Por Gabriel Monteagudo - Periodista
Este Estado no me considera un ciudadano igual al resto de los uruguayos.
Quiero ver la televisión uruguaya y no quiero pagar por ello, porque por ello no pagan tampoco los ciudadanos de Montevideo y sus alrededores. Y yo -disculpen que ponga al burro primero- así como todos quienes vivimos por aquí, somos tan iguales como cualquier ciudadano de Montevideo. Iguales a ellos, que encienden su TV y con una mínima antena, pueden ver los canales abiertos de la televisión uruguaya.
En una vasta zona de Colonia habemos miles de ciudadanos que nos sentimos desposeídos de nuestro inalienable derecho a recibir información uruguaya. Ocurre lo mismo en cientos de puntos fronterizos a lo largo del perímetro del país. Aquí no llegan las señales de la TV montevideana, y el Estado que debería cuidar este derecho fundamental, no atiende el reclamo de potenciar la repetidora del Sodre en Colonia para que la señal que repite el estatal Canal 5 llegue por aire a todo el departamento.
Hace ya casi un año, cientos de carmelitanos firmamos una nota que fue elevada a la Ursec señalando que la fuerte interferencia de una radio argentina, FM El Soldado, tapaba la señal de la repetidora oficial.
Nunca se nos dio una respuesta.
La versión oficiosa dice que no hay dinero para invertir en mejorar la repetidora Canal 6, ubicada en Colonia capital.
Hay una alternativa. El Estado debería obligar a los cableoperadores del interior dónde el canal 5 no llega por aire, a emitir en forma libre esta señal a través de sus sistemas MMDS, sistema que la mayoría de los cables del interior tienen como complemento para la zona rural.
Los cableoperadores incluyen en sus paquetes y cobran también por ello, la señal del Estado que debería llegar gratuitamente a todos. En el caso de los uruguayos que no vemos por aire el canal oficial, deberíamos poder acceder a esta señal tomándola gratuitamente de las emisiones de MMDS de los cableoperadores locales. Y ellos debieran emitirla sin codificar.
Igualdad para todos.
El otro punto tiene que ver con mi inalienable derecho a estar informado, a acceder a la cultura que me identifica como natural de este país macrocefálico, y mi irrenunciable derecho a la igualdad frente a mis compatriotas.
¿Porqué mi tía en Montevideo puede sacar dos agujas de tejer por la ventana de su apartamento para sintonizar sin dificultad, y gratis, los cuatro canales uruguayos, y yo no?
¿Son de una categoría superior los uruguayos que viven en Montevideo?
No, no lo son. Entonces también deberíamos poder acceder a ver televisión abierta del Uruguay - tal vez mala, tal vez repetidora de programas argentinos y novelas brasileras, pero absolutamente nuestra- de la misma forma que puede verla un montevideano.
Hablo de la TV abierta que me permite ver a Sonia Breccia, a Cacho Bochinche, a Omar Gutiérrez o Jorge Traverso, para citar al voleo algún personaje de cada canal.
Hoy, por obra y gracia de la tecnología no hay excusas, y debería ser obligatorio, repito, obligatorio, que todos los cableoperadores del país emitieran gratuitamente, reitero, gratuitamente y en forma libre a través de sus sistemas de MMDS los canales que en Montevideo, uruguayos privilegiados pueden obtener libremente. Como una forma de devolver en parte la escandalosa adjudicación a la que accedieron, y además como forma de amplificar nuestra soberanía hacia las fronteras.
Y el que quiera rococó y frufrú que pague lo que tenga que pagar.
Pero el que no quiere o no puede pagar el paquete de cable, pero aspira a poder mirar un programa uruguayo en cualquiera de los canales de TV abierta, debería tener la misma oportunidad que los capitalinos de Montevideo, para no sentirse desposeído de derechos, olvidado por el Estado como ciudadano, y considerado como un ser humano de segunda categoría que tiene que pagar alguna culpa adicional, por vivir en el interior del país.
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