Por Juan Gómez Secretario general de la Federación Ancap
¡Qué orgullo de pertenencia a la clase obrera uruguaya nos abraza cuando salimos del país! Qué hermosa sensación de saber que tuvimos compañeros como Gerardo Cuesta y León Duarte, luchadores, constructores y sembradores como miles de trabajadores, de esa semilla de unidad que hoy a muy pocos se les ocurre cuestionar.
Unidad que nos permitió y nos permite luchar en los tres frentes (político, programático y reivindicativo) sin renunciar a ninguno y menos a nuestra independencia de clase. Esa misma independencia que nos hizo protagonistas de primera línea con la huelga general para enfrentar al golpe de Estado gestado por civiles y militares en junio de 1973 y que tuvo la complicidad del imperialismo norteamericano.
Hoy más que nunca es necesario seguir refrescando la memoria, continuar construyendo colectivamente esa historia que nos pertenece a todos. Una de las grandes expresiones de esta lucha hoy es la recolección de firmas para anular la ley de impunidad para que nunca más ocurra el terrorismo de Estado.
Miles y miles de trabajadores enfrentaron al "rabanito" Bordaberry y a los militares golpistas, que intentaron "persuadir" por todos los métodos para que abandonaran la lucha. La respuesta de los trabajadores no se hizo esperar, la noche del golpe, con la ocupación de los lugares de trabajo. Ante los desalojos, nuevas ocupaciones, ante la militarización de Ancap, el barrio de La Teja contra los alambrados solidarizándose.
Hoy queremos recordar y valorar en su justa dimensión uno de esos hechos que marcaron la historia, exactamente hace 35 años. Iban ya seis días de la huelga general, respuesta política de la clase obrera que no debemos cansarnos de destacar, iban seis días de lucha, no por la Rendición de Cuentas, ni por las seis horas, ni por la defensa de las Empresa Públicas. Donde la represión crecía día a día y con la conciencia de que no se estaba jugando, de que la cosa era en serio, con los antecedentes "sobre el lomo" de las medidas prontas de seguridad del pachecato.
El ministro del Interior, coronel Bolentini, vocero de los dictadores, en un día como hoy hace 35 años realizaba una conferencia de prensa. Necesitaba convencer a los trabajadores para que abandonaran la lucha, argumentaba que ya no había resistencia, y que la demostración más evidente de ello era que la llama de la antorcha de la refinería estaba encendida. Que ello significaba que los trabajadores de Ancap habían retornado a sus tareas y que por lo tanto no tenía sentido continuar con las medidas.
En realidad durante esos días, la llama había estado prendida porque hasta ese momento la CNT no había decidido el momento de dejar de producir, de refinar el petróleo. La conferencia de prensa fue a las 20.30 horas y minutos después ocurrió lo que sorprendió a los enemigos del pueblo, pero que asombró a mucha gente por lo que parecía algo fríamente calculado. Inmediatamente a las palabras de Bolentini mostrando la antorcha encendida, dos compañeros habían de generar un cortocircuito en el transformador de UTE que paralizó la producción de la refinería, y por ende, se concretó que la llama de la antorcha se apagó.
Tal "jugada" peligrosa no tenía más motivación que demostrar la falsedad de las afirmaciones del coronel, y al mismo tiempo ser un estímulo más para mantener en todos sus términos la huelga y en donde hubiera condiciones la ocupación. Como dijo hace poco tiempo uno de esos heroicos compañeros, la medida se adoptó "por un profundo convencimiento de que el movimiento sindical tenía que oponerse y resistir a la dictadura y reconquistar sus derechos y las libertades (...).
Sin lugar a dudas, tal acción fue un símbolo de resistencia que contribuyó en esos 15 días de huelga general que estremecieron al Uruguay.
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