"Zona militar, prohibido pasar", es lo que está escrito en la puerta de la Brigada de Comunicaciones Nº 1, donde fuera asesinada la profesora de literatura Nibia Sabalsagaray el 29 de junio de 1974. Junto al cartel hay permanentemente un soldado, con cara de estar atento a los movimientos que ocurren en el exterior del edificio. Nadie puede pasar.
No debe extrañar que haya en las puertas de una dependencia militar este tipo de leyenda, dado que la tarea militar requiere de reservas y de cierto ordenamiento.
Pero cuando hablamos de Nibia Sabalsagaray, se siente que ese cartel no sólo se refiere a la circulación de las personas, sino que también simbólicamente cercena la recuperación de la memoria, a la cual le está "prohibido pasar".
Ayer conocimos en LA REPUBLICA que un ex militar se refiere a la muerte de Sabalsagaray, 34 años después de que se produjera en un calabozo del Batallón de Comunicaciones Nº 1, que en esa época llevaba el nombre de Batallón de Ingenieros Nº 5.
El informante, que está dispuesto a ir a la Justicia siempre que se lo proteja y se le mantenga en el anonimato, cuenta con detalles cómo descubrió a una mujer muerta en esa dependencia, aunque no puede confirmar que fuera Sabalsagaray. Pero lo cierto es que en ese día, en ese mes y en ese año no hubo ninguna mujer muerta en una dependencia policial o militar.
Este ex militar asegura, de acuerdo a lo que vio, que la profesora no se suicidó. Dice, además, que hay otros militares o ex militares que en aquellos días se enteraron de la muerte de Nibia, por estar en la zona aledaña al lugar del asesinato y por haberla visto muerta, o porque él mismo les comentó sobre lo que había visto.
Agrega que "el turco Ohanessian y el topo Araujo", ambos oficiales, fueron los que trasladaron a Sabalsagaray hasta el lugar de detención y que la tuvieron parada y encapuchada al borde de la fosa de un taller de autos, para después introducirla en el calabozo.
Queda claro, entonces, que hay mucha gente que sabe lo que pasó o que tiene algo para decir, pero el cruel pacto de silencio que establecieron los asesinos con muchos que saben de la violación de los derechos humanos es una cultura que se ha impuesto dentro de las Fuerzas Armadas y de alguna manera en ciertos sectores de la sociedad civil.
Este pacto del silencio es una verdadera aberración humana, contraria al pensamiento democrático dicho en el sentido más amplio que se pueda imaginar, que sigue siendo un palo en la rueda en la construcción de un Nunca Más real, gestado sobre bases sólidas y construido con ladrillos de verdad y justicia.
Es de esperar que en los próximos días se conozcan nuevos datos sobre el doloroso caso de Sabalsagaray, que muchos más actores comprendan que con sus aportes se puede construir una nueva moral en la sociedad y en las Fuerzas Armadas.
Que en la zona militar pase la memoria, que nos hace bien a todos y abre el camino al encuentro, a la construcción de un futuro civilizado, sin rencores.
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