El embajador argentino en Uruguay, Hernán Patiño Mayer, pidió ayer a los asambleístas entrerrianos que levanten el bloqueo sobre el puente fronterizo General San Martín, porque "daña la hermandad de los pueblos".
El diplomático, un viejo amigo de Uruguay, mencionó que los activistas deben abandonar la modalidad de bloqueo sobre la ruta porque es una "metodología que ya está agotada. Botnia se muere de risa, sigue produciendo", dijo.
Según Patiño Mayer los asambleístas deberían confiar en las gestiones que realiza el gobierno argentino ante la Corte Internacional de Justicia en La Haya, como la mejor forma de dirimir el conflicto.
Estamos ante declaraciones que pueden parecer contradictorias, pero absolutamente oportunas y positivas, en tanto apuntan a restablecer la racionalidad y el entendimiento entre los dos pueblos.
Lo cierto es que no sólo "Botnia se muere de risa" porque sigue produciendo, sino que se muere de risa porque sigue produciendo sin contaminar, que es lo más importante.
Piqueteros, ambientalistas o activistas, como se les quiera llamar, perdieron la batalla y no porque no hayan tenido la suficiente voluntad para alcanzar su victoria, sino porque su causa no tenía ningún apego con la realidad y con la ciencia, mucho menos con la experiencia mundial en materia de pasteras.
Durante todos estos años en que bloquearon a Uruguay, perjudicando a sus trabajadores que viven del turismo, no pudieron convencer y por eso tuvieron que retroceder. En ese retroceso sólo dejaron a una buena señora que quedó ella sola cortando el puente. Triste y dramático espectáculo, por cierto.
En cambio, algunos de sus dirigentes, especialistas en generar movilizaciones, son los mismos que ahora participan de las demostraciones del agro contra la presidenta Cristina Fernández, al grado que han llevado a la Argentina a una fuerte división de su sociedad y no para defender intereses populares.
Desde el comienzo la lucha contra la instalación de Botnia en nuestro país, fue una causa injusta, irracional y enfermiza. A pesar de ello el gobierno de Néstor Kirchner alentó estas movilizaciones, las mimó y las cuidó. Ahora tiene que soportar que algunos de sus dirigentes estén estrechamente ligados a un movimiento agrario, que muy poco o nada tiene de progresista.
A pesar de que la actual realidad le está dando la razón a los uruguayos, desde este lado del Río Uruguay tenemos que seguir bregando por la hermandad y el entendimiento, para que nunca más haya un falso enfrentamiento entre los dos países y pueblos.
La idea central deber seguir siendo que con el pueblo argentino hay que construir espacios comunes, tanto económicos como culturales, para permitir el desarrollo conjunto de quienes vivimos en ambas márgenes de un río que viaja como un cielo azul.
Por todo esto esperamos que los buenos gestos del embajador Patiño Mayer lleguen no sólo a los oídos de los entrerrianos, sino también a sus corazones. Pero no sólo a ellos: también a nuestros compatriotas que se dejaron arrastrar por la histeria ambientalista, que tenía mucho más de histeria que de ambientalista.
Si se termina con los cortes, se puede abrir un amplio espacio para políticas pujantes de integración regional. Pero para ello ambos gobiernos, tanto el argentino como el uruguayo, tienen que dar pasos sólidos y enérgicos en ese sentido, cuando la oportunidad se presente.
Estamos aproximándonos a la hora de que se abran puentes para siempre, de construir nuevas vías de comunicación y de relacionamiento. Es un lindo momento para aprender de los errores, aventando fanatismos, con las mira en la construcción de un futuro común, sereno, en paz, de diálogo, fraterno.
Todo por aquello de que sean unidos los hermanos, porque esa es la ley primera. Porque de otra forma nos devoran los de afuera.
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