El próximo miércoles 21, el Senado deberá continuar el tratamiento del proyecto de ley que declara de interés general la promoción de la participación equitativa de ambos sexos en los órganos de dirección partidaria, en la integración del Poder Legislativo, Juntas Departamentales y Juntas Locales electivas.
El proyecto en discusión establece que cada lista de candidatos a los órganos de gobierno mencionados deberá incluir en su integración personas de ambos sexos en cada terna de candidatos, titulares y suplentes, en el total de la lista presentada o en los primeros quince lugares de la misma. Esta disposición sólo regirá para las próximas dos elecciones nacionales y departamentales (las de 2009/10 y 2014/15).
La norma a estudio del Senado significa un primer paso trascendente hacia la concreción en hechos de la tan pregonada equidad de sexo con la que todos dicen estar de acuerdo pero muchos se niegan a promover mediante medidas concretas.
Los tiempos han cambiado desde las cavernas a nuestros días, de modo tal que a comienzos del siglo XXI las mujeres han ido ganando espacios en la sociedad que antes resultaban impensables. No obstante, siglos y milenios de predominio masculino y sojuzgamiento de la mujer han dejado su impronta en la mentalidad media de nuestras sociedades; el machismo está condenado pero, herido y todo, se bate fieramente en retirada con manotazos de ahogado y bastonazos de ciego.
El Uruguay batllista fue pionero también en cuanto a rescatar a la mujer de la condición de sumisión y dependencia en que se hallaba; el divorcio y el derecho al voto --ambos sañudamente resistidos por los sectores conservadores-- más la creación de la Universidad de Mujeres fueron conquistas de enorme relevancia que significaron un paso adelante en la emancipación de la mujer. No obstante, ese espíritu progresista, ese impulso de avanzada del primer batllismo, fue poco a poco quedando en una suerte de letargo de modo tal que a comienzos del siglo XXI el Uruguay se ubica en un deshonroso 91º lugar entre 135 países en lo que tiene que ver con la presencia femenina en órganos de gobierno.
Bien cierto es que las mujeres uruguayas han ganado espacios. Las uruguayas no son mayoría solamente en la docencia sino que al día de hoy en casi todas las profesiones universitarias hay predominio del sexo femenino, así como entre los magistrados del Poder Judicial, sin contar con oficios que otrora eran concebidos sólo para hombres y que hoy ven incorporarse cada vez más mujeres; pensemos en áreas como la construcción, la fuerza policial, las Fuerzas Armadas, el transporte. No en vano nuestra sociedad está compuesta en un 52 por ciento por mujeres.
Pero hay ciertos ámbitos en los cuales esa realidad social no se refleja. Los más altos cargos de dirección empresarial parecen reservados a los hombres, así como las directivas de organizaciones sociales cuentan con muy pocas mujeres. Pero donde más chocante resulta esta contradicción es en los órganos de gobierno, concretamente en el Poder Legislativo, donde sólo el 11,1 por ciento de sus integrantes son mujeres; bien lejos estamos de países como Ruanda con 49 por ciento de mujeres en el Parlamento, o Cuba, con 47 por ciento.
Quienes se oponen al proyecto de ley que obliga a una mayor presencia femenina en los cargos electivos sostienen que la cuotificación debilita la posibilidad de que los candidatos sean los más aptos para los cargos a que se postulan. Sin embargo, vemos que muchos parlamentarios --titulares y suplentes-- no se destacan precisamente por su idoneidad, su solvencia o sus aptitudes.
Si la ley resulta aprobada, se asegurará una representación femenina de un treinta por ciento, bien por debajo de la composición de la sociedad. Será un paso para romper definitivamente el machismo cavernario que aún perdura.
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