En la campaña electoral de 1971, cuando el Frente Amplio tuvo su bautismo de fuego, las consignas surgidas del programa elaborado entre todos los grupos y partidos que conformaron la nueva fuerza política referían a la reforma agraria, a la nacionalización de la banca, al no pago de la deuda externa, a la ruptura con el FMI y, por supuesto, a reclamar la plena vigencia de las libertades y garantías individuales pisoteadas por el gobierno de Pacheco Areco. Altri tempi. La revolución estaba a la vuelta de la esquina, y el derrumbe del capitalismo era cuestión de horas.
De entonces a hoy han transcurrido más de treinta años. Mucha agua pasó bajo los puentes y muchas cosas cambiaron en el mundo, a tal punto que el mundo es otro. La revolución ya no está más a la vuelta de la esquina, y lo que se derrumbó, en menos que canta un gallo, fue el bloque soviético, emblema del socialismo real.
Inevitablemente, el programa de la izquierda hubo de adecuarse a los nuevos tiempos. De aquellas propuestas programáticas devenidas consignas, ninguna ha quedado en pie. La última de ellas se cumplió después de 12 años de horror y terrorismo de Estado, pero las otras fueron prolijamente borradas del programa.
Ya a comienzos de los noventa se hicieron oír voces de alarma por el aggiornamento del programa frentista, que no dudaron en condenar severamente a los sectores 'light', moderados, prudentes, realistas, y otros adjetivos de fuerte signo peyorativo en el discurso tradicional de la izquierda.
En cierto modo era explicable. ¿Cómo no sentir una enorme frustración si la militancia estaba imbuida de expresiones como "la imaginación al poder", o "seamos realistas: pidamos lo imposible"? ¿Cómo no indignarse al ver que la izquierda uruguaya ya no exhortaba a desalambrar? La intransigencia tiene, en política, un fuerte componente ético y se opone al posibilismo timorato y al pragmatismo sin moral, y resulta por ello irresistiblemente seductora.
Ahora bien, dicho esto, ¿corresponde mantener esa intransigencia y seguir embistiendo contra la realidad? ¿Vamos a volver al "todo o nada", a prepararnos para la revolución apostando a la "politique du pire" (cuanto peor estemos, mejor)? ¿Vamos a mantener los paradigmas revolucionarios de hace cuarenta años aferrándonos a prototipos que han devenido estereotipos y que no tienen nada que ver con el socialismo?
Con motivo del XX aniversario de LA REPUBLICA, se planteó la necesidad de buscar alternativas al capitalismo salvaje y al modelo instaurado por los soviéticos del mal llamado socialismo real. En ese sentido, resultan muy saludables los foros y ágoras de discusión convocados por LA REPUBLICA en busca de nuevos paradigmas. Pero mientras no los encontremos, mientras no logremos construir el nuevo Hombre Nuevo, miremos al hombre con minúscula, al prójimo que está ahí, que sufre, padece y trata de vivir más allá de consignas o cuestiones ideológicas.
Entonces, no desperdiciemos esta magnífica oportunidad que nos ha dado el electorado uruguayo de empezar a cambiar, a modificar ciertas pequeñas cosas, a mejorar las condiciones de vida de los uruguayos. Dentro de la lógica capitalista, el gobierno ha podido llevar adelante reformas sustanciales. ¿En aras de la fidelidad a los principios vamos a echar por la borda la posibilidad de seguir por este camino?
Es preciso asegurar de cualquier forma el triunfo de la izquierda en las próximas elecciones. Es imperioso empezar a trabajar en ello pues se necesita más tiempo para plasmar otras reformas y profundizar las que ya están en marcha. Una derrota de la izquierda sería un retroceso trágico.
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