El Centro Familiar Cristiano es una de las tantas iglesias que fueron creadas después de que los brasileños invadieron el mundo con sus templos evangélicos.
En Uruguay, la iglesia nacida en la vecina orilla se expandió por la periferia pero también en lugares cercanos al centro montevideano.
Una de ellas, dirigida por el pastor Gustavo Alejandro Páez, está ubicada en José Hernández y Emilio Raña, en el barrio La Blanqueada.
Como es habitual en este tipo de iglesias, el pastor cuenta con un séquito de personas que lo protegen y lo cuidan. Son los llamados "escuderos".
Además de estas personas, también hay varios ayudantes que se dedican a realizar tareas comunitarias en la iglesia. Entre ellos los responsable del Ejército de Niños, un grupo que se dedica a enseñar la palabra de Dios a los más chicos y que mezclan el aprendizaje con juegos y tareas.
Gracias a las donaciones que realizan los fieles, este grupo de niños puede aprender y jugar con hojas, lápices, cuadernolas, gomas, sacapuntas y otros artículos que son entregados mes a mes por aquellas personas e instituciones que colaboran con la iglesia.
La armonía y la unión familiar es uno de los pilares del Centro y siempre se destaca la obligación de la fidelidad conyugal.
Lamentablemente, los fieles se sintieron defraudados cuando el pastor de la iglesia de La Blanqueda decidió dejar a su mujer, y se fue a vivir con una joven fiel de la iglesia de sólo 20 años.
Muchos de los creyentes asiduos al Centro se sintieron dolidos por la decisión y se lo hicieron saber al pastor.
El hombre, en lugar de dar explicaciones y pedir disculpas, decidió seguir con su nueva vida y mudarse junto a la joven a un apartamento del centro de Pocitos.
Pero la gota que derramó el vaso fue cuando el pastor dijo que le habían robado 20 mil pesos de su despacho, un lugar adonde solamente él y otras tres personas tienen acceso.
En una audición radial hizo saber a todos sus fieles del robo, acusando al propio Satanás de ser el ladrón. Como suele ocurrir en estos casos, una lluvia de donaciones cayeron sobre el templo que triplicó sus arcas.
El hombre agradeció las dádivas, tomó el dinero y se fue de viaje con su nuevo amor, no sin antes comprar valijas, ropas de marca, perfumes costosos y amueblar su domicilio.
Esta actitud hizo enfurecer a los fieles que de inmediato le dieron la espalda a la iglesia.
Los responsables del Ejército de Niños se hicieron presentes en el templo de La Blanqueada para pedir los útiles que habían conseguido y entregárselos a los niños más necesitados. El pastor no les permitió pasar y lanzó a sus "escuderos" a la calle. Con gran furia, los hombres y mujeres que protegen al pastor se lanzaron contra los que hasta hace poco meses eran sus compañeros y amigos y los agredieron a trompadas y empujones. Entre las personas que habían ido a reclamar, se encontraba una menor de 15 años que también fue agredida por personas mayores que custodiaban la iglesia. A la fuerza, los fieles entraron al templo y se dirigieron al escritorio donde guardaban los útiles, pero tamaña fue la sorpresa cuando vieron que la cerradura había sido violada y que dentro de los cajones ya no había ni un solo lápiz.
En el día de ayer, los fieles radicaron la denuncia en la Seccional 9ª y en las próximas horas presentarán una nueva denuncia en la Comisaría de la Mujer.
Mientras tanto, el pastor prefirió no hablar con la prensa, y cuando LA REPUBLICA se comunicó con el templo para escuchar su versión una voz femenina se limitó a decir "no pasó nada, no pasó nada. El pastor ahora no los puede atender".
Uno de los denunciantes reflexionó sobre lo ocurrido y con voz apesadumbrada dijo: "Al fin y al cabo es como dice el refrán... 'el peor vicio no es el alcohol ni las drogas... son las mujeres'". *
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