El chico tiene temple y todas las condiciones de aquellos viejos canillitas que recorrían los barrios.
Con 50 ejemplares debajo de su brazo derecho empieza a caminar por la acera derecha de Arenal Grande y casa por casa va ofreciendo y vendiendo ejemplares de LA REPUBLICA.
Camina seis cuadras en esa dirección y después da la vuelta por la misma calle, pero por la acera de enfrente, haciendo lo mismo hasta que se queda sin diarios.
El joven estaba muy feliz con el ingreso en efectivo que llevaba a su casa, pero ayer en la esquina de Blandengues pasó un momento muy desagradable. Un hombre alto, gordo y de bigotes blancos quizás de unos 55 o 60 años se le paró enfrente. Detrás de esa mole había otros dos individuos haciendo las veces de guardaespaldas.
El matón mostró su hilacha desde el vamos. Arrinconó contra una pared a Diego y le dijo "mirá, botija, acá no se vocean, ni se venden los diarios de Fasano, así que tratá de desaparecer porque vas a tener problemas muy serios".
Diego no se amilanó y le respondió al grandulón que iba a seguir vendiendo LA REPUBLICA porque así se estaba ganando la vida sin molestar a nadie.
Entonces el gigantón se enojó mucho y lanzó una amenaza aún más dura "bueno, como vos digas, si mañana te veo de vuelta por acá, te imaginás lo que te va a pasar".
De las averiguaciones realizadas por el equipo de seguimiento de los vendedores libres se pudo establecer que el "hombre malo" que evidentemente responde a los mandatos del capo Eddie Espert tiene un puesto precario en la esquina de Blandengues y Arenal Grande. Utiliza dos caballetes para sostener una madera, sobre la cual reposan diarios y revistas que son entregados por los "sucursaleros".
En la tarde de ayer, por cuenta propia, Diego se dirigió a la comisaría de la zona para radicar la denuncia de amenaza y pidió protección policial. Según las declaraciones del muchacho, el hombre gordo y alto ya había amenazado a otros dos vendedores de LA REPUBLICA, un chico de 16 y un joven de 18, quienes se pusieron en contacto con Diego para hacer un frente común y de esa manera seguir trabajando sin que los mafiosos los molesten. *
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