chifflet, que con su puño en alto y un gran sentido autocrítico, realista y visionario continúa transitando por la obtención del "socialismo difícil". Manuel Laguarda y los jóvenes socialistas tienen de quienes aprender y con quienes caminar.

* Analista

 


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