Con las actuaciones de ayer, se alejó bastante la posibilidad de que Pamela haya sido atacada ocasionalmente por uno o más sujetos que la hayan encontrado la madrugada del pasado domingo deambulando por algún lugar no muy lejano a su casa.
Quien la mató probablemente era conocido de la niña, aunque ella no lo habría identificado hasta después de realizar esas dos llamadas al servicio telefónico de emergencias 911, que quedaron truncas.
Para algunos sicólogos del medio, el marco familiar de protección de la niña no fue el más adecuado; ella fue vulnerable aunque hoy parezca que nadie se había dado cuenta de ello, ni siquiera en la escuela a la que concurría.
Los mismos profesionales entienden, además, que para tomar la decisión de escaparse de su casa como lo hizo en la primera hora del pasado domingo, tuvo que haber pesado cierto acostumbramiento a hacerlo, pero además hubo un estímulo, un impulso para que lo hiciera sin medir otras consecuencias por su precoz edad.
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