El médico de guardia le prestó asistencia, pero dejó en claro que era imposible realizarle exámenes, ya que llevaba mucho tiempo y era visible que el recluso necesitaba ayuda inmediata. Las autoridades no dudaron en dar la orden: "Llévenlo al Hospital Maciel, que lo atiendan y que le hagan los exámenes correspondientes". El recluso, agradecido, se trepó a la camioneta policial y emprendió el viaje.
Cuando llegaron a la puerta del nosocomio, el recluso parecía desmayarse, por lo que fue ingresado con urgencia a la sala de espera. En ese momento, llegaba al lugar un policía perteneciente a la Cárcel Central, que recibió la orden de custodiar al recluso mientras se le realizaban los análisis.
Sentado en la puerta de la sala, el efectivo policial vio en soledad cómo pasaban las horas y cómo los médicos ingresaban a atender al recluso que ya no gritaba debido a los calmantes que le habían inyectado.
Bastante entrada la madrugada, un doctor se acercó al policía y le explicó que estaba todo listo, que el preso estaba estable y que los exámenes estarían listos en un par de días.
El efectivo se alegró por la noticia y se encaminó al teléfono público para llamar a la cárcel solicitando la presencia de un móvil policial para trasladar al recluso. "Está todo pronto, el recluso José Feliciano Maciel está en la sala, ahora necesito apoyo de un patrullero para trasladarlo", dijo el policía a sus superiores.
"En diez minutos estamos por ahí, espere la orden y lo traslada al móvil que lo va a esperar en la puerta", respondieron. Cuando el policía llegó a la sala donde estaba internado el recluso, recibió un "baldazo de agua fría".
El preso ya no estaba, había aprovechado la soledad de su custodio para escapar. Inmediatamente se realizó un rastrillaje en los alrededores del hospital, pero fue imposible ubicar al fugado. Lo que quedó en claro es que la dolencia del recluso fue fingida, nunca sufrió de dolores y los desmayos fueron actuados de manera muy convincente.
En el día de ayer, el policía fue conducido ante el magistrado actuante para que explicara los detalles de la fuga del recluso. El efectivo de 38 años declaró durante dos horas ante el juez de turno quien una vez culminada la audiencia no le perdonó el error y lo envió tras las rejas. *
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