Nicolás López de 18 años, Adrián Phinas, de 21 y Analía, de 17 años, se juntaron en la plaza del barrio Peñarol y tomaron el ómnibus que los condujo a la tradicional fiesta carnavalera.
Una vez allí, decidieron caminar entre la multitud esperando poder ver mejor al conjunto que ensayó durante varios meses en el club de su barrio. Fue así que llegaron al cruce de Durazno y Gutiérrez Ruiz y se sentaron a esperar a la comparsa. Un grupo de jóvenes que al parecer estaban un poco pasados de copas, comenzaron a agitar banderas y cruzarse frente a los conjuntos que muchas veces debían detener su marcha por las interrupciones que el desenfrenado grupo ocasionaba.
La guardia de Granaderos, encargada de la seguridad del espectáculo, intervino para detener el desorden ocasionado por el pequeño grupo. Lejos de calmarse, éstos comenzaron a arrojarles botellas de vidrio, lo cual fue respondido por parte de la Policía a puro golpe de cachiporra.
El trío procedente del barrio Peñarol intentó darse a la fuga, pero los policías les interceptaron el paso y los metieron en la misma bolsa que al resto de los jóvenes que comenzaron el problema.
Nicolás López fue el más golpeado. Un fuerte palazo en la cabeza lo hizo caer inconsciente al piso, pero los golpes siguieron cayendo sobre él. Siempre según sus propios testimonios, a varios policías no les importó que el joven cayera inconsciente y siguieron agrediéndolo y arrastrándolo por el piso sobre la sangre de otros muchachos que también habían sido parte de la brutal represión.
Analía culminó con su ropa desgarrada, mientras que Adrián terminó la desafortunada aventura con varias marcas en el rostro y en la espalda.
Nicolás fue trasladado al hospital Maciel, donde le diagnosticaron politraumatismos, con pase al cirujano plástico para observación. Algunas horas más tarde, cuando el joven recuperó la conciencia, fue trasladado a un nosocomio particular y visto nuevamente por los médicos de guardia.
Con el rostro desfigurado permaneció internado hasta las 11 de la mañana, momento en que regresó a su hogar en compañía de su familia. Los otros muchachos no presentaron heridas de entidad pero igualmente fueron trasladados a diferentes centros asistenciales, siendo dados de alta a poco de ingresar. En compañía de su padre, Nicolás se hizo presente en la Comisaría 5ª y realizó la denuncia por "golpes y maltratos policiales". Los otros jóvenes piensan formular la denuncia y piden a todos los involucrados en la reyerta (la cual culminó con varios heridos), que se unan a ellos y se animen a denunciar a los policías agresores.
Según los denunciantes, una chica -aparentemente menor de edad- fue empujada por policías de particular contra el vallado, y una mujer bastante entrada en años pedía por favor que no la golpearan más.
La popular fiesta lubola no culminó del todo bien, y los palos que debían recibir solamente los tambores parecen haber tomado otro rumbo y haber terminado en el cuerpo de varios espectadores que seguramente esperaban disfrutar de la fiesta con alegría y en paz. *
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