Para tener una idea de la magnitud del mercado negro de discos compactos, basta con mirar a la vereda de enfrente. La industria discográfica argentina genera 115 millones de dólares por año, pero se ve amenazada por la piratería de marcas, que mueve un volumen equivalente al 60% de ese total, a partir del accionar de bandas organizadas.
Tanto en Argentina como en Uruguay, el delito fue mutando y pasó de ser algo netamente extranjero a ser algo muy nuestro, muy nacional. Los discos que antes eran traídos ya grabados de Paraguay o de Brasil, ahora son comprados vírgenes en China y en "laboratorios" clandestinos ocultos en algún rincón de nuestro país se graban y se acondicionan para su posterior venta en ferias vecinales e incluso en locales comerciales.
Los que dan mayores pérdidas a la industria discográfica son los de música y películas, pero también se destacan aquellos grabados con juegos para Play Station o para computadoras personales.
Aunque se hace casi imposible calcular una cifra exacta, los especialistas en la materia aseguran que la piratería discográfica mueve unos 5 mil millones de dólares al año en todo el mundo y estaría regida por las diversas redes de crimen organizado de cada país. Los mismos entendidos afirman que por lo menos un disco y medio de cada tres vendidos es pirateado.
En nuestro país siete de cada diez discos vendidos son apócrifos, aunque se cree que la cifra disminuye con el correr de los años. Buenos procedimientos aduaneros y constantes detenciones por parte de la Policía hicieron que los piratas discográficos frenaran su avance y se abrieran paso al mercado legal. En Chile, Brasil e incluso Paraguay, destacan las leyes y los procedimientos aplicados en nuestro país y los toman como ejemplo a la hora de pensar estrategias para combatir el flagelo.
Los chilenos afirman que el ejemplo más claro está en la exportación de software que tiene Uruguay. "Hace 10 años nuestras exportaciones de software eran tres veces las de Uruguay; ahora ellos exportan más de 100 millones de dólares y Chile será un quinto de esa cifra y decayendo año tras año", según dijeron fuentes de la asociación gremial de los distribuidores de software del país trasandino, agregando que "Uruguay le puso freno a la piratería, mientras que Chile la trató con mano blanda. Uruguay ha fortalecido su ley de propiedad intelectual y además tiene una excepción al pago de impuestos a las utilidades (35%) de los exportadores de software".
En nuestro país, como en el resto del mundo, existen dos tipos de piratería, la "casera" y la industrial.
Esta última es el verdadero problema de las discográficas y la causante de pérdidas de fuentes laborales, bajas producciones musicales y pésimos ingresos a las productoras y los artistas.
Está sustentada generalmente por una red de piratas que organizadamente toman el material de la red y lo copian en serie, ingresando al mercado miles de discos con música, películas o programas informáticos.
La "casera" no es un problema, siempre y cuando no se expanda demasiado. Los usuarios con Internet libre descargan películas, discos y software con programas tipo Emule, Edonkey, Torrent o Ares.
Esos materiales no son comercializados y no generan grandes pérdidas a las empresas discográficas. El problema es que mucho de lo descargado es pasado de mano en mano y lo que era para uno termina siendo de diez o de veinte; pero de todas formas los expertos en piratería aseguran que este tipo de "fechoría" no es demasiado importante. *
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