La nota publicada el 21 de noviembre de 2005, hacía referencia a la misteriosa desaparición de perros de gran porte, principalmente, dogos, doberman, cimarrones, dálmatas y ovejeros.
En árboles y columnas de los barrios Carrasco y Punta Gorda, se podía ver una cantidad enorme de afiches con desesperados mensajes de socorro que decían algo así como "Se perdió perro raza X de color blanco en las inmediaciones de tal y cual calle. Responde al nombre de 'fulano'".
En la mayoría de los casos, los canes no aparecían ya que eran robados para ser vendidos como corderos en vista a las cercanas fiestas de fin de año.
La investigación publicada por LA REPUBLICA tuvo su puntapié inicial en dos veterinarios de Punta Gorda que caminando por la feria de su barrio vieron a uno de estos supuestos corderos colgado de las patas traseras, sin cabeza y al rayo de sol. En un principio no les llamó tanto la atención las condiciones en las que vendían el animal, sino el irrisorio precio al que era ofrecido. Al acercarse al puesto que no sólo ofrecía corderos sino que también tenían chorizos, pollos y otros cortes cárnicos comprobaron con asombro que la osamenta del animal colgado no se correspondía con la de un ovino, sino que tenía toda la apariencia de ser un pobre perro que por el aspecto ni siquiera había sido bien alimentado. Para no levantar ningún tipo de sospecha los veterinarios compraron el animal y se lo llevaron al consultorio donde corroboraron su procedencia canina.
Para ahondar más en truculento negocio, LA REPUBLICA dialogó con los "negociantes" que pidiendo reserva sobre sus identidades, quienes se animaron a contar con lujo de detalles cómo preparaban el perro para que nadie notara la diferencia con un cordero. "Primero salimos de cacería", comenzó relatando con orgullo el entrevistado. "Metemos el perro en una bolsa, lo cargamos al hombro y nos vamos para el patio de casa. Ahí lo colgamos como a cualquier cordero y lo degollamos para que se le salga toda la sangre. Lo pelamos, si es gordo le sacamos la grasa porque tiene mucho tufo y lo adobamos con un condimento a base de pimienta, orégano y ají para que se ablande y tome gusto", explicó.
Según el orgulloso "empresario", dos días en la heladera envuelto en una bolsa de nailon bastaba para que el animal quedara bien gustoso y tierno. El la madrugada del domingo lo metían en una nevera con hielo y un par de horas después marchaban a la feria donde lo ofrecían por la mitad de precio que un cordero real.
Los carniceros, que también fueron consultados, aseguraron que lamentablemente era una práctica común de la que estaban al tanto ya que en las propias carnicerías de la periferia vendían gustosos los perros por cordero. También afirmaban que "la gente busca precio y no le importa lo que está comprando. Compran chorizos que cuestan 20 pesos el kilo. Yo no me quiero ni imaginar con qué son fabricados. Basta con pensar que un kilo de carne pura ronda los 90 pesos. La tripa para hacer los chorizos, cuesta cinco pesos el metro. Es un disparate."
Cuando la denuncia tomó estado público, los inspectores del Ministerio de Salud Pública y de Sanidad de la Intendencia salieron a recorrer los barrios en busca de estos puestos ilegales que eran levantados ni bien veían llegar a los interventores. La Policía logró detener a varios puesteros que al ser conducidos en averiguaciones juraban que habían comprado los animales pensando que se trataban de corderos. Este año la cosa parece haber cambiado. En las seccionales de Punta Gorda, Carrasco, Solymar y Shangrilá (barrios donde se detectó la mayor cantidad de robo de perros) no se registraron aumentos en las denuncias sobre la desaparición de canes y no aparecieron los clásicos carteles con la foto de los pobres perros faenados. De todas formas, fuentes policiales confiaron a LA REPUBLICA su preocupación sobre la posibilidad de que se registren estos casos a partir de mediados del mes de diciembre. Los oficiales consultados dijeron que si se llega a registrar un aumento de denuncias sobre robos de perros se podría montar un dispositivo especial que consistiría en pedir a la población de los barrios más afectados y que tengan perros de gran porte que se acerquen a la comisaría con el fin de llevar un registro de los animales y simplificar así la labor de patrullaje. "Afortunadamente no hay denuncias. Esperemos que se mantenga así, es un gran riesgo sanitario si esto vuelve a suceder, la Policía es consciente de eso y por eso estamos alerta", dijo la fuente consultada que para finalizar agregó entre risas "yo no me preocupo demasiado, mi perro es un pequinés". *
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