Casella dijo que habla también en representación de los otros dos militares uruguayos extraditados a Chile, el teniente coronel Eduardo Radaelli y el coronel Wellington Sarli, ambos en actividad. Afirmó que Berríos nunca estuvo secuestrado. Reivindica su inocencia y la de sus dos camaradas de armas, y afirma: "Había mucha gente interesada en que Berríos no viviese", aunque no los identifica y agrega: "Y dos personas interesadas en que viviese. Las dos personas eran Casella y Radaelli, porque éramos los que habíamos puesto la cara frente al jefe de la Policía en Parque del Plata. Si yo hubiera sabido dónde estaba, yo lo iba a cuidar, que no le fuera a pasar nada". No hace ninguna referencia a Sarli, quien fue identificado por un médico de Parque del Plata como uno de los acompañantes de Berríos.
Casella también reconoce en la entrevista que se mantenían estrechos contactos con la Inteligencia chilena en plena democracia. Hubo viajes a Chile, viajes de chilenos a Montevideo y cursos de Inteligencia en Santiago con participación de oficiales uruguayos. El militar afirma que están extraditados por presiones políticas de la senadora chilena Carmen Frei, ya que Berríos estaría involucrado en la muerte por envenenamiento de su padre, Eduardo Frei.
Casella dice que fue casualmente edecán de Pinochet en su visita a Uruguay y que lo llevó a conocer lugares turísticos y librerías.
Eugenio Berríos era un químico y agente de Inteligencia de la dictadura de Pinochet. Como químico fabricó diversos tipos de armas para que se utilizaran contra opositores, entre ellas el gas sarín. A Berríos se lo vincula con dos crímenes que cobraron gran notoriedad, el de Orlando Letelier y el de Eduardo Frei. Su vinculación con el crimen de Frei fue establecida recientemente. También hubo acusaciones, no comprobadas, de su participación en la fabricación de droga que se habría utilizado para financiar la actividad de los servicios.
Berríos llegó a Uruguay en 1991 escapando de una orden de detención en su contra en el caso del asesinato de Orlando Letelier. Usó el nombre falso de Tulio Orellana y estuvo siempre acompañado por agentes de Inteligencia chilenos. Los agentes de Pinochet pidieron ayuda y cobertura y la obtuvieron. Berríos fue alojado en la casa de Parque del Plata del coronel Eduardo Radaelli. El 15 de noviembre de 1992 salió corriendo de la casa de Radaelli gritando que lo habían secuestrado y se presentó en la comisaría de Policía de Parque del Plata. De allí fue retirado por Casella y Radaelli, y fue la última vez que se lo vio vivo. Se tienen noticias de que Berríos estaba con vida hasta diciembre de 1992, fecha en que habría hablado por teléfono con su esposa, residente en Chile. Lo que ocurrió después, aún hoy está en el misterio. En 1995 Eugenio Berríos apareció muerto en El Pinar. Se estableció que había recibido dos balazos en la cabeza.
En 1993 se hizo pública la situación vivida unos meses antes en Parque del Plata, a través de un anónimo que llegó a varios parlamentarios, entre ellos Matilde Rodríguez Larreta de Gutiérrez Ruiz. Una investigación de LA REPUBLICA reconstruyó los hechos.
Se realiza una investigación judicial, en el marco de la cual es baleado el despacho del juez actuante en Pando.
A solicitud de la Justicia chilena, en 2006 son extraditados Casella, Radaelli y Sarli al país trasandino.
A continuación reproducimos los tramos centrales de la entrevista aparecida ayer, en el diario chileno El Mercurio, conocido por su apoyo expreso a la dictadura de Augusto Pinochet.
"Tomás Casella Santos (60 años) está con libertad provisional. Es uruguayo, oficial en retiro en su país, padre de cinco hijos y está extraditado en Chile desde abril de 2006. En la Justicia chilena se sigue un bullado proceso en su contra: asociación ilícita y secuestro del ex químico de la Dina Eugenio Berríos.
Pero no está solo. Junto a él, dos oficiales de su país en servicio activo, Wellington Sarli y Eduardo Radaelli, están siendo procesados por el mismo caso.
Cuando llegaron al país quedaron recluidos de inmediato en distintos lugares. Casella pasó por la Escuela de Gendarmería junto al ex presidente peruano Alberto Fujimori. Radaelli y Sarli estuvieron en el Centro Nuclear del Ejército en Lo Aguirre. Hasta que la Octava Sala de la Corte de Apelaciones los dejó en libertad en setiembre pasado. Mas no pueden salir del país.
Tras catorce años de la desaparición de Berríos en Uruguay, en 1992, ninguno de los tres había querido contar su versión de los hechos.
Esta es la primera vez.
Entre los tres decidieron que el vocero sería Tomás Casella, el único que ya está en retiro. Los tres militares están de acuerdo en algo: que Berríos nunca estuvo secuestrado en Uruguay y que su extradición a Chile se debe a que equivocadamente se cree que podrían tener alguna relación con el caso de la muerte de Eduardo Frei Montalva.
En su defensa insiste en que usted y los otros dos militares uruguayos Eduardo Radaelli y Wellington Sarli son inocentes, que no participaron del secuestro ni del asesinato del químico de la Dina.
Sí, somos completamente inocentes. Fuimos investigados por estos hechos durante 14 años en Uruguay. Antes de abrirse el caso acá en Chile fue abierto en la Justicia civil uruguaya. Fuimos investigados y declarados inocentes. Pero en Chile esto adquirió un cariz político, y por eso es que fuimos extraditados.
¿A qué se refiere? ¿A presiones políticas?
Mire, la senadora Carmen Frei viajó a Uruguay y habló con el presidente de ese momento, Jorge Batlle, habló con los tres candidatos a presidente y habló con todos los miembros de la Suprema Corte, explicando la importancia que tenía que se diera nuestra extradición para, de esa forma, aclarar el crimen de su padre.
¿Y qué han declarado frente al caso Frei en el proceso?
A nosotros, el ministro Alejandro Madrid, que lleva la causa, nos ha dicho que nuestro caso no tiene nada que ver con Frei Montalva. Nosotros fuimos extraditados por asociación ilícita y secuestro en el caso Berríos. Ni siquiera por el homicidio de Berríos y, menos, por el caso Frei. Acá se podría pensar que como tuvimos algún contacto con Berríos que no lo conocimos por ese nombre sino como Tulio Orellana nos podríamos haber enterado de algún hecho protagonizado por él en el caso Frei, pero no existe nada. Yo pienso que de pronto la senadora Frei querría o esperaría que dijéramos 'sí, salimos con Berríos, se pasó de copas y nos contó que con gas sarín hizo tal cosa o que mataron a fulano'. Pero no es así.
Pero el ministro Madrid ha dicho que si ustedes 'quieren que esta situación sea corta en el tiempo, tienen que prestar una colaboración superior a la que han prestado'.
No quiero brindar opiniones respecto del ministro ni frente a la Justicia. Nosotros sólo decimos lo que sabemos. 'Nunca estuvo secuestrado'.
Usted sí reconoce que recibió a Berríos en Uruguay en 1991 y que tuvo varios encuentros con él.
El llega a Uruguay, creo que en noviembre de 1991. Hasta ese momento nosotros no sabemos nada de él ni lo conocemos. Más o menos en marzo de 1992 recibo una llamada telefónica de un oficial chileno, Julio Concha, y me dice 'van a andar dos personas del servicio por ahí, ¿les puedo dar tu teléfono por si precisan algo?'. Yo dije 'encantado'. A los varios días me llama por teléfono un chileno y me dice que me invitan a cenar. Me junté con ellos. Me dijeron que andaban de paseo.
¿Quiénes eran ellos?
Uno de ellos era Berríos, pero se hacía llamar Tulio Orellana. Nunca lo conocí como Eugenio Berríos. El otro se llamaba Carlos Ramírez. Tengo la convicción de que Berríos no estaba secuestrado ni nada, porque estábamos en nuestro primer encuentro, cenando en un restaurante en Montevideo, él se quedó sin cigarros y se paró y salió afuera a buscarlos. Si usted tiene un tipo secuestrado, por lo menos va y lo sigue, ¿no? Yo di cuenta a mi superior al otro día de que me había reunido con ellos. Yo prestaba servicios en la Dirección de Información de Defensa. Le di cuenta al director. Pero por una cuestión de norma.
¿Qué le dijo usted a su superior?
Que había dos oficiales de Inteligencia chilenos acá. Calculé que eran funcionarios de Inteligencia, y le dije que andaban de paso, que venían de Argentina y que iban a Brasil. Esto fue marzo o abril del 92. Mi superior me da la orden de que trate de mantenerme en contacto para ver qué estaban haciendo. A mediados del 91 me encontré a Berríos en un mall y hablamos un rato. En noviembre del 92 me llama por teléfono el tal Ramírez que andaba con Berríos. Me dice que anda por Montevideo y yo le digo que nos juntemos. Yo tenía la directiva del superior mío de saber qué andaban haciendo.
Usted, habiendo sido oficial de Inteligencia, ¿no sabía quién era Berríos, qué estaba haciendo en Montevideo ni su verdadero nombre?
No. Ni idea. Si alguien te dice 'me llamo Tulio Orellana' y anda con un documento que dice Tulio Orellana, ¿cómo sé que no es...? No le voy a pedir los documentos. Eso no era relevante para la Inteligencia uruguaya.
¿Y no averiguó? Su jefe le había pedido que mantuviera contacto con ellos...
Intenté ver, hablé con ellos, le di cuenta al superior y le digo que andan dos chilenos. La directiva del general fue mantener contacto. Fueron dos tipos con los que tuve tres a cuatro encuentros. Aparte, Berríos no andaba todo el tiempo con Ramírez. Eran tipos que andaban de paseo.
¿Y qué le dijeron en ese momento los chilenos?
Me preguntaron si conocía algún lugar de veraneo cerca de Montevideo. Les dije que no. Pero recordé que el oficial Eduardo Radaelli tenía una casa en Parque del Plata. Al otro día yo llamo a Radaelli. El me dice que la casa está disponible. Les pregunto a los chilenos si quieren ir. Me manifiestan que sí. Radaelli los lleva para allá, a Parque del Plata. Les da las llaves, los instala, se despide y se va.
¿Había instrucción militar expresa de proveerles de un lugar?
Ninguna. Era lo que para ustedes es una "paleteada". Si esto fuera una operación de Inteligencia, ¿cómo le iba a pedir a un oficial como Radaelli que prestara la casa de sus padres para instalarlos allí?
El 15 de noviembre del 92 se dieron los hechos en el balneario de Parque del Plata en Montevideo, donde Eugenio Berríos escapa de la casa del oficial Radaelli y grita que está secuestrado y luego concurren a un cuartel de Policía.
Por la noche, en la casa que había prestado Radaelli que yo le había pedido Berríos tomó whisky. Estaban Ramírez y Radaelli, al que habían invitado ese día. Berríos, además, tomaba antidepresivos. Se estropeó una cañería en la casa y mientras la arreglaban, Berríos hizo 'cortocircuito' y salió corriendo y gritando de la casa. Llegó donde un vecino que era capitán de fragata y le dijo que lo habían secuestrado. Acto seguido, llega Radaelli y parte a la comisaría con ese vecino. Luego, también Berríos llega a la comisaría, por sus propios medios.
Según su versión, ¿qué sucedió en el cuartel?
Ahí llega Radaelli con el vecino, pero Berríos no vuelve a repetir que está secuestrado. Dice que se sentía "como secuestrado". Radaelli le explica a la Policía la situación. Me mandan llamar. Yo le cuento a la Policía cómo lo conozco.
¿Y Berríos habló con usted?
Cuando me ve, me abraza y me dice: 'Tomás, perdóname. Yo creo que fue lo que tomé anoche. Me sentí preso, me sentí mal'. Estaban el jefe de Policía y el comisario. 'Entonces', le dije, 'quiero que les cuentes desde cuándo que estás acá, desde cuándo me conoces'. Entonces él dice 'no estoy secuestrado, me sentí como secuestrado, como preso'. Eso queda firmado en un acta. El dice 'me quiero ir con Casella'. El había sido revisado por un doctor y quiso ir luego al policlínico de Parque del Plata a agradecerle. Yo lo llevé. Volvimos a la casa de Radaelli. Les dije a los chilenos que volvieran a Montevideo.
Entonces nunca sospechó que Berríos estuviera secuestrado.
Mire, nosotros no decimos que nunca conocimos a Berríos. Sí lo conocimos, pero de ahí a que se nos quiera culpar de que nosotros estamos obstruyendo la Justicia chilena, que lo escondimos en Uruguay, formamos una asociación ilícita con la dirección del Dine, eso es falso, una absoluta mentira.
En febrero de 93 Pinochet viajó a Uruguay y a usted lo designaron su edecán. ¿Nunca discutieron sobre los incidentes relacionados con Eugenio Berríos?
Cada vez que viaja un comandante o un general a otro país se le pone un edecán. Alguien que haya estado en el país. Pinochet no tenía idea de quién era yo. Yo lo había saludado en una cena de 400 personas en 1975, cuando estuve en Chile. Respecto de lo que se ha dicho en torno a eso, ¿es lógico que Pinochet haya ido a Uruguay en febrero para ordenar matar a Berríos? ¿Precisaba Pinochet ir a Uruguay? ¡Se dijo incluso que había ido a presenciar la ejecución de Berríos! Yo a Pinochet lo acompañé a ver lugares atractivos del país y a algunas librerías. No recuerdo de qué hablamos.
¿El año 92 ustedes vienen a Chile invitados por el Ejército y pasan unos días en las Termas de Puyehue con los gastos pagados?
No vinimos a Chile invitados ni por Pinochet ni nada. Fue una reunión bilateral como cualquiera. Estuvimos cuatro a cinco días. Iba a haber un curso básico de Inteligencia para oficiales; fueron designados Radaelli y Sarli para venir. El curso se suspende porque algunos países no podían mandar gente. Como estábamos nosotros acá en Chile, el servicio invitó a quedarse unos días. Fueron seis días, estuvimos una hora o una hora y media en las Termas de Puyehue. Debemos ser muy baratitos los uruguayos para que nuestro premio supuestamente por secuestrar a Berríos fuera dos horas en Termas de Puyehue...
En 1995 apareció el cuerpo de Berríos con dos tiros en la cabeza en un balneario uruguayo. ¿Quién cree usted que pudo haberlo asesinado?
Yo tengo mi opinión, pero no la voy a dar en la prensa. Había mucha gente interesada en que Berríos no viviese y dos personas interesadas en que viviese. Las dos personas eran Casella y Radaelli, porque éramos los que habíamos puesto la cara frente al jefe de la Policía en Parque del Plata. Si yo hubiera sabido dónde estaba, yo le iba a cuidar, que no le fuera a pasar nada.
En el proceso se le atribuye haber sido aval del oficial Carlos Herrera Jiménez (condenado por el asesinato de Tucapel Jiménez) en el arriendo de un departamento en Montevideo en 1991.
A Carlos Herrera lo había conocido acá en Chile el 75 y Herrera va a Uruguay. El estaba retirado en ese momento y se había estado dedicando acá en Chile a la cría de cerdos y andaba buscando una chacra para comprar y yo le salí de aval de boca. Yo nunca firmé un papel ni nada por el estilo.
¿Y usted asegura que nunca se reunió con Herrera Jiménez y Berríos en Montevideo?
Todo esto que estamos hablando es muy anterior al tema Berríos. Yo no tengo precisión de en qué fecha llegó Herrera a Uruguay. Yo no estaba en ningún servicio de Inteligencia; yo estaba en el Servicio de Intendencia del Ejército y él me anduvo buscando hasta que me ubicó y me llamó. Para mí fue una alegría porque yo lo había conocido el 75 en la escuela de paracaidistas acá en Chile. Berríos llega en noviembre del 91. Herrera llega en el 91 a principios de año. Yo a Berríos en ese tiempo no lo conocía. No lo conocí hasta el 92. En enero del 92, Herrera va a Buenos Aires, lo detienen y lo extraditan para Chile.
¿Qué relación tuvieron con el capitán Luis Sanhueza Ross (procesado en varias causas de derechos humanos)?
A Sanhueza Ross le ayudé a sacar un trámite en Uruguay. A agilizar la entrega de una cédula de identidad. Se ha dicho que él estaba en una situación similar a la de Berríos. Eso es falso. El ha dicho que el 15 de noviembre estuvo en la casa de Wellington Sarli. Eso es falso. Cuando se anunció la extradición en Uruguay nos llamó por teléfono y nos ofreció su casa y abogados. Cuando llegamos a Chile nos fue a visitar. Ninguno lo recibió. Sanhueza tiene mil contradicciones en sus declaraciones." *
Eduardo Radaelli: Teniente coronel, 48 años, divorciado, tres hijos. Fue quien prestó a Berríos la casa en Parque del Plata, donde el químico aseguró a un vecino que estaba secuestrado.
Tomás Cassella: De 60 años, casado en segundas nupcias, llegó a ser coronel de Ejército. Es quien se reunió con Berríos en Uruguay y consiguió la casa en Parque del Plata. Fue edecán de Pinochet cuando éste viajó a Uruguay en la década de 1990.
Wellington Sarli: Coronel en actividad, 44 años, casado, un hijo. Ha declarado que nunca vio a Berríos. Sin embargo, un médico que estaba en Parque del Plata el 15 de noviembre de 1992 dijo que lo vio con el químico junto a dos militares chilenos, el mayor (r) Arturo Silva y el capitán (r) Jaime Torres Gacitúa.
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