CLAUDIO SAMPAYO
El subsecretario del Ministerio del Interior, Juan Faroppa, consideró "exagerada" la posibilidad de que se esté formando una agrupación de presos en el penal de Libertad, con la intención de tomar el control del establecimiento.
El jerarca afirmó ayer: "El hecho de que en el Penal de Libertad, y en otras cárceles, existan bandas de presos es tan viejo como la cárcel misma. Desde siempre en los distintos establecimientos se han dado este tipo de situaciones".
Opinó que "comparar esto con lo que sucede en otros países, como en el caso de San Pablo y Río de Janeiro en Brasil, realmente es exagerado" (Nota de autor: LA REPUBLICA nunca realizó comparaciones). "Desmiento totalmente que en nuestro país estén dadas las condiciones para una situación de violencia como la que está ocurriendo en algún otro país de la región" (NA: nunca se dijo que las condiciones estén dadas). "Eso en Uruguay no sucede. Ese tipo de fenómenos de criminalidad organizada se vincula a otros factores, que por suerte en este momento en nuestro país no se dan", indicó.
Pese al desmentido, las autoridades decidieron trasladar al "Beto" Suárez a la cárcel de Canelones. También fue derivado su hermano, quien cumple condena por varias rapiñas y hurtos.
No obstante, LA REPUBLICA afirma que tras los muros del penal de Libertad se continúa tejiendo algo que va mucho más allá de "viejas bandas" o "tribus" carcelarias. El contacto directo con reclusos y con policías que prácticamente viven dentro del establecimiento carcelario y que no la ven desde afuera, como el resto de nosotros, alcanza para afirmar que la banda del Beto no es una gavilla de simples delincuentes que se unieron para mandar en uno u otro sector del penal. Los reclusos están dispuestos a todo con tal de ser reconocidos en el ámbito local e internacional. Si bien es verdad que por ahora la banda no tiene el poder suficiente para emular al Primer Comando de la Capital, es su intención seguir creciendo y convertirse en la célula uruguaya de la temible organización paulista.
El subsecretario del Ministerio del Interior, doctor Juan Faroppa, mantendrá hoy a las 17 horas una reunión con familiares de los reclusos acosados por la banda del Beto Suárez y seguramente conocerá más a fondo la difícil situación que atraviesan los presos.
"El Marito" fue asesinado por haberse negado a pedir un "peaje" de 20 mil dólares a los narcos, 10 mil que debían ser abonados de inmediato y otros 10 mil en dos cuotas, la primera en febrero y la segunda en abril.
El "Botín Narco", tal es el nombre que los reclusos le dieron a la extorsión, será usado para financiar parte de la estructura de la gavilla que toma fuerza en el penal de Libertad.
La realidad carcelaria es mucho más compleja de lo que uno u otro pueda decir. El senador Víctor Vaillant se ha cansado de denunciar y pedir cambios estructurales en las cárceles uruguayas. El, al igual que varios miembros del parlamento, conoce la situación gracias a la paciente tarea de escuchar los reclamos que constantemente realizan los familiares y amigos de los reclusos.
En las últimas horas varios de los procesados tras la Operación Campanita fueron trasladados a La Tablada, dejando la gavilla separada en dos bandos. Los que permanecen en el sector F del penal de Libertad temen por sus vidas, ya que, al verse disminuidos en número, las posibilidades de defensa son casi nulas. La banda del Beto asegura que de no concretarse el pago de los 10 mil dólares antes del 20 de enero, una nueva muerte enlutará al penal de Libertad.
Las extorsiones dentro de las cárceles no son nuevas. Pero no hay que olvidar que también tuvo razón LA REPUBLICA cuando denunció las amenazas de muerte a Washington de María y al empresario Joaquín Curi en La Isla por parte del Rambo y sus secuaces, hecho que quedó fehacientemente comprobado cuando a los pocos días de publicada la nota decidieron el traslado de ambos a los pabellones para garantizarles la integridad física.
En aquel entonces, el Rambo no formaba parte de la banda del Beto. Tenía sus propios hombres y con ellos tenía el control de varios pabellones. Por su lado, el Beto Suárez también tenía un grupo formado por unos cien hombres que acataban sus órdenes y lo tenían como jefe.
Pero las cosas cambiaron y el Beto fue ganando terreno en todo el Penal. Cada vez más hombres lo seguían y la organización construida por El Rambo estaba a punto de desaparecer. Esa fue la razón por la que el peligroso delincuente, todavía recluido en la Isla, se deshizo de su inseparable amigo Alejandro de Armas y se unió a la banda del Beto.
Ahora unidos, buscan tener el control de las cárceles, tal como los del PCC en Brasil. No tienen el mismo poder ni el mismo capital para financiarse, pero está claro que si los dejan crecer, en poco tiempo el ejército de reclusos que no tienen nada que perder (la mayoría estarán 25 años tras las rejas, tienen HIV, no tienen familiares, etcétera) estará listo para dar combate a quien se les interponga. *
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