En 1969 corrían como un reguero de pólvora las nuevas ideas de libertad, de remoción de las viejas estructuras y no sólo del capitalismo, sino que también llegaron hasta las puertas de Praga. Hoy hay otro reguero de pólvora y es la lucha por los alimentos, contra el hambre. Las primeras revueltas fueron en México, luego vino la huella de los espaguetis por nueve meses en Italia. En pocos días las protestas contra el alza en el precio de los alimentos fueron creciendo y generalizándose en el mundo. Haití, Mauritania, Yemen, Filipinas, Egipto, Bangladesh, Indonesia, Marruecos, Guinea, Mozambique, Senegal, Camerún y Burkina Faso, fueron escenarios en algunos casos dramáticos del alzamiento de los pueblos.
"La situación es dramática. Cada cinco segundos se produce en el mundo una muerte de un menor de 10 años por hambre, y la situación va a agravarse. Hay cerca de 850 millones de seres humanos que no tienen qué comer", asegura el diario mexicano La Jornada. A nivel de las Naciones Unidas se estima que a partir de la crisis alimentaria hay 100 millones de personas hambrientas más. Cada cinco segundos se produce en el mundo una muerte de un menor de 10 años por hambre, y la situación va a agravarse. Hay cerca de 850 millones de seres humanos que no tienen qué comer. "Esto es un asesinato silencioso y en masa", ha dicho Jean Ziegler. La crisis alimentaria llega a 37 países. Hoy, el arroz cuesta en Asia tres veces más de lo que valía hace apenas tres meses. El trigo elevó su valor 130 por ciento en un año. Similar alza sufre el maíz.
Siempre según La Jornada en México el litro de aceite subió de 6,73 pesos en enero de 2006 a 36,50 en abril de 2008, mientras el pan de caja pasó de 13,21 pesos en enero de 2006 a 24 en abril de este año". En casi todo el mundo han aumentado lácteos, carnes, huevos, vegetales y frutas. Paradójicamente , durante 2007 la producción mundial de granos aumentó 4 por ciento en relación con 2006. La cosecha fue de 2.300 millones de toneladas. Este es un volumen tres veces mayor al obtenido en 1961. Sin embargo, durante ese mismo lapso la población humana se duplicó.
El problema no es la falta de alimentos, sino que los pueblos no pueden acceder a ellos por los altos precios y los bajos salarios. Mientras esto pasa, empresas monopólicas vinculadas a la industria agroalimentaria mundial, como son las fabricantes de fertilizantes. Es el caso de las compañías dedicadas a la fabricación de fertilizantes. Lo mismo pasa con las comercializadoras de granos y con las multinacionales procesadoras de alimentos. En nuestro país hay un importante aumento de los alimentos tradicionales, pero la situación no es dramática aunque puede agudizarse si continúa la sequía. También es verdad que nuestra realidad muestra que en materia de carne y lácteos los porcentajes de exportación son muy altos y apenas incide el mercado interno en la conformación de los precios.
A pesar de las dificultades el gobierno del doctor Tabaré Vázquez ha preferido el camino del diálogo y del consenso con los actores de las cadenas productivas, lo que ha permitido bajar los precios o detener el alza de los mismos. Camino que hay que profundizar, donde el sector empresarial y productivo tiene que jugar un papel dinamizador de esos acuerdos, en beneficio de la población con menor poder adquisitivo. Uruguay no puede tener empresarios y productores ricos, mientras la población come poco y mal, cuando es un país donde la producción fundamental es de alimentos con alto valor proteico y de carbohidratos. Sería una afrenta a la conciencia nacional que nuestros alimentos sean consumidos por otros pueblos, mientras que nuestra gente no puede acceder con facilidad a la comida. Si hay un esfuerzo que todo el país debe realizar es este de mantener bien alimentados a sus habitantes, particularmente a los niños y viejos.
Además desde el gobierno se debe orientar a la población sobre qué comer y cuándo comerlo, para que construya una dieta adecuada y accesible. Hay, entonces, que tensar a toda la sociedad detrás de este objetivo que se debe transformar en una causa nacional. Los sectores arrocero y cárnico han dado un buen paso en este sentido. Es de esperar que el ejemplo cunda.
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