RUBEN BORRAZAS
Había nacido en el departamento de Durazno en el año 1924 y siendo una niña llegó al barrio Sur de Montevideo, donde aprendió a cantar sobre los discos que sonaban en las victrolas de las casas donde servía su madre. Con los años se convertiría en la vecina más ilustre de ese barrio Sur montevideano, que junto con su vecino barrio Palermo conformaron los epicentros del candombe uruguayo. Barrios de lucha diaria, de amaneceres rumbo al trabajo y que se mezclaban, al llegar la noche, con cantos de gargantas fatigadas, enronquecidas al compás de guitarras, de tamboriles y de bandoneones en patios abiertos al cielo.
Lágrima Ríos se inició como cantante a mediados de los años cuarenta, por la zona de avenida Italia y Propios, en uno de los tantos recreos que entretenían a nuestra ciudad, que por esos años era apacible, bucólica y con sensibilidad aldeana. Allí comenzó a transitar su camino artístico ganada por la música, convencida de que su vocación estaba allí, arriba de un escenario y que esa vocación debía desarrollarla.
En una oportunidad recordaba aquellos comienzos: "Siempre tengo presente la vez que debuté en un escenario. Era una noche cálida de verano con gente tomando cerveza, sentada alrededor de las mesas, y con la presencia de mis padres que habían concurrido muy orgullosos a observar mi debut artístico. Contaba con 18 años y recuerdo que hice dos tangos "Cantando" y "Sin lágrimas", que estaban en el repertorio de una mujer que yo admiraba mucho: Mercedes Simone".
Su nombre de familia era Lidia Melba Benavídez y fue rebautizada Lágrima Ríos por el músico, guitarrista, compositor y poeta Alberto Mastra, cuando ella cantaba en un quinteto vocal denominado "Brindis de Sala", a mediados de los años cincuenta. Luego ella incorporaría a su repertorio muchas obras de este compositor, como "Bon jour mamá", "Mi viejo el remendón", "Una pobre melodía", "Candombe Federal".
Con más de seis décadas de actividades en nuestro país, con varias actuaciones en América Latina y en España, donde residió algunos años cantando tangos, valses peruanos, boleros, candombes y hasta canciones del repertorio campero, pero sin trascender mayormente. Ella es una de esos artistas a los cuales los reconocimientos les llegan cuando alcanzan la madurez de sus vidas, como si estuvieran predestinadas a llenar un vacío de expresión en determinados géneros populares. Algo parecido ocurrió con otra cantante, la mexicana Chabela Vargas.
Cuando estuvo en la madurez y la plenitud de su carrera, Lágrima cantaba con una voz cargada de ternura, con una dicción que sonaba como de otra época, inocente y con cierto aire pueblerino, tenía una enorme capacidad para la comprensión de letras maravillosas que parecían olvidadas para siempre y lo hacía con la suficiente autoridad y capacidad para trasmitirlas con sobriedad, con rara sugestión, de manera serena, cordial, algo distante y discretamente romántica. Como si fuera una narradora que nos conversa en forma coloquial, íntima.
Pero generalmente no son sus méritos interpretativos y musicales lo primero que se menciona al hablar de ella, sino el de haber sido una inmejorable cantante de los ritmos africanos que le ganaron el apodo de "La dama del candombe". Muchas veces se olvida que fue la única cantante mujer de raza negra que tuvo el tango. Hubo dos uruguayos: Raúl Rorra y Carlos Burgos.
En los últimos años, cuando su voz ya sonaba gastada por el inexorable paso del tiempo, ella sabía manejar los recursos de una garganta con oficio y poniendo el alma en cada interpretación. Eran dos cualidades que unidas definían el encanto de su voz.
Llegó en pocas oportunidades al disco, pero dejó grabaciones memorables. En ellas recorrió todos los géneros que abordaba arriba de los escenarios. Su últimas grabaciones las realizó en Buenos Aires, siendo convocada por el productor Gustavo Santaolalla para intervenir en un disco denominado "Café de los maestros", donde participaban figuras del tango como Mariano Mores, Leopoldo Federico, Horacio Salgán y Atilio Stampone, entre otros. Además grabó un disco que se denominó "Canción para mi pueblo", en estudio Naif de Montevideo para el sello Perro Andaluz, donde incluyó tangos, milongas y candombes.
Fue siempre una mujer sensible con su raza, con la gente y con los problemas de su tiempo. Solía recordar con orgullo su pasado y sus orígenes: "Soy hija de madre negra y esa es la parte más fuerte de mí. Yo me siento negra, me siento parte de esa colectividad tan maltratada, tan vapuleada y tan poco apoyada en lo que hace. Yo he sido discriminada varias veces. Por los años cincuenta cantaba en una orquesta típica que andaba muy bien en los bailes y un día en la sede de un club le dijeron al director que si seguía teniendo una cantante negra iban a dejar de contratarlo".
Con el correr de los años, Lágrima Ríos fue presidenta de Mundo Afro y desde allí desarrolló una importante labor para dar a conocer la historia de los negros en nuestro país. Sobre esta temática dio conferencias en varios países. *
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