Por Jorge Bruni - Viceministro de Trabajo y Seguridad Social
Año 1938. El Parlamento recibe un informe sobre innumerables despidos de trabajadores y mala calidad de los salarios, a lo que se agrega que la mayoría de las viviendas de los trabajadores es de madera y lata. Seis años después, luego de múltiples estudios y discusiones nacen los Consejos de Salarios. Comenzaba una etapa que culminará hacia finales de la década, con sostenida mejora de los salarios y de las condiciones de vida de los trabajadores, con niveles históricos quizá nunca repetidos.
En 1985 salíamos de la dictadura. Los cívicos militares salvadores de la patria nos legaron desastres políticos, económicos y sociales. Se retoma el diálogo social, se negocia colectivamente, se convocan los Consejos de Salarios, generando nuevamente consecuencias muy positivas. Hacia 1992 el salario real había crecido casi un 27%. Una vez más quedaba demostrado que el tripartismo y la negociación bipartita constituyen una muy buena herramienta redistributiva de la riqueza.
En 2005 hacía más de 15 años que la Negociación Colectiva bipartita y los Consejos de Salarios brillaban por su ausencia. Cuando finaliza el siglo, el crecimiento salarial entre 1992-1999 no fue mayor a un 7%, lo que comparado con los años 1985-1992 arroja una diferencia negativa de 18%. Ambos períodos fueron de crecimiento económico similar, el último algo mayor inclusive. Agreguémosle a ello la concentración de la riqueza y el millón de pobres que tuvo Uruguay. Comprobamos ahora, por el contrario, los perjuicios que ocasiona el abandono de la negociación.
Al comienzo del actual gobierno se vuelve a convocar a los Consejos. Se reiteró en 2006. Durante esos dos años se firmaron 394 documentos, de los cuales 351 fueron por consenso (89%), 32 (8%) por acuerdo entre Estado y trabajadores y/o empresarios, en porcentajes más o menos similares, y apenas en un 3%, 11 documentos, no medió acuerdo alguno, resolviéndose por decreto del Poder Ejecutivo. Sintomático, ¿no?
Las cifras de crecimiento del salario real, empleo y actividad, la caída de las tasas de desocupación a niveles históricos relevantes, son demasiado elocuentes y conocidas. Se comentan por sí solas.
Sería un error atribuir las consecuencias positivas exclusivamente a la actuación de los Consejos de Salarios. La conjunción de políticas económicas y sociales mucho tiene que ver con los resultados. Pero reconózcase que el clima político y social que generan los mismos, mucho influye para que así suceda. Quizá no exista en la historia nacional una experiencia de diálogo social tan relevante, estrechamente vinculada a una concepción ética de la coexistencia democrática. Cultura dialoguista que fue dejando una impronta nacional caracterizada por acercamientos - distanciamientos, consensos - disensos, que es orgullo uruguayo y referente internacional.
¿Y qué de la respuesta del Presidente a las 24 cámaras empresariales, las que entienden que la negociación debe ser bipartita y que sólo por excepción podrá ser tripartita? Obsérvese lo que expresó. "No es compartible ignorar la inmensa riqueza política, social y cultural de los Consejos de Salarios, que con 64 años de vigencia han sido convocados en momentos históricos clave del país (a los que hemos referido precedentemente), signados por pobreza y estancamiento, generando siempre resultados satisfactorios". Ratificó que este gobierno fomenta la negociación colectiva bipartita, lo que no es obstáculo para que cumpla con su función de protección de las libertades relacionadas con el trabajo ni para que participe y promueva los Consejos de Salarios.
Rescató lo sucedido en 1938, 1944, 1985, 2005, reafirmando la valía de una herramienta clave para la redistribución de riqueza. Es que la historia enseña, dándonos sustento para proyectarnos hacia el futuro. Tarea sustancial, si la hay.
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