"Hace unos instantes adelanté el reloj 4 horas, estamos volando en un Boeing 747 de TAAG, Transporte Aéreo Angoleño, vuelo N 742, despegamos de Río de Janeiro a las 19.30 horas de Uruguay y en este momento nos encontramos volando sobre el Océano Atlántico. Hay turbulencias, por lo que el avión se mueve y nos ordenaron abrocharnos el cinturón de seguridad, a mi lado van Luis Schenk y Ruben París, detrás de nosotros Juan Carlos Rodríguez, Juan Nantes y Rafael Pintos, en otra fila viajan Héctor Olivera y Alberto Ayala, más atrás Alberto Tulón. Hace calor, estoy tranquilo, confío en el Señor y sé que en Uruguay están orando por mí".
(...) "Es hermoso el avión, estamos viendo una película de comedia en la pantalla que tenemos delante, ahora he de decir que nos sirvieron el desayuno y estamos por aterrizar en el aeropuerto de Luanda son las 07.00 horas de Angola, vamos entre las nubes y ya estoy viendo la pista, ahora no puedo escribir más porque debemos prepararnos para el aterrizaje".
"La patrulla de hoy la hicimos con Héctor Martínez a la aldea de Saemba, distante a 20 km de la ruta a Chinguar, y a la que se llega por una senda. Vimos al Jefe, quien resultó llamarse Rufno Capití. Una vez que íbamos llegando a la salida, frente a la escuela y capilla de la aldea, pudimos escuchar disparos de armas de fuego. Frente a nosotros se desplegó una escena alarmante, las mujeres corrían hacia el follaje con sus niños colgados a su espalda, otros en brazos. También corrían los niños y los hombres todos con el terror dibujado en sus caras".
"De pronto un hombre cambió de dirección y se dirigió a nosotros pidiendo ayuda. Nos dijo que era un ataque de la Policía de Intervención Rápida de Angola, que tiene un cuartel cerca de Bela Vista, que ellos efectuaban disparos con los AK 47 y luego que la gente corría y abandonaba sus casas o chozas, entraban a las mismas y se robaban todos los alimentos y animales, gallinas, cerdos, cabritos. Que después obligaban a las mujeres a llevar los productos robados vejándolas por el camino, y que esto había ocurrido más de tres veces seguidas".
(...) "Héctor y yo nos sentíamos abrumados e impotentes, ya que en ese momento no podíamos hacer nada para defender a esa gente, si eso hubiera ocurrido cuando nosotros estábamos armados hubiera sido diferente, pero los obervadores no pueden portar armas y no nos quedaba otra salida que abandonar el lugar o morir y decidimos lo primero que sería lo más cuerdo y útil a esa pobre gente".
Hoy recibimos la triste noticia de que la guerra comenzó en el norte de Kuito Bié a sólo 90 killómetros de aquí y hoy vimos pasar seis camiones militares, tres remolcando un cañón de 155 mm cada uno y otro con una pieza de artillería más pequeña; también pasaron cuatro tanques cargados de soldados, un camión remolcando una cisterna para combustible, además todos cubiertos con camuflaje. Esto me hace temer que mañana nos despertemos con los sonidos de la guerra, pero bueno, para eso estamos aquí, todas las personas están atemorizadas y muchos han abandonado la villa, se ven pasar helicópteros, tal vez transportando heridos provenientes del norte de Kuito, no lo sé. "Hoy no pude hablar con mis hijas, no sé si es problema de la base de Peñarol o qué. Mañana voy a ir a Huambo y traeré las fotos que he tomado".
"Hace unos cuarenta y cinco minutos, cuando me disponía a prender el trailer en la patrulla para ir a buscar agua al río, vi que un jovencito, a quien en una oportunidad le curé una herida en una de sus piernas, se dirigía corriendo hacia donde me encontraba, diciéndome que esperara, que no me fuera, que yo corría peligro, le pregunté por qué y me contestó que necesitaba hablar donde nadie nos escuchara".
"Lo llevé a la entrada de la casa dormitorio y allí me dijo que durante la noche pasada gente de la UNITA se había llevado dos personas de la aldea de San Juan. Luego me preguntó si habíamos escuchado algunas explosiones a lo que respondí afirmativamente y que durante la mañana vimos pasar policías con RPG 7 y otras armas pesadas, por lo que en forma temerosa y casi en voz imperceptible comenzó su relato. Esa mañana, cuando con sus padres se dirigía a una aldea cercana a cambiar pescado seco por harina de maíz y trigo, rumbo al lugar donde nosotros sacábamos agua, bordeando el camino entre los arbustos, pudo ver cómo la policía de Vila Nova colocaba minas entre los charcos de agua por los que nosotros debíamos pasar y también en las huellas, lugares por los que pasábamos obligatoriamente".
"Además agregó que en el lugar donde nosotros sacábamos el agua cerca de un viejo puente, la UNITA había emplazado un gran cañón, sólo a siete kilómetros de aquí. Y si se les da por cañonear Vila Nova, nos van a destruir, para asegurarme le hice repetir tres veces lo que vio y las tres veces dijo lo mismo". (...)
"Son las 19 horas y en la tarde antes de oscurecer comenzó un gran tiroteo cerca de nosotros, los policías de Vila Nova y los pocos soldados de las FFAA que hay acá comenzaron a correr en todas direcciones y se escuchaban disparos por todos lados y en diferentes sectores. Las mujeres lloraban y los niños gritaban atemorizados, nosotros nos refugiamos en el interior del Team Site y comunicamos a Humabo por radio que la situación era caótica y de riesgo total. Ellos nos pidieron que mantuviéramos la calma e informáramos".
"Una vez que terminó el concierto patético de las armas, preguntamos a los que pasaron frente al Team Site qué había sucedido y todos nos decían cosas diferentes sin fundamento, hasta que una mujer a quien en una oportunidad le dimos medicamentos, nos dijo que la UNITA había atacado Vila Nova, retirándose luego de provocar el caos, ignorando ella si hubo muertos o heridos, sólo que ella se quería ir con sus hijos a otro lugar lejos del combate".
"Durante la mañana esperamos y esperamos la orden de evacuación y el convoy no apareció, hace unos momentos nos enteramos de que venían el Comandante Regional Policial y otros a una reunión con nosotros, pero que al llegar al Check Point a la salida de Huambo, las autoridades gubernamentales los detuvieron, diciéndoles que la ruta no era segura y que no debía pasar".
"Más tarde llamó el Comandante Regional Militar, un coronel polaco, para avisarnos que mañana de mañana nos van a sacar, sea como sea y cueste lo que cueste. Para nuestra consternación a las 16.30 comenzó de nuevo el infierno del bramar de los cañones. Esta vez lo pudimos apreciar mucho más fuerte y más cerca de nosotros, tanto que al treparme al techo para observar pude ver las columnas de humo de los cañones emplazados cerca de nosotros y también para el lado de Bailundo, así como desde el lugar en el río, tanto que impresionaba. Encima de la zona de combate veía a la distancia a dos helicópteros que días atrás pasaban transportando heridos hacia Humabo, sobrevolando la zona de combate. La verdad que no sé qué puede pasar y pasarnos a nosotros, especialmente durante la noche y me sigo preguntando ¿qué están esperando para sacarnos de aquí?; cada vez se acercan más y el fragor de la batalla se hace más y más intenso".
"Hace un instante vino Nune, mi pequeño amiguito, estaba llorando desconsoladamente y le pidió a Héctor Martínez que le diera veneno. Cuando le preguntamos para qué, nos dijo que quería morir, porque la guerra estaba cerca. Eso nos destrozó el corazón en mil pedazos, ya que un niño decida morir porque le han matado las esperanzas de vivir sin temor, es mucho para mí, lo abracé y le pedí que confiara en Dios y que era muy joven para morir y le prometí que íbamos a hacer todo lo posible para parar todo esto, aunque en mi corazón sabía que es imposible ir contra la terquedad de los seres humanos cuando la ambición de poder, de gloria y de riquezas les nubla la visión haciéndolos perseguir sus metas, aunque sacrifiquen la vida de miles de inocentes de su propio pueblo".
"Mañana nos vamos para Uruguay y por eso esta noche hubo una cena de despedida. Gustavo Camejo asó pollos y hubo momentos emocionantes en los que se contaron y relataron anécdotas. Estas fueron referentes a la estadía en la Misión MONUA de Naciones Unidas, yo ya entregué todo y tengo mi equipaje pronto para regresar a mi país, de allí no sé qué va a pasar, con qué me voy a encontrar, el dinero que gané sé que no me alcanza para comprar un terreno y hacer una vivienda, pero tengo esperanzas de salir a otra misión".
(...) "No puedo entender a las autoridades de nuestro país, no puedo entender la razón por la que están privando a Naciones Unidas de contar con nuestro trabajo y a nosotros de representar a nuestro querido Uruguay, en aquellos países que necesitan de la solidaridad de nuestro pueblo.
No soy yo solo sino que somos muchos y vamos a seguir luchando para que Uruguay y la querida Policía Nacional siga teniendo representantes en las filas de los Observadores de las Naciones Unidas".
* Selección de textos: Raúl Legnani
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