Escribe Milton Romani Gerner
"No hay cosa oculta que no venga
a descubrirse, ni hay secreto
que no llegue a saberse. Así, pues, lo que les digo a oscuras, repítanlo a la luz del día,
y lo que les digo al oído grítenlo desde los
techos" (Mateo)
uan Gelman es, ahora, Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Montevideo. Pero más importante aún es que sus afectos, su tenacidad y su rebeldía quedan inscriptas en clave de alegría, como patrimonio colectivo. La búsqueda de su nieta es uno de los mayores actos de sanidad colectiva. Gracias. Hay efectivamente otro clima, otra sensibilidad. El gesto presidencial no fue menor. Apertura para que podamos hablar, ver, saber, purificar el alma que estuvo aprisionada por el cerrojo de la impunidad. "Cae más pronto un mentiroso que un rengo", decía mi viejo que decía su abuela. Que le caiga el sayo a quien corresponda.
Se puede. Tarde o temprano estas verdades que duelen salen a luz, si nosotros persistimos, si somos ciudadanos apegados incondicionalmente a nuestros derechos más elementales y si somos capaces de desplegar nuestros afectos, nuestro amor a la vida y a los nuestros. Gracias por recordárnoslo.
¿Cuántos sufrimientos nos hubiésemos ahorrado y qué tiempo precioso habríamos ganado si la actitud del poder hubiese sido otra, cuando buscamos a Mariana en el 87 y 88?
¿Qué habría pasado con Simón (que sigue negándose a ser Simón) si el Presidente de la República, desde el lugar privilegiado que le da ese poder, desde la repercusión anímica que comporta que sea "la palabra del Presidente", hubiese apenas sugerido lo importante que es para la identidad de todos nosotros, una simple prueba de sangre? Identidad de Simón que como espejo nos interpela, porque hay un muchacho que ya tiene 23 años y que vive atribulado por la duda de ser quien es o ser otro. No hay experiencia más dolorosa, mas abyecta, más perturbadora para la identidad nacional que este crimen que se reproduce todos los días. Sara Méndez, su madre, todavía lucha por el reencuentro, sabiendo que su hijo está ahí. No es un drama personal, privado. Entre otras cosas, ella tuvo que luchar contra todo. El peso del Estado ávidamente interesado en lo contrario (habría que referirse acá a la pertinaz oscuridad del alma del doctor Sanguinetti); contra los interesas políticos menores, contra la patota criminal siempre acechante, los prejuicios, la indiferencia. Simón es Simón y todos miramos consternados. Señor Presidente de la República, usted puede. Discretamente.
A veces hay una absurda concepción de tolerancia que nos hace soportar, a los uruguayos, las cosas más terribles. Censuras, retraimientos, autocastigos, culpas ajenas. Un ejemplo: el primer gesto presidencial que saludamos y bienvenimos, parece transformarse inmediatamente en un freno para lo que estamos reclamando hace años. Escuchamos en boca de algunos periodistas preguntar e insinuarle a los familiares que tendrían que tener una posición más sensata para permitir "la reconciliación". "Búsqueda" (30/3/00) a María Esther Gatti: "¿No teme que la tesitura de los familiares tire por la borda el esfuerzo que está haciendo el gobierno para solucionar el asunto?" . Esfuerzo, lo que se llama esfuerzo es el de estas señoras que no aflojaron durante 23 años contra viento, marea, militares y civiles obstaculizadores. ¿Por qué habríamos de "temer"? La intención del semanario se ve reflejada en el artículo de Daniel Gianelli que bajo el sugestivo título de "La verdad posible", el que se afilió siempre a la "salida y la historia oficial" termina cargándole el fardo de la solución posible a la mesura del doctor Tabaré Vázquez y la izquierda.
¿Ustedes notaron que si es por los noticieros de la TV, en un solo día nos enteramos que había un señor argentino, Gelman, que buscaba a su nieta y ese mismo día se encontró...? Antes que pase la noticia, recordemos ya que Juan Gelman fue acusado de pedir cosas destempladas, insólitas, verdaderamente rocambolescas. "¡Una embarazada argentina traída por militares uruguayos acá, que parió en el Hospital Militar y su bebé dada en adopción....!! ¿¡Viene ahora, después de 23 años!?".
¡"Este tipo está medio loco o está tratando de embarrar la cancha, joder al Presidente".
Fue lo que se dijo. ¿Qué hubiese sido de la nieta hoy encontrada si hubiésemos cedido a la pretendida "tolerancia"? Nada. Nadie discute que la nueva situación también es generada por una actitud presidencial dispuesta a laudar lo que sigue pendiente. Pero por ello no hay derecho a revictimizar a los familiares pidiéndoles cordura en sus reclamos, que quiten de aquí o de allá aquella pregunta, esta pretensión, etcétera. No es pertinente. Algunos periodistas, habilitados ahora por el permiso de Papá para hablar del tema, son exigentes. No vimos esa hidalguía para ir a exigirles a los militares, secuestradores de adultos y bebés. ¿Hay miedo? Es entendible. Pero entonces tenemos, todos, un problema: el miedo institucionalizado como convivencia. Eso también es un asunto de la memoria a reconstruir.
Es necesario saber. No se trata de reeditar el horror. Tampoco cerrar la puerta rápido para evitar aquello que nos interpela desde lo más profundo de las responsabilidades y, repito, de nuestra más radical identidad nacional. Porque ese horror nos pertenece. Es de acá. Es un capítulo que hay que olvidar pero luego de conocerlo. Que tenga una resignificación, un nuevo sentido para esta sociedad y su salud. Taparlo como se intentó hasta ahora, no se puede. Por la sencilla razón que no ha dejado tranquilo a nadie. La nueva postura del Presidente de la República no hace más que reconocer que lo reprimido vuelve. Incluso lo más reprimido, como esa chiquilina que hoy tiene 23 años y convive con nosotros sin que supiésemos nadie nada, hecho que había pasado oculto y enterrado y que, gracias a la inteligencia, la sagacidad y la tenacidad de Juan, hoy todos compartimos como un acto de vida y no de muerte.
El doctor Javier Miranda lo expresó correctamente, frente a un requerimiento periodístico incisivo en "aflojar" cosas: queremos la verdad. Si el Presidente de la República está interesado en un nuevo clima del alma, eso ya está desplegado, fundamentalmente por la persistencia del reclamo ciudadano y también por su gesto, que no es menor. Ahora bien... con todas sus consecuencias. Insisto con una imagen y recomiendo verla. Hace poco dieron una excelente película inglesa que mostraba las complejidades de los temas de identidad y los malestares del alma que producen en una familia los "Secretos y mentiras". Título que parecería haber sido elegido para nuestro país y este, nuestro drama. Se trata de una mujer negra, profesional inglesa destacada que a los 32 años comienza a buscar a su verdadera madre, que luego resulta ser una ama de casa blanca, depresiva, con una familia atravesada por ese tipo de ocultamientos, verdades a medias, falta de sinceridad, que mal sabemos producir las comunidades humanas. En una escena, la asistente social entrevista a la protagonista que busca a sus progenitores. Quiere conocer a su verdadera madre, quien la entregó en adopción no bien nació. La ley inglesa dice que todo adoptado tiene derecho a saber la verdad y por eso se guardan todos los antecedentes de los padres reales. Antes de darle los papeles que le permiten emprender la búsqueda, la asistente le dispara una dura advertencia. Está obligada a repreguntarle si quiere los datos que tiene ahí para descubrirlos y que identificaron a su madre y padre. Insiste: puede ocurrir que cuando ubique a su verdadera madre, sea una borracha, esté muerta o enferma, o lo que es peor aún: no quiera saber nada de su verdadera hija. La protagonista, nerviosa pero con una fuerza espiritual enorme, le dice: "Quiero la verdad y todas sus consecuencias". Nosotros también.
Comentarios (beta!)