GABRIEL MONTEAGUDO - COLONIA
Por estas fechas, cuatro años atrás, hacía pocas horas que William González, su esposa, su hija y una sobrina se habían instalado en las Termas de Daymán cuando, alrededor de las 8 de la mañana, recibió un llamado inesperado. Desde Carmelo, su casero le informaba que había encontrado la casa revuelta, señal inequívoca de que alguien había entrado esa noche a robar.
En pocos minutos hicieron el equipaje y partieron rumbo Carmelo. Al llegar, el hombre comprobó que, de su casa en el barrio Centenario, habían robado 40 mil dólares en billetes de 100, que había escondido en una cartera de juguete, dentro del cuarto de la hija.
En la casa estaba todo revuelto, según pudo constatar. Además del dinero se llevaron una pistola marca Targa modelo GT23, calibre 22, italiana empavonada, cachas oscuras de su propiedad. Pero también cuatro botellas de whisky "Chivas Regal" y dos de Jhonnie Walker, todas etiqueta negra, una cadena y dije con imagen de una virgen de un lado y Jesús del otro, tres pares de caravanas y un prendedor con la inscripción "Nadia" todo en oro, de su hija, una pulsera de bebé en oro macizo, un collar de perlas de cultivo tipo gargantilla, un reloj de hombre de agujas, dorado con malla de metal, y otro, digital, malla de metal con el detalle que la pantalla es verde, unos 15 kilos de carne y chorizos que le habían guardado al vecino en el freezer del quincho, un bolso en colores negro y gris con manija para manos y correa para el hombro y otro de color marrón con bolsillos a los costados, mismo tipo de agarraderas y ambos en tela de avión.
La Policía interrogó al casero, que en la tarde del día anterior estuvo con una amiga, atendió a un muchacho que vendía productos de limpieza y se fue a un cumpleaños en el club Independiente. Se acostó alrededor de las 0:30 hs sin ver nada anormal. Todos declararon ante la Policía, además de varios vecinos, entre ellos, el dueño de parte de la carne hurtada y contra quien, en primera instancia, la víctima del robo apuntó sus baterías porque, afirmaba, era el único al que le había comentado que tenía dinero guardado en la casa porque "no se podía confiar en los bancos".
La Policía continuó investigando y cerrando el círculo en dos personas: un policía que vivía frente a la casa robada y un conocido delincuente que vivía en Las Lomas.
El 20 de abril, la Policía detuvo a Roberto Carlos Rivero, un viejo conocido de los uniformados que quedó al descubierto cuando la investigación dactiloscópica encontró sus huellas dentro de la casa.
El allanamiento de su vivienda permitió descubrir el 20 de ese mes, apenas ocho días después de ocurrido el hurto, 1.000 dólares en billetes de 100 que pertenecían al damnificado. Rivero cuenta en este relato en el expediente ante la Policía cómo entró a la casa: "Fue el sábado a primeras horas de la noche, fue a mi domicilio el policía... estando yo en ese momento con mi esposa (...) me dijo que fuera urgente para esa casa, ya que el cuidador se había ido, que lo había controlado hasta el puente. Al irse, yo salí en bicicleta y entré a la casa escalando el muro que da a la calle de frente a Pueblo Viejo, entré al patio y después entré a la casa por un ventanal grande corredizo que al hacerle fuerza para abrir se abrió sola, no debiendo forzar nada. Al entrar intenté prender una luz, crucé la cocina y prendí la luz del living. En ese momento vi cajones en el piso, papeles, todo tirado, empecé a revolver un poco, seguí para adelante y prendí la luz del cuarto que estaba lleno de juguetes donde estaba todo tirado también y vi dinero tirado en el piso. Levanté el dinero que era en total de 30 papeles de 100 dólares y me fui por la ventana del cuarto donde estaba todo revuelto también".
Rivero cuenta que no se llevó ninguna botella de whisky. "No señor, ni las toqué", le dice a la Policía. Rivero aseguró que se llevó 3.000 dólares de los cuales dejó 1.000 en su casa y entregó 1.500 al policía que le avisó que esa noche "tenía vía libre" para hacer el robo "el resto del dinero me lo gasté en provecho propio", dijo.
Esta historia, que pertenece al expediente policial, no es real. Porque días después, en la casa de Rivero, la Policía recupera 24.000 dólares, los que sumados a los 1.500 que Rivero ya había entregado al policía que le hizo de "campana", más los 1.000 que encontró el día que lo fueron a buscar, más otros 500 que se gastó en provecho propio, hacen 27.000 de la moneda norteamericana.
Hacerse esta pregunta significa preguntarse también cómo se enteró el ladrón que en la casa de González había 40 mil dólares a disposición teniendo en cuenta que no conocía a la víctima- y porqué la Justicia de Carmelo, en aquel entonces en manos del tristemente recordado ex juez Carlos Colmenero, no continuó con la línea de investigación que profundizó la Policía.
Pero antes, otra precisión: los 40 eran 34. En realidad, aunque González había guardado en la vieja cartera escondida en el ropero de la hija la suma de 40 mil dólares que recibió por un tema familiar, cuando llegó el ladrón se encontró con menos dinero del pensado. "Los autores del hecho siempre dijeron que había 34 mil dólares y yo me preguntaba qué había pasado con el resto", comenta a LA REPUBLICA González. Tampoco se supo qué pasó con la diferencia entre los 27 mil recuperados y los 34 que dice el ladrón que sustrajo durante la incursión en la casa de González.
A pesar que en la nebulosa hay una diferencia de 7 mil dólares (de los 27 a 34), del trasfondo de la historia González no supo nada hasta que se separó. "Hasta enero de este año, que me tuve que ir de casa por otro tema; ahí empezaron a llamarme para contarme cómo había sido la historia", señala.
González obtuvo entonces el expediente y se enteró, en enero de este año, que en su entorno un familiar concurría al casino los días que él, por su trabajo, no estaba en Carmelo, que se endeudaba fuertemente en el juego y que recurrió a un prestamista particular, al que llegó a pedirle 1.800 dólares para gastar en el juego. "Se gastó esa plata y después no la pudo recuperar", especula.
La declaración del prestamista en el expediente policial es lapidaria. Admitió que conocía al familiar de González y que le prestaba dinero que luego le devolvía en el casino. "En algunas oportunidades le ha prestado dinero, siempre en dólares, por lo general de a 100, pero en una oportunidad le prestó U$S 1.800, que siempre se los devolvió en el casino".
En el Juzgado ratificó que "es asiduo concurrente al casino, creo que a escondidas de su marido", dijo. "Ahí está la clave de por qué no había 40 mil", señaló González a LA REPUBLICA.
No sabía nada, hasta enero de este año, como consecuencia de un problema familiar por el que tuvo que dejar la vivienda. "Yo me enteré de cómo fue la historia del robo cuando dejé Carmelo, ahora en enero. Todos sabían cómo había sido la cosa pero nunca nadie me quiso decir nada", y agregó: "ahí hablo con el abogado y le mando que pida el expediente. Cuando lo leo no lo podía creer. En estos cuatro años ni me imaginé que fuera mi propio entorno", señaló.
Luego de terminar "otros temas" en los que se encuentra trabajando, González anunció: "Voy a volver a pedir a la Justicia que se reabra el caso" para saber "hasta el final" qué fue lo que ocurrió. Es que el caso lo tuvo en sus manos el ex juez Carlos Colmenero y fue "sepultado" luego del procesamiento de los dos autores materiales. *
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