La ex candidata presidencial colombiana Ingrid Betancourt, los tres prisioneros de guerra estadounidenses y once efectivos militares, quedaron en libertad tras un operativo armado incruento del gobierno del presidente Alvaro Uribe. Nuestra América Latina y el mundo está feliz por el fin de uno de los tantos dramas que sacuden a los colombianos. Sin embargo, esto no significa un aval a la cuestionada política uribista de "seguridad democrática" que recibe millones de dólares de la Casa Blanca para el Plan Colombia ideado en Washington, y que ha dejado por su lógica guerrerista flagrantes violaciones a los derechos humanos que le imputan opositores y organizaciones no gubernamentales.
El éxito alcanzado por las fuerzas oficiales no descalifica la necesidad del acuerdo humanitario, que puede ser un paso importante en la búsqueda de una salida política negociada del prolongado conflicto interno colombiano. En ese sentido debe continuar la presión internacional para alcanzar la paz democrática, con justicia social y soberanía para todos los colombianos. Todo indica, que la guerrilla entrará en una nueva etapa y que, inevitablemente, la negociación será imprescindible, para así insertarse en la sociedad y luchar por los gobiernos progresistas que, inexorablemente, continuarán avanzando en la región con el voto de los pueblos. Con la muerte de Marulanda, se inició en la guerrilla un cambio generacional que estará encabezado por Alfonso Cano, el jefe rebelde con mayor formación académica dentro del secretariado de las FARC, la máxima instancia de dirección del grupo rebelde.
Cano enfrenta el desafío de encabezar a la mayor y más antigua guerrilla de Latinoamérica que, tras 44 años de haberse levantado en armas para la transformación social, hoy se encuentra atrapada en un callejón que tiene una única salida: la negociación y la participación en la política activa junto a las fuerzas progresistas del cambio. Atrás parecen haber quedado los inicios de este grupo guerrillero, que nació hace más de cuatro décadas, cuando un puñado de campesinos enarboló las banderas del socialismo para forjar la equidad social en ese país sudamericano. Las FARC fueron fundadas en mayo de 1964, producto de las negociaciones de paz de las guerrillas campesinas cercanas al Partido Liberal, con los gobiernos de la época. Estas guerrillas liberales aparecieron desde la década de 1950, en medio de la agresión de los gobiernos conservadores de Mariano Ospina Pérez (1946-1950) y Laureano Gómez (1950-1953) en zonas rurales del sur y suroeste del territorio colombiano.
Estos conflictos rurales fueron producto del asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, muerto en una calle de Bogotá el 9 de abril de 1948, día en que se generó una enorme revuelta popular conocida como "El Bogotazo", que vivió y recuerda el revolucionario Fidel Castro. Las llamadas guerrillas liberales se desmovilizaron en 1953 bajo el gobierno del general Gustavo Rojas el último dictador militar en la historia de esa nación, pero poco después retomaron las armas al ser bombardeados diversos campamentos en territorios del sur. Al interior de estos grupos alzados en armas, comenzó a destacar la figura de un joven campesino que respondía al nombre de Pedro Antonio Marín, y que luego pasó a ser conocido en el país como Manuel Marulanda o "Tirofijo", el legendario líder fallecido de las FARC.
El tiempo de los fusiles ya pasó. Pero que no nos obliguen a retornar a esos tiempos, porque si es en aras de la defensa de la democracia y de la lucha contra la tiranía, los pueblos volverán a levantarse en armas por la liberación nacional.
Hoy estamos viviendo otro tiempo, otra hora. Es la hora de los gobiernos progresistas en nuestra Patria Grande. Es la hora del trabajo político y la acumulación de las experiencias más diversas para gobernar para los desposeídos, al tiempo que frenamos el intervensionismo del imperio.
Chávez, Correa, Morales, Lula, Kirchner, Bachelet y Vázquez no dudaron en reclamar el diálogo y la paz en Colombia. La lucha sigue siendo la misma, pero continúa de otra forma. Todas las manos están abiertas y deseosas de contribuir a la paz de Colombia.
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