Era una noche como cualquiera en la casa de Sofía, una bebé de tres meses que había traído felicidad a la familia que vivía en la vivienda ubicada en el cruce de las calles Domingo Mora y Orestes Acquarone. La madre miraba televisión, mientras que la hermana mayor, Ximena, de sólo 18 meses, jugaba alegre sobre la mesa de la cocina.
La bebé dormía en el cochecito y faltaban pocos minutos para que la jornada terminara en los dormitorios. La mujer apagó la televisión y se levantó del sillón, al momento que escuchó un desgarrador grito que provenía de la cocina. Corrió hasta la habitación y encontró a Ximena llorando desconsoladamente mientras miraba al cochecito de su hermana. La madre se acercó y horrorizada comprobó que la bebé tenía clavado un cuchillo de cocina en el estómago. Se dirigió al teléfono e intentó llamar a una unidad de emergencia, pero los nervios le jugaron una mala pasada y llamó a la Policía.
Casi de inmediato un patrullero con dos agentes llegó al domicilio de la infortunada familia y sin perder tiempo tomaron en sus brazos a la bebé y la trasladaron a la policlínica de Capitán Tula, donde le prestaron los primeros auxilios. El abundante sangrado y la leve respiración de Sofía fue razón más que suficiente para que la trasladaran al hospital Pereira Rossell, donde fue intervenida quirúrgicamente.
Según los médicos, la niña se encuentra en estado grave, ya que el cuchillo cortó parte de los intestinos. "Ahora hay que esperar y ver cómo reacciona, la operación es sencilla pero la pérdida de sangre en un bebé siempre es grave.
Hay que esperar, sólo esperar", explicó a LA REPUBLICA el facultativo encargado de los diagnósticos.
Los peritos de Policía Técnica que trabajaron en el lugar, confirmaron que la niña sufrió el peso del cuchillo que cayó de una altura aproximada al metro y medio, negando que haya existido algún tipo de intención en la agresión. *
Comentarios (beta!)