Luis Ovidio Vega | PAYSANDU
Una investigación de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), a la que tuvo acceso LA REPUBLICA, revela que la trata de mujeres crece en la República Argentina, de la mano con la connivencia policial y política, operaciones en las que hay varias mujeres uruguayas.
El crecimiento de este "negocio" se explica en un extenso informe de la (OIM), en el que se revela la trama oculta de las redes de trata con fines de explotación sexual de mujeres y niñas. La investigación constató que este fenómeno "compromete todo el territorio argentino" y que hay personas y organizaciones que específicamente se dedican a la venta de mujeres. Por una mujer se paga entre 100 y 5.000 pesos, dependiendo de la zona, de la edad y las características de la "mercadería". La práctica más común de captación es el engaño, pero también está extendido el secuestro. Se informó que los proxenetas más importantes llegan a regentear hasta 30 mujeres que "alquilan" a distintas whiskerías y las van rotando. La pesquisa determinó que puede pasar mucho tiempo hasta que una mujer puede liberarse del proxeneta y hay casos en que nunca lo logra.
El informe describe los mecanismos de las redes, cómo opera cada uno de sus eslabones, cuáles son las rutas del tráfico de mujeres y cuál es el perfil de las víctimas.
Hay un predominio de la trata interna, aun cuando fueron identificados casos de trata internacional, sobre todo de mujeres uruguayas y paraguayas que ingresan por Misiones y Entre Ríos
La investigación detectó tres tipos de tratantes: reclutadores, proxenetas y regentes de prostíbulos. Para su trabajo recurren a la protección de "funcionarios públicos" y de "miembros de las fuerzas de seguridad". Pero los tratantes también necesitan de la labor de otros "operadores secundarios", como empleados de empresas de transporte que garantizan pasajes para el traslado de mujeres o documentación de viaje a disposición, personal de compañías de telefonía celular que proveen líneas "seguras" e individuos encargados de confeccionar documentación falsa para menores y extranjeros.
Los investigadores verificaron que en muchos casos los reclutadores actúan en pareja y simulan ser un matrimonio, a veces, incluso, con niños. "De esta manera brindan mayor confianza a las mujeres y sus familias para creer en el ofrecimiento de trabajo como niñera o empleada doméstica y el engaño es más efectivo.
Los proxenetas obtienen ganancias de la explotación sexual de una o más mujeres de "su propiedad" que circulan a través de las distintas instancias de la red, pero que no cuentan con establecimientos propios para que estas trabajen. "La explotación puede darse sobre mujeres que previamente ejercían la prostitución o que nunca antes lo habían hecho", destaca el estudio. El relevamiento reveló que el medio "más clásico" de reclutamiento de los proxenetas es el "enamoramiento", por ello se los denomina también "maridos". "Es decir describe el informe simulan una relación sentimental y utilizan la vulnerabilidad que dicha relación genera en las mujeres". Una de las modalidades constatadas por los investigadores mediante la cual los proxenetas consolidan el vínculo "sentimental", al tiempo que aseguran la coacción sobre sus mujeres, es tener con ellas un hijo al que reconocen legalmente.
La investigación cuenta que las mujeres engañadas o secuestradas que llegan a los locales se reconocen fácilmente porque son "las que lloran". Si la mujer opone resistencia y se niega a ser explotada sexualmente, el regente o sus empleados ponen en marcha los distintos mecanismos de disciplina. "La mujer es violada y golpeada una y otra vez hasta que asuma su nueva condición y acepte pasar al salón a prostituirse. Asimismo, en estos casos suelen amenazarla con matarla o lastimar o matar a su familia en su lugar de origen", describe el informe.
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