Desde el año 1995 que no veía la calle. Su reclusión en una prisión de alta seguridad en la vecina orilla la había pasado como un señorito. En diez años no tuvo lío con nadie, después de todo era bastante respetado por los otros reclusos ya que había sido uno de los "verdaderos pesados porteños".
El mes pasado pidió licencia y después de un estudio realizado por los expertos criminalistas, el juez de la causa le concedió el beneficio de una salida transitoria para que visitara a su familia en la capital uruguaya.
Y el hombre se vino. Ahora bien, la Policía sabría del recién llegado en la mañana de ayer cuando se produjo un asalto en un salón de Garibaldi y Guadalupe. El desconocido, hasta ese momento, usó un arma de fuego para intimidar a los propietarios y llevarse 1.200 pesos. El alerta fue recibido por un equipo del Departamento de Hurtos y Rapiñas. Los funcionarios realizaron una rápida recorrida por la zona y al llegar al cruce de Ramón del Valle Inclán y Libres, ubicaron al hombre de 61 años de iniciales JCMA, quien al ser llevado a la Jefatura capitalina confesó su responsabilidad también en otros dos asaltos perpetrados contra sendos comercios situados en Monte Caseros y Comandante Braga y Uruguay y Eduardo Acevedo.
Poco después de las seis de la tarde, un sujeto ingresó al salón instalado en Presidente Oribe y José Batlle y Ordóñez y mediante amenazas con un machete exigió la entrega del dinero al empleado, a dos distribuidores de mercaderías y a un cliente. El nervioso delincuente fue reducido por sus propias potenciales víctimas que lo entregaron a la Policía. El ser interrogado, el joven de 20 años dijo que estaba desesperado porque se había quedado sin pasta base para drogarse, por lo cual intentó cometer el asalto para obtener dinero. *
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