Cada cinco segundos, las tropas de ocupación estadounidenses en Iraq gastan unos cinco mil dólares, flujo financiero que adquiere la etiqueta de insólito, en medio de la crisis de la economía norteamericana.
Ese estimado, realizado por el diario The New York Times, está en sintonía con los cálculos divulgados en febrero por el premio Nobel de economía, Joseph Stiglitz, quien consideró el costo total de esa guerra en tres millones de millones de dólares. Ese dinero sería suficiente para resolver los problemas sociales de Estados Unidos por medio siglo, sin embargo Washington apuesta por la muerte.
Nicholas Kristof, columnista ganador de dos premios Pulitzer, consideró que las mermas económicas, las pérdidas de viviendas, empleos y seguros médicos, al igual que la crisis de los bancos, están potenciadas por la injusta guerra en el país árabe. Kristof advirtió que los 12 mil millones de dólares mensuales gastados en Iraq tendrían mejor uso si los dedicaran a disminuir la mortalidad materna en el mundo o la malaria en Africa.
En setiembre de 2007, el Senado estadounidense aprobó un incremento de ochocientos cincuenta mil millones de dólares al costo permitido de la deuda federal, a lo que se sumó una ley de nueve mil millones más para continuar el conflicto bélico.
Seis meses después, en febrero de este año, la Casa Blanca recibió autorización sobre un presupuesto fiscal para 2009, con el mismo fin, por un monto de setenta mil millones de dólares.
El Center for Responsive Politics de Washington publicó una investigación sobre la declaración de bienes de los miembros del Congreso, con cifras disponibles hasta 2006. El reporte reveló que 151, casi un 30 por ciento del total de senadores y representantes, tienen acciones en empresas del Complejo Militar Industrial o en otras relacionadas con la industria bélica.
En conjunto, las compañías en las que invirtieron los legisladores obtuvieron contratos del gobierno ese año por más de 275 mil millones 600 mil dólares, equivalente, a casi 755 millones diarios. Un informe del Instituto de Estudios Políticos y "Foreign Policy in Focus", señala que la intervención norteamericana es el esfuerzo militar más caro de los últimos 60 años, y no tendrá un final feliz para la potencia invasora.
El estudio precisa que con el dinero gastado en la guerra hasta el año 2005, el país hubiera construido viviendas para más de dos millones de personas, lo que quizás habría evitado la caída escandalosa del sector inmobiliario en junio de 2007. Mientras la Casa Blanca gasta en Iraq cada día 411 millones de dólares, el país es asolado por la mayor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial.
Desequilibrios de los mercados, deudas, caída del dólar e indetenibles alzas del precio del petróleo y otras materias primas básicas, son también consecuencia de esta agresión.
El derrumbe del sector inmobiliario, que conllevó a una crisis financiera de dimensiones globales, es uno de los más grandes impactos que recibe hoy la principal economía mundial y todos los mercados del planeta que de alguna manera dependen de ella. Los cañones golpean la economía del imperio.
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