En un marco de confrontación por reivindicaciones difíciles de entender, los problemas de la educación han ganado un espacio informativo inusual en la prensa nacional. La información y los comentarios sobre el estado de la educación develan una situación que no conforma a nadie y tampoco a nosotros. Hay una sospecha de ruptura del proceso de acumulación de valor educativo. Y esto, que supondría un hecho irreversible en el corto plazo, con connotaciones económicas y sociales de toda naturaleza, es también una debilidad manifiesta en la ejecución del programa de inclusión y transformación.
La sospecha comprende ahora sin que nadie deba venir a insinuárnoslo las correlaciones naturales con los problemas de la seguridad ciudadana. Es más, la tolerancia y la reconstrucción de las redes sociales fracturadas seis o siete años atrás es una variable dependiente del progreso educativo. Y viceversa. En tanto, debemos ocuparnos de esa sospecha. De hecho, el diario ha estado reflejando las nuevas y más agresivas demandas ciudadanas por una mejor educación. Antes aún que mejores explicaciones sobre los aportes que pudiera hacer la reforma educativa, esa demanda se concentra en reivindicaciones más sencillas, obtenibles y evaluables en plazos más cortos.
Esa demanda inquiere al conjunto de la oferta educativa, pero en particular comienza a concentrarse en la contención de los niños más chicos en espacios escolares aptos para demostrarles a esos párvulos que la sociedad los quiere, tanto o más que sus propias familias. "Tan sólo un poco de humanidad" era lo que reclamaban los profesionales que urgían el nombramiento del padre Mateo hace unas semanas; "ternura" era la llave que la crónica del diario identificaba para consignar el éxito de ese simple modelito implementado en la Escuela Nº 130, de Portones, cuyos resultados en materia de retención y promoción son tan gratificantes.
En las condiciones actuales de la sociedad uruguaya, con tantos problemas y omisiones de las familias, es claro que en ese encuentro original del niño con la escuela residirán, o no, los puentes que le permitirán al ciudadano de mañana ser un reproductor de los valores aprendidos, o erguirse sobre sus carencias heredadas. Allí, en esa intersección delicada se forjará o no una ciudadanía activa, creativa, valiente en el uso de las herramientas de la democracia.
Casos como el citado más arriba, o como los que se cuentan a menudo del proyecto "Maestros comunitarios" del Mides/ANEP, confrontan con el escepticismo de esos diagnósticos de fractura de la cadena de valor educativo.
De alguna manera debemos intentar generalizar los casos de éxito en la gestión educativa, enfrentándolos a la épica de la confrontación dominante en la discusión presupuestal, o incluso en aquella que está generando el proyecto de reforma educativa. Quizá no sea el tiempo en lo que resta de esta administración ni tengamos los recursos, liderazgos y pericia, para enfrentar tamaño desafío reformista. En cambio, tenemos tiempo y posibilidades de ir a recoger y estimular las victorias de la escuela y sus maestros más entrañables en la lucha contra el abandono, la disociación y, sobre todo, la desesperanza de masas.
¿Será menos revolucionario admitir que en vez de reformas, importa empeñarse en disminuir la brutal conflictividad que rodea la escuela, y abrazarla fuertemente a la sociedad? ¿Es preciso más dinero para fortalecer ese abrazo de la escuela con la sociedad dolorida? ¿Es un tema de dinero rodear más estrechamente ese vínculo, llenarlo de más humanidad, ternura, contención sapiente? ¡Pues démoslo si fuera así! Abramos otras cuentas, mejoremos los registros si es necesario. Y, luego, confrontemos la decisión con sus resultados. ¡Que serán rápidos y bien redituables, por cierto! Aún hay tiempo para incorporar a la Rendición de Cuentas un agregado en este sentido. Pero antes o conjuntamente con eso, si fuera necesario, convoquémonos en esta línea y sus lugares concretos. Allí están las Apales de siempre, más alicaídas y necesitadas aún que los clubes y comités. Allí hay un desafío moral y una vía rápida de reencuentro social con la esperanza.
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