En 1995 Eleuterio Fernández Huidobro con un grabador por un lado, y González Sierra y Charlo por otro con un equipo de filmación, tuvieron la sabiduría y se tomaron los tiempos y trabajos necesarios para desarrollar un agudo diálogo, un extenso reportaje al militante obrero y frenteamplista Héctor Pío Rodríguez Da Silva.
El libro publicado por TAE y la entrevista filmada constituyen una suerte de testamento sindical, político y ético de extraordinario valor.
Más de medio siglo de la vida del Uruguay evocados y pensados por una cabeza lúcida que miró siempre la realidad desde el punto de vista de los trabajadores. O, mejor dicho, desde el punto de vista de la lucha por la emancipación de los trabajadores.
Héctor ha sido una de las personalidades más luminosas del movimiento popular uruguayo.
Sindicalista desde los años treinta, cuando ingresa en la industria textil, en la fábrica de medias Slowak, gestor de la CNT y luego del Frente Amplio, Héctor fue un luchador y un intelectual de primera línea.
Estudioso del marxismo, fue un impulsor constante del estudio de la realidad nacional y de la búsqueda de un punto de vista propio de los trabajadores frente a los problemas del país, y en particular de la industria.
Recio y peleador para enfrentar a las patronales y a los malos gobiernos, Héctor sabía dialogar y encontrar puntos de encuentro con todas las tendencias sindicales y políticas que actuaban en el movimiento obrero de los años 50 y 60.
Y por esa capacidad de diálogo, por esa actitud de respeto a todas las orientaciones, sin abdicar del punto de vista propio, Héctor fue uno de los grandes constructores del movimiento popular y progresista en el país.
Formaba parte del Secretariado de la CNT en el momento más duro del enfrentamiento con el gobierno despótico de Pacheco, cuando, pasándole por encima a todo el orden constitucional del país, se intentó terminar con una huelga de bancarios privados colocando bajo la jurisdicción penal militar a alrededor de trece mil empleados de la actividad privada.
Setenta y tres días de huelga bajo una tremenda tensión. Entre todas las actitudes solidarias, sobresalía la de Héctor que se reunía, a diario, con los que dirigían la huelga para dar su apoyo y sugerir caminos.
Así había sido siempre su militancia: fraterna, solidaria, de apoyo a la rebeldía de la gente.
Con una gran aptitud para la observación y la reflexión, con una cultura que los años fueron haciendo cada vez más profunda y más amplia, Héctor es no el único pero sí uno de los pocos intelectuales que, al mismo tiempo, han sido durante un largo período de su vida trabajadores manuales, obreros en una fábrica.
A partir de esta circunstancia de su vida, que potenció con su militancia en el movimiento obrero, Héctor pudo desarrollar una mirada inteligente sobre las condiciones materiales de la producción en la industria textil, examinando máquinas, plantas y tecnologías, condiciones de trabajo, relaciones con los mercados y comerciales.
Conocer el país real, estudiar las posibilidades del desarrollo del Uruguay productivo, sin abandonar el punto de vista obrero, sin dejar de mirar la realidad desde el ángulo de los intereses de los explotados fueron parte de su contribución al desarrollo de la izquierda nacional.
Combinar la idea de un programa nacional y popular con las concepciones clasistas en las que se había formado su pensamiento y se desarrollaba su militancia, fue un elemento central en su manera de encarar la militancia frenteamplista.
Sobre esta hermosa y titánica personalidad, se ha elaborado ahora un filme documental que se exhibirá la semana próxima en el Salón Azul de la Intendencia Municipal de Montevideo.
Inspirado en el libro de Eleuterio Fernández y con la base de imágenes de la entrevista filmada en 1995, es un aporte de singular interés sobre la historia reciente de nuestro país.
Más que un homenaje, por cierto bien merecido, la obra es la oportunidad de seguir aprendiendo con Héctor Rodríguez.
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