Por Mario De Souza - Analista
Los veinte años de LA REPUBLICA son también los veinte años de la 5ª República, si contamos todas las constituciones que se armaron y desarmaron durante el siglo XX . Son cinco los diarios, dignos de la memoria por haber superado por lo menos el mes de vida en aquellos tiempos tumultuosos.
Solo el tesón de los hermanos Fasano podía reemprender tras cada clausura un nuevo intento periodístico. Un país encapuchado por diarios de familia, a los que se llamaba pomposamente, "prensa grande".
Pasquines mantenidos por el generoso Estado, gerenciado por los amigos, y por las grandes multinacionales que venían destruyendo sistemáticamente al empresariado nacional. Hoy queda uno, el llamado caganchero o "sedicente", por una irresponsable columna donde, como vieja de plaza, comienza con ¿se dice? que ha sido usado para comenzar todas las campañas infamantes, hasta corridas bancarias, en nueve décadas de infame vida. Pero otros pasquines de familia fueron muriendo, tal vez en la medida de que ya habían arruinado tanto el poder adquisitivo de las víctimas de sus políticas que se volvieron inviables. Entre ellos estaban, El Diario y La Mañana, de los Manini Ríos, El Plata, de los Ramirez, que era la versión vespertina de El País. El Día fundado por Batlle y regenteado por sus hijos hasta el cierre, Acción, fundado por Luis Batlle y fundido por su hijo.
De diarios de familia, nos olvidamos de uno. Tal vez el único que fuera un ejemplar de sacrificio militante, EL Debate, de Luis A. de Herrera, mantenido por el esfuerzo personal del caudillo y sus allegados, pero que no fuera un típico pasquín de familia, nunca ingresó en la rosca de "la prensa grande", esa que se benefició durante toda la Guerra, y aún después, por las mesadas del Departamento de Estado, ni grandes cuentas de agentes internacionales.
Luego, por ahí andaban los intentos periodísticos de los pequeños partidos de la izquierda montevideana. El mejor intento, el semanario Marcha, comenzó a hacer punta a fines de la década del treinta. En sus páginas escribía lo mas brillante de la "intelligentzia", expresión de un país de clase media, que diera el siglo que pasó.
Los números redondos dan lugar a que la memoria reflexione. Así pues los cincuenta años del comienzo del fin para la gran mentira, el "Uruguay batllista", la victoria herrero-nardonista de 1958.
Y en solitario, en medio de la guerra contra el pueblo que comenzaba, un solo periodista y empresario, veía premiados sus esfuerzos con tirajes nunca vistos en el país. Expuesto al público el fraude de la llamada "prensa grande", pasquines de familia, sustentados por la plutocracia, huérfanos de pueblo. Hasta sus "mecenas" se cuestionaban sus propios criterios comerciales, al quedar al descubierto los tirajes que se podrían alcanzar de sintonizar con las inquietudes populares. Por eso apuraban al pachecato, para que les sacara del medio tan molesto competidor, testigo vivo del fraude empresarial, al que había que cerrar en defensa de su propio negocio.
Y bienvenidos los veinte años de LA REPUBLICA, para cerrar en el país el ciclo infernal de cincuenta años de felonías, de institucionalización del crimen organizado en el país.
"Veinte años no son nada", en la larga lucha de los despojados y desterrados de su tierra, que "errantes en la sombra te buscan y te nombran": patria.
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