En la última entrega del semanario Voces del Frente hay un análisis serio y documentado del diputado Jorge Orrico sobre el fenómeno de la inseguridad, que vale la pena compartir con nuestros lectores pues aporta datos y reflexiones de sumo valor para comprender y tener un panorama claro de la realidad y de ciertas verdades presentadas como axiomáticas por las clases conservadoras. En primer lugar, conviene advertir que, según estadísticas incuestionadas, "los resultados letales por conductas humanas no delictivas (suicidios y accidentes de tránsito), nos encontramos con que en el año 2007 sumaron 1.027 contra 193 muertes por conductas delictivas (homicidios). Lo que significa tanto como decir que las muertes violentas por conductas por lo menos en principio no delictivas, multiplican por cinco las producidas por homicidios".
En segundo lugar, parece pertinente señalar el alto índice de episodios de violencia doméstica que han comenzado a denunciarse merced al impulso que desde el gobierno se ha dado a la denuncia de casos en ese ámbito. Y este no es un dato menor, ya que puede sospecharse que los episodios de violencia doméstica (fundamentalmente de padres contra hijos y hombres contra cónyuges o concubinas) no han crecido demasiado, sino que lo que ha aumentado son las denuncias que anteriormente no se efectuaban por temor o por alguna otra razón. Vinculado con esto último, es preciso señalar la alarmante proporción de armas en poder de particulares respecto al número de habitantes. Mientras en EEUU la cifra de armas por habitante llega a un arma cada seis habitantes, y en Brasil se contabiliza un arma cada 20 habitantes, en nuestro país la proporción trepa a la cifra escalofriante de un arma cada tres habitantes. En lo que tiene que ver con los delitos contra la propiedad (hurtos y rapiñas, fundamentalmente), es dable observar que entre 2004 y 2005, las rapiñas aumentaron un 19,3%; entre 2005 y 2006, un 6,2%, y entre 2006 y 2007, un 3,5%. Esto demuestra que si bien los delitos contra la propiedad (los que más alarma causan entre la población) aumentan año a año, se observa un enelentecimiento de ese aumento.
Pero el análisis de Jorge Orrico apunta más allá. En efecto, el legislador cita un informe de la Cepal que expresa textualmente: "Muchos de los esfuerzos desplegados en la región para enfrentar la delincuencia y la violencia han abordado el problema desde una perspectiva convencional basada en el modelo 'policía-justicia prisión'. ... Los resultados de este modelo, de alto contenido represivo y escaso contenido preventivo, no han sido satisfactorios. No se ha logrado disminuir la criminalidad ni la creciente sensación de inseguridad de la población en las principales ciudades, y los sistemas judiciales, policiales y penitenciarios enfrentan serios problemas y deficiencias".
Este informe de un organismo internacional insospechable echa por tierra los argumentos que la derecha uruguaya viene manejando desde hace décadas. La única respuesta surgida de las clases conservadoras y de sus personeros políticos es el aumento del rigor punitivo. Al respecto, cabe recordar lo recientemente anunciado por el precandidato blanco doctor Lacalle, en el sentido de aplicar mano dura contra la delincuencia como solución al problema de la sensación de inseguridad de la población.
La derecha olvida un pronunciamiento unánime de la Cámara de Representantes en 1998 respecto del combate a la delincuencia. Allí se señala lo siguiente: " Entendemos a los fenómenos de violencia, la delincuencia y la inseguridad como emergentes sociales y, por ende, cualquier solución por la que se opte deberá contener acciones concretas sobre el entramado social de forma de operar, no solo sobre los efectos, sino sobre la génesis del problema".
Mientras la sociedad en su conjunto (y la clase política especialmente) no tomen conciencia de la etiología del problema, vanas serán las soluciones propuestas.
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