LUIS CARRO, COLONIA
Nunca imaginó que esa rutina se iba a ver bruscamente alterada por la acción de un delincuente, pero mucho menos sospechaba cuál podría ser su reacción ante esa emergencia.
Durante el fin de semana, ya tarde en la noche, después de cerrar el almacén, doña Julia volvió a su casa pensando en algunas obligaciones que debía cumplir en la jornada siguiente, cuando en el patio de la vivienda, entre las sombras, se topó con un desconocido.
El individuo estaba encapuchado y portaba un cuchillo. Pretendía ingresar a la casa y le exigía que le diera el dinero que tuviera disponible. Lejos de acatar la orden, la mujer lo enfrentó decidida y se trabó en lucha con él, a pesar de estar en desigualdad de condiciones.
"¿Pero qué quiere que hiciera? Tenía que defenderme", dijo a LA REPUBLICA por única explicación.
En la lucha, la valiente almacenera sufrió algunos cortes en los brazos, pero no se detuvo hasta que el desconocido --que no esperaba semejante resistencia-- prefirió cambiar de planes y escapar.
Radicada la denuncia correspondiente en la Comisaría cuarta, los uniformados iniciaron de inmediato recorridas por la zona del hecho.
En una de esas vueltas vieron a tres personas encapuchadas que salieron a la carrera cuando les dieron la voz de alto.
El trío se refugió en una cantera y, a pesar del denodado esfuerzo de los agentes por ubicarlos, consiguieron perderse de vista.
Esa misma noche, la Seccional cuarta recibió otra denuncia por un intento de robo en una vivienda particular, que tampoco llegó a concretarse.
"Parece que eran novatos, pero igual seguimos en alerta", dijeron las fuentes policiales consultadas. Doña Julia todavía sigue impactada y rehúsa dar más detalles. "Perdone, pero fue muy feo, muy feo lo que me tocó pasar". *
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