Pablo, es un joven vecino de Empalme Olmos, que vive con su familia al lado de la casa de los Cabana. "Los conozco desde que me mudé dijo a LA REPUBLICA; ellos ya estaban aquí cuando yo vine". El solidario y corajudo vecino recuerda con angustia los momentos vividos: "Me fueron a golpear la puerta; la vecina se metió para adentro de mi casa a pedir ayuda, que la ayudara, que se le prendía fuego la casa; no pensé en nada y salí". El joven recuerda que "me metí para adentro e intenté sacar a los niños; no veía nada, entonces salí y por afuera arranqué con las manos la ventana del costado que da justo a mi casa. No se podía llegar al fondo de la vivienda ni entrar por atrás, por eso fui derecho a la ventana, para entrar al cuarto de los niños". Con la voz entrecortada, Pablo cuenta que "yo estaba con Daniel, le dije de ir a buscar a los niños, me trajo a la chiquita en brazos, la llevé a mi casa, la dejé con mi señora y volví a buscar a los otros; ahí ya no lo encontré más a él. Fue impresionante, no los encontraba, sentía una desesperación enorme, pensaba que estaban tirados en el piso y no los veía por ningún lado, ni en el dormitorio; se habían metido en el baño, supongo que Daniel quiso sacarlos por la puerta de la cocina y como no pudo se encerró en el baño". Sin ocultar la profunda tristeza que lo embargaba, Pablo relató que "nadie podía imaginar que estaban en el baño; los encontraron los bomberos después que estaba todo apagado; fueron al baño como última opción. Yo me fui con la niña al hospital y allí también me atendieron a mí. Fue horrible, hacés lo que podés y no es nada".
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