Por Niko Schvarz Periodista
El centenario del nacimiento de Salvador Allende se celebró en el mundo entero, como corresponde a quien con su vida y con su muerte se ha elevado a la categoría de héroe de nuestra América.
Manos amigos me hicieron llegar información del homenaje a Allende realizado el 26 de junio en la Asamblea Nacional francesa por iniciativa de los partidos socialista y comunista de Chile y con participación de parlamentarios, dirigentes del PS francés como Henri Emmanuelli, del presidente del Consejo Regional de Ile-de-France, Jean-Paul Huchon y de representantes del PS chileno en Francia, entre ellos el ex ministro de Allende, Danilo Aravena. Allí pronunció un discurso de gran riqueza conceptual el responsable de relaciones internacionales del PC francés, Jacques Fath. Lo destaco porque, unido a una valoración de la trayectoria de Allende, contiene una apreciación certera de los cambios en América Latina que no es frecuente encontrar entre los europeos. Dijo en uno de los párrafos más destacables: "La experiencia de Allende es la de una revolución democrática, y esa necesidad de una revolución democrática sobre la base de la unidad de las fuerzas de izquierda la sentimos profundamente hoy en Francia. Y no sólo en Francia. Su concepción de la acción política y de la transformación social reviste gran actualidad en nuestras reflexiones sobre el proyecto político de la izquierda y también, de modo muy concreto, en la acción de los gobiernos progresistas de América Latina. Esas experiencias están cambiando la correlación de fuerzas políticas en esta región y en el mundo, y nos muestran que hay alternativas para enfrentar al sistema capitalista y sus modos de gestión. Necesitamos hacer crecer esta esperanza en Francia y en Europa".
En resumen: "Treinta y cinco años después del golpe de Estado que puso fin a esa revolución democrática que fue el gobierno popular, comprobamos el avance de las fuerzas progresistas en toda América Latina. Los gobiernos electos en la última década están reviviendo los proyectos de independencia, de democracia, de progreso social y de unidad que fueron los de Salvador Allende (...) Para Allende, la democracia y el socialismo eran inseparables. La democracia a la vez como medio y como objetivo final. Sobrepasar el orden existente sin recurrir a la violencia y avanzando, con la voluntad del pueblo, en la medida en que el nivel de movilización y de conciencia lo permitía" y comprendiendo que "la posibilidad para el pueblo de triunfar reside en la unidad".
Recuerda también que el Che le regaló a Allende un ejemplar de "La guerra de guerrillas" con esta dedicatoria: "A Allende, que por otros medios trata de alcanzar el mismo objetivo".
Leyendo estos conceptos recordaba yo el primer mensaje de Allende al Congreso Pleno en el cual, después de aludir a la experiencia de la revolución rusa, señalaba: "Chile se encuentra ante la necesidad de iniciar una manera nueva de construir la sociedad socialista: la vía revolucionaria nuestra, la vía pluralista, anticipada por los clásicos del marxismo, pero jamás antes concretada. Chile es hoy la primera nación de la tierra llamada a conformar el segundo modelo de transición a la sociedad socialista. Aquí estoy para incitarles a la hazaña de reconstituir la nación chilena tal como la soñamos. Un Chile en que todos los niños empiecen su vida en igualdad de condiciones, por la atención médica que reciben, por la educación que se les suministra, por lo que comen. Un Chile en que la capacidad creadora de cada hombre y de cada mujer encuentre cómo florecer, no en contra de los demás, sino a favor de una vida mejor para todos".
Y más adelante: "Pisamos un camino nuevo; marchamos sin guía por un terreno desconocido; además teniendo como brújula nuestra fidelidad al humanismo de todas las épocas particularmente al humanismo marxista- y teniendo como norte el proyecto de la sociedad que deseamos, inspirada en los anhelos más hondamente enraizados en el pueblo chileno".
Como conclusión: "Nuestra tarea es definir y poner en práctica, como la vía chilena al socialismo, un modelo nuevo de Estado, de economía y de sociedad, centrado en el hombre, sus necesidades y sus aspiraciones. Para eso es preciso el coraje de los que osaron repensar el mundo como un proyecto al servicio del hombre. No existen experiencias anteriores que podamos usar como modelo; tenemos que desarrollar la teoría y la práctica de nuevas formas de organización social, política y económica, tanto para la ruptura con el subdesarrollo como para la creación socialista". Ésta es una parcela insoslayable de su legado.
Comentarios (beta!)