Uno de los problemas de la construcción de ciudadanía inteligente, o sea del componente principal de capital humano con el cual cuenta un país, es la calidad de la discusión pública de la política.
Esencialmente ella se hace en el debate democrático y necesita además de la calidad de sus temas, un gobierno atento al juego democrático y, sobre todo, una oposición inteligente.
El debate político se ha llenado de economía y, en tanto, su comunicación es más difícil para la comprensión ciudadana.
Algo de esto está sucediendo con la discusión pública de la política económica y de la fiscal en particular.
La oposición ha creído que, nuevamente, la izquierda, ahora en el gobierno, es muy vulnerable a la hora de discutir políticas e instrumentos tributarios.
De alguna manera, el principio de aplicación del nuevo sistema tributario y la posterior ofensiva sobre la presunta inconstitucionalidad del impuesto a la renta personal de las pasividades pareció darle nuevamente la razón a ese pensamiento relativamente simple, o mecánico, de la oposición.
En tanto, las respuestas que el gobierno daría a ese acorralamiento virtual en el cual pareció irse introduciendo y a su conducción económica en los últimos meses de 2007 y principios de éste, debía constituirse en una señal importante, en un indicador de ponderación fuerte, en la prospectiva de la política y, también, de los mercados.
La decisión de anunciar las variantes tributarias un día antes de la interpelación de ayer es algo más que un tributo atento a una interpelación.
Fue también una decisión fundada en la intención de comunicar una salida ofensiva a ese aparente brete en el cual se había situado al gobierno.
Con calma habrá que estudiar esa salida como se está estudiando el diseño a la salida comprehensiva a la crisis de 2002 en consideración a la delicadeza de los problemas de entonces y los que están en juego ahora.
En esta oportunidad, la operación del gobierno, que ha comprendido la instancia de comunicación pública de ayer, no sólo ha despejado las sospechas de inconstitucionalidad, no sólo ha avanzado en aquella dinámica de cambio anunciado en el mensaje que acompaño el proyecto base de la Ley 18.083, sino que es, en sí, una salida inteligente en ese vínculo de comunicación delicada con la sociedad. Incluyendo un mensaje fuerte a la oposición.
Esta puede tomarlo como una invitación a un debate constructivo y didáctico, o como una advertencia sobre la nueva fortaleza argumental en temas delicados de una izquierda que ahora ha hecho su experiencia de gobierno.
Así fue comunicada por el presidente de la República y explicada en esa dirección por los ministros.
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