Con resignación, la seccional tenía en proceso una actuación de rigor por otro hurto en una vivienda cometido, también éste, en una casa en la calle C esquina 12, por donde transitan las empresas omnibuseras, y a tres cuadras de la esquina principal de la zona del centro comercial. Eran las 00.40 horas del sábado. Los delitos nunca duermen, se dice.
El sábado había terminado igual. Otro hurto en vivienda. Uno más. Esta vez, también en Avenida Ferreira, la arteria principal, en una casa entre las calles 26 y 27, a cuatro cuadras del arroyo Solís Chico, ideal para deportes naúticos, y en una zona de alto valor inmobiliario.
Menos de una hora antes, cerca de las 23.35, se había recibido otro llamado, también de la transitada Avenida Mario Ferreira, pero esta vez de una casa entre las calles C y D, en Las Toscas, otro balneario tipo residencial, entre Parque del Plata y la muy agitada Atlántida.
Antes de que bajara el sol, un accidente con lesionados a las 19.10 horas había reclamado todos los vehículos disponibles. Un joven motonetista fue asistido en la Interbalnearia y derivado al Hospital de Clínicas. La comisaría coordinó las acciones entre las ambulancias y la Caminera.
Pero fueron apenas 45 los minutos que habían transcurrido entre el accidente y el hurto anterior. La comisaría recibió un llamado a las 18.25. Era una familia de veraneantes que padeció la peor de las pesadillas de todo turista: regresaron de la playa y hallaron su vivienda violentada. Les robaron una computadora portátil, celulares, documentos de identificación y dinero en efectivo. Fue un día de sol. El delito fue cometido a poquitas cuadras de la comisaría "saturada".
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