De un conflicto político que se podría negociar en una mesa de diálogo, se está tratando de hacer una contienda religiosa y una guerra santa, dijo el embajador de Israel en nuestro país Yosef Arad.
El diplomático, en entrevista con LA REPUBLICA, opinó sobre el recrudecimiento de la violencia entre israelíes y palestinos, y dijo que es muy difícil encontrar una solución, porque se trata de dos culturas, dos conceptos de vida, totalmente diferentes.
--Embajador, el espiral de violencia en Medio Oriente, particularmente entre israelíes y palestinos, crece todos los días y ello indica que es cada vez más difícil de frenar...
--Seguro, es así. Y ese es nuestro temor.
--¿Por qué este recrudecimiento del enfrentamiento, luego de una relativa calma durante las negociaciones de la Cumbre de Camp David?
--La Cumbre de Camp David, en julio de 2000, fracasa pese a la oferta que le hicieron Clinton y Barak a Arafat. Arafat no debería haber rechazado esa oferta, ya que del territorio se le daba casi el 95%, cuando ahora el 98% de la población ya vive bajo la autoridad palestina. Otros temas en discusión --como Jerusalén y los refugiados-- iban a ser tratados en la fase definitiva del acuerdo y en la mesa de negociaciones.
Arafat decidió que no era suficiente el 95% del territorio. Además quería la soberanía completa de Jerusalén, única, algo que no le podemos dar, ni Israel ni la humanidad. Porque toda la ciudad vieja y el Monte del Templo alberga a las tres religiones. Particularmente al judaísmo y al cristianismo, ya que para el Islam primero está la Meca, Medina y en tercer lugar Jerusalén.
--¿Por qué Arafat no aceptó la propuesta?
--No lo aceptó porque --y él lo dijo-- quiere ser el Saladino moderno. El que conquistó Jerusalén hace centenas de años. No lo aceptó por razones de prestigio y de heroísmo, pero hoy en día no podemos volver a revivir las guerras santas.
De un conflicto político, que se podría negociar en una mesa de diálogo, está tratando de hacer un conflicto religioso y una guerra santa.
Todos los días usted puede ver las declaraciones de los imanes y de los religiosos que declaran la guerra santa contra los judíos; siguen con ese discurso.
Cuando vemos los grupos fundamentalistas islámicos, fanáticos, como Hezbolá y Hamas, reivindicando una guerra santa contra Israel, todo se hace más complejo y difícil.
--Sin embargo también Israel ha hecho un uso desmedido de la fuerza en este conflicto...
--La gente critica el uso de la fuerza. Pero también hay que entender que Israel sufre de los ataques suicidas, del uso de niños-kamikazes, de los ataques contra la población civil. Para ellos el conflicto no es con las tropas de Israel, ellos atacan de una manera indiscriminada a la población civil con la finalidad de conseguir un objetivo sicológico, creando un ambiente de terror entre los israelíes.
Los niños palestinos son llevados a la línea de fuego, les enseñan a matar, hace pocos vimos en las noticias las escuelas de suicido.
--¿Cuál es la solución para terminar esta guerra de baja intensidad entre israelíes y palestinos?
--La verdad, no sabría decirle. Es muy difícil encontrar una solución, porque se trata de dos culturas, dos conceptos de vida totalmente diferentes. Israel siempre ha tenido la bandera de la negociación y de la paz, y del otro lado durante muchos años tenían la bandera del terrorismo. La OLP durante 30 años fue una organización terrorista y nosotros en 1993, cuando se firmó el Acuerdo de Oslo, consideramos que habían optado por el camino político para llegar a la paz.
Pero la Intifada, lamentablemente, parece demostrar que cambiaron de idea.
--¿La falta de unidad en los palestinos y la presión de los grupos radicales sobre Arafat no son un escollo para encontrar una salida a la situación?
--No descartamos que él pueda tener su oposición interna, pero ahí es donde se demuestra si es un líder. Si realmente quiere la paz, él tiene que imponerse. El tiene su Ejército y si lo quiere lo puede hacer. Durante una época, en el proceso de paz, no había actos de terror, había incluso cooperación entre las fuerzas de defensa de israelíes y palestinos. Eso estaba dentro del Acuerdo de Oslo. Las patrullas conjuntas salían a controlar la situación.
Pero, hoy en día no quieren controlar y eso significa que no tienen interés, y piensan que a través de la violencia van a conseguir más objetivos, pero están equivocados.
--¿Observadores internacionales para la región?
--No van a solucionar nada. Ya tenemos el ejemplo en el Líbano, bajo sus narices fueron secuestrados tres soldados. Observadores pueden haber cuando se logre un acuerdo paz, como tenemos en el Sinaí, donde hay una fuerza internacional con efectivos de Uruguay.
Primero hay que firmar una paz y decidir las fronteras.
--Los palestinos están dispuestos a aceptar a los observadores, incluso los piden con insistencia.
--Ellos lo quieren por dos motivos. Primero para socavar la soberanía del Estado de Israel, quieren hacer un Kosovo. Y eso no lo vamos a aceptar. Y en segundo lugar van a atacar a Israel y luego se van a esconder atrás de los observadores. Y eso tampoco lo podemos tolerar.
--Muchos opinan que esto podría desembocar en una nueva guerra en el Medio Oriente, con otros países árabes involucrados.
--Ojalá que no. Aunque no faltan elementos que la quieren. Hay países beligerantes en la región a los que una guerra les puede servir, les puede caer como un guante a la mano. Por ejemplo Irak, así lograría desviar la atención de todo lo que sucede en el interior de su país, unificando a todos contra un enemigo externo.
Eso ya lo vimos en otras partes del mundo. *
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