Tras pelearse nuevamente con su compañera y su suegra, esta última tomó una pistola calibre 7.65 propiedad de un policía, amigo de la familia, y lo mató de cuatro balazos. Luego, al ser atacada por el padre de Marcos, también le efectuó un disparo hiriéndolo en el vientre.
La violencia había empezado a gestarse en el seno de la familia de Marcos Hernández el lunes 25. En la vivienda ubicada en la calle Tapabí, a pocos metros de Besnes Irigoyen, en Colón. Ese día almorzó la familia constituida por el mencionado Marcos, su padre, su compañera, la madre de ésta, de 54 años, y muchos amigos allegados, entre ellos un policía de la Seccional 8ª, que aparte de su 38 reglamentario llevaba al cinto una pistola calibre 7.65.
En el transcurso del almuerzo surgieron viejas rencillas, alimentadas por la ingesta de alcohol, según la Policía. En uno de los entredichos, la compañera de Marcos lo insultó y éste le dio un puñetazo. Su suegra salió en defensa de la hija y el padre de Marcos intercedió a favor del suyo.
Contrincantes y comedidos se trenzaron en lucha familiar en medio de platos que volaban, gritos y botellas rotas.
Los policías de la Seccional 21ª arribaron en pocos segundos, ya que la comisaría está ubicada a cinco cuadras de distancia del lugar del incidente navideño.
Pruebas y testimonios señalaron a Marcos Hernández como el agresor, por lo que fue llevado preso a la dependencia policial. El comisario Jorge Cor comunicó el hecho al juez en lo Penal de 6º Turno, Carmona, quien dispuso que lo retuvieran en la comisaría durante 24 horas y lo dejaran libre el martes a las 14 y 15 horas, pensando que para ese entonces ya se hubieran calmado los ánimos.
Aunque fue todo lo contrario. Esas horas que pasó Marcos Hernández encerrado sirvieron para ir juntando bronca y cuando salió ayer a las 14 y 15, tal cual estaba dispuesto, se fue derechito a la casa de su familia.
Apenas entró volvió a estallar "la guerra" que había quedado pendiente. Volvieron las recriminaciones, los puñetazos y sillazos. En un momento en que le aplicó un golpe a su compañera, la madre de éste salió otra vez en su defensa y el agresor también le pegó a ella. La mujer cayó junto a un mueble donde estaba la pistola 7.65 que había dejado el policía de la Seccional 8ª, amigo de la familia, que en esos momentos había salido a hacer un mandado.
La mujer tomó la pistola y tras reincorporarse le disparó a Marcos Hernández haciendo blanco en el pómulo izquierdo. A causa de la fuerza del impacto el herido se dio vuelta recibiendo el segundo tiro en la nuca. La mujer disparó dos veces más y acertó los dos impactos en el cuerpo de su yerno. Una bala lo alcanzó en la omæoplato derecha y otra en un pulmón.
Marcos dio dos pasos, salió a la vereda y cayó para siempre junto a un árbol.
Allí no terminó la cosa, porque el padre de la víctima, al ver caer a su hijo, se abalanzó sobre su consuegra y ésta le efectuó un disparo que lo hirió en el estómago.
El herido fue trasladado en forma urgente al Casmu 2, donde quedó internado para ser intervenido quirúrgicamente, en tanto que los efectivos de la Seccional 21ª detuvieron a la mujer quien pasó a ocupar la misma celda donde el día antes pasó encerrado su yerno.
Mientras tanto, el policía de la Seccional 8ª, con cuya pistola se había desatado el tremendo baño de sangre, pretendió alejarse con el arma homicida para deslindar su responsabilidad, pero fue detenido a pocas cuadras por sus colegas de Colón. El hombre entregó el arma y dijo que él no estaba en ese momento, por lo que no pudo intervenir para evitar la trágica pelea familiar.
Instantes después, llegaba el inspector Oscar Rosales Gadea, jefe de la 3ª Zona, acompañado por personal de la Policía Técnica. En tanto, el juez que había liberado a Marcos llegó un poco más tarde.
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