Las sorprendentes y lamentables pedreas contra el local del Liceo 12 trajeron a la luz pública un problema real y grave que padece la sociedad uruguaya: la ruptura de los vínculos societarios con un sector de los muchachos más jóvenes que parecen aceptar poco las normas y las autoridades de las instituciones que los rodean.
¿Hasta dónde llega esta rebeldía? ¿Qué hondura y radicalidad tienen estas expresiones de agresividad? Son interrogantes que importan a las que no estamos hoy en condiciones de responder.
Cualquier adulto que se plante frente al problema con un mínimo de seriedad, vale decir que lo haga desde una tesitura sustancialmente distinta a la de los dirigentes políticos del Foro Batllista o de algunos jerarcas del Codicen, sabe de los múltiples factores que hoy empujan a los jóvenes hacia la fractura, la irresponsabilidad y el aislamiento.
La familia trabajadora se repone mal de las muchas horas que padres y madres pasan fuera de la casa para ganar el sustento, de la invasión impúdica de la televisión con propuestas "culturales" a veces de una inaudita ordinariez, muy a menudo violentas, casi siempre moralmente anestesiantes.
Los jóvenes de esas familias trabajadoras han sufrido y sufren las escabrosas vicisitudes de la enseñanza pública, privada de recursos, de inestable conducción, con un personal docente al que la marginalización en decisiones importantes a menudo ha desmoralizado.
La indisciplina, la agresividad, y el desinterés juvenil por el estudio y el liceo registra, como se ve, más de una fuente. Y analizarlas exige una disposición serena y reflexiva.
¿Cómo se han plantado las autoridades de la educación? De manera vacilante, con aciertos y errores.
Es evidente, por lo demás, que en los liceos se han desarrollado vicisitudes muy distintas de las cuales la línea de acción empleada por los estudiantes del Liceo del Cerro, con buen tino y nivel de organización, ha estado en las antípodas de lo ocurrido en el local del Parque Batlle.
Hasta ahí la problemática de los liceos y las actitudes desarrolladas por los estudiantes de secundaria.
A partir de esos hechos, algunos pronunciamientos políticos merecen ser analizados. Sobre la situación planteada se ha puesto a operar la máquina de guerra del Foro Batllista.
¿Cuál es la doctrina del Foro en este lance? No la hay. ¿Cuál sería la doctrina del pachequismo que se procura revivir? Tampoco la hay. Las corrientes del reaccionarismo colorado son un subproducto del Estado, de las tendencias autoritarias que subyacen en la estructura del poder estatal después de muchos decenios de estar en manos de los sectores más conservadores; un autoritarismo residual, demagógico, populista.
Lo nuevo de los últimos decenios es el esfuerzo por conjugar la acción paralizante e intimidatoria de la burocracia reaccionaria con el uso y abuso de los medios de comunicación de masas. Y en particular de algunas de las (peores) leyes de la reproducción que el lenguaje televisivo habilita: la superficialidad, la simplificación, la deformación, la mentira.
Esa actitud patoteril fue aplicada con dedicación y alevosía en casos anteriores, y su modelo paradigmático consiste en la campaña contra Tabaré Vázquez en agosto de 1994 a propósito de los episodios del Hospital Filtro.
Quemar, escarmentar, aislar, culpabilizar al senador Nin por los sucesos en los liceos montevideanos ha sido el descabellado objetivo de las últimas semanas.
El presidente del Codicen ha hecho, a través de una carta enviada al Senado, su inadecuada contribución a este despropósito. No es un buen camino para un funcionario con escasa experiencia en el área y con tanta responsabilidad en sus manos. *
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