Hoy hay más de 855 millones de hambrientos en el mundo. Esta cifra aumentará considerablemente, teniendo en cuenta las crisis alimentarias y energéticas. Sin embargo, como dijo José Galindo Gómez, doctor de la Universidad de Granada y profesor titular en la de Málaga, se puede demostrar teóricamente que, incluso, el doble de la población actual del planeta podría ser mantenida con sólo repartir equitativamente la riqueza, reducir el consumo de carne al mínimo y aplicar las técnicas más modernas en todos los cultivos.
La cuestión no consiste únicamente en la calidad y equidad de la distribución, sino también en la magnitud creciente de la población, también estimulada por las carencias en el Tercer Mundo. Las estadísticas reflejan que cuando ancestros humanos iniciaron el cultivo de alimentos habría en el planeta unos cinco millones de habitantes, los que ascendieron a unos 500 millones en el año 1500, a mil millones en el 1800, a seis mil millones en el 2000 y a cerca de seis mil 680 millones en el presente.
En 208 años se ha elevado 5,68 veces, contra los existentes en todo el crecimiento humano anterior. Las grandes desigualdades entre el campo y la ciudad provocan la explosión de megápolis, donde tampoco se solucionan las disparidades. Se concentran conflictos sociales como la violencia, la drogadicción, el robo y, en fin, la batalla cotidiana por la sobrevivencia.
La población mundial alcanza una esperanza de vida media en torno a los 65,4 años, pero las diferencias entre países pueden ser enormes. Mientras que en Japón supera los 80 años, en la República Centroafricana apenas alcanza los 44,9. Datos citados por Galindo Gómez revelan que entre Japón y Sierra Leona hay una diferencia de más de 42 años.
El físico italiano Cesare Marchetti estima, por su parte, que la capacidad poblacional del planeta podría ser de "un billón de personas alimentadas exclusivamente con comida sintética y usando principalmente energía nuclear". Por el contrario, existe la certeza también de que un sistema de vida como el de Estados Unidos, en todo el mundo, es insostenible.
Galindo expone que "si al ritmo frenético de consumo y contaminación de ese país, le sumamos el del resto de los países ricos (Europa, Japón, Canadá...) las consecuencias medioambientales son desastrosas. En ese camino podemos encontrar el fin de la Humanidad, o de la vida en la Tierra".
Con el seis por ciento de la población mundial, Estados Unidos produce el 21 por ciento de los bienes y servicios. Pero consume el 25 por ciento de la energía no renovable total, gasta el 33 por ciento del papel mundial y genera el 25 por ciento de la basura planetaria.
Cada habitante de China consume algo más de la mitad de la energía media gastada por habitante en el mundo, mientras que cada estadounidense la utiliza más de ocho veces por encima del promedio mundial.
La disparidad en el mundo es tal, que el 20 por ciento de la población, residente en los países ricos del Norte, consume el 80 por ciento de la totalidad de los recursos del planeta, mientras que en el Sur sucede a la inversa.
Según la FAO, muere por hambre una persona cada 3,6 segundos y, de ellas, el 75 por ciento son niños. Para el futuro, según previsiones, la cifra puede ser mayor. Esto depende de la medida en que se distribuya su magro pan de cada día.
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