Miércoles, 07 de febrero, 2007 - AÑO 10 - Nro.2454
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Nicolini

Si me dijeran que una persona muy mala o un perjudicial senador de la derecha mandó a su hijo a perpetrar una declaración jurada afirmando carecer de ingresos para engañar a un ministerio y no tener que pagar veintiséis mil pesos en tres cuotas, pensaría que el dicente está mal de la cabeza y le pediría auxilio al sentido común.

ELEUTERIO FERNANDEZ HUIDOBRO (*)


En lo que me es personal Nicolini es inocente. Además, porque seguí su antológica peripecia desde el principio.

Es más: creo ser el responsable de su increíble internación en el por ese entonces también increíble Hospital Pasteur.

Recuérdense los horrorosos acontecimientos en ese hospital por esos días afectándonos desde muy cerca ya que una de las víctimas era hermano de un ex rehén de la dictadura, dirigente del MPP y del MLN.

Responsable porque Nicolini podía muy fácilmente haberse internado en cualquier otro lado gratuitamente. Y se negó a ello a pesar de nuestros ­ahora lo vemos­ insuficientes apremios.

Es ocioso y hasta lesivo de la inteligencia de cualquier lector agregar que de ser necesario habría dinero seguro disponible para cualquier tratamiento acá o en el exterior.

Todo eso le fue ofrecido hasta el cansancio a Nicolini. Doy fe de ello aunque sea innecesario.

Porque todas estas obviedades debemos escribirlas solamente en el país burocrático de Kafka. Unico en el que parece normal y serio lo que está sucediendo y lo que venimos discutiendo.

¡Algo muy grave nos está pasando a todos!

Pero Nicolini, sin darse cuenta, entró en ese "país"... Y nos llevó consigo.

O, mejor dicho, nos trajo. Y aquí estamos.

Discutiendo, como si fuera en serio, una de las más grandes estupideces que sea dable imaginar.

En realidad merecería ser condenado severamente por haber despertado tales duendes.

Ocupados en ellos; hurgando todos con el gancho en ristre dentro del contenedor de la basura, como tantos dignos orientales que lo hacen para sobrevivir, no hemos dado cuenta de que Nicolini produjo un hecho histórico ignorado olímpicamente: no sé hasta qué fecha deberíamos retroceder ni cuántos poquísimos casos habrá, de un senador de la República en ejercicio que, aquejado por una enfermedad muy fea (de pronóstico inicial muy malo), se haya internado en un hospital de Salud Pública cuyo presupuesto, vaya coincidencia, fuera votado en el Senado.

Lo insuperable, incluso para Kafka, es que en estos días hemos oído y leído en distintos órganos de prensa la protesta de que una persona con recursos, y encima senador, se atendiera en un hospital "que es para los pobres" (sic). ¡Faltaba más!

No hace mucho tuvimos que ocuparnos en estas mismas columnas de aquellas macizas aseveraciones "informativas" que anunciaban sueltas de cuerpo cómo "los marginales" (sic) "avanzaron sobre determinado barrio".

Ahora es al revés: hasta algunos pobres se han quejado de que un senador comparta con ellos las camas carenciadas.

Aquel grito tan conocido de "¡Por qué no se atienden ustedes en esos hospitales y con este Presupuesto!" fue acallado por este otro: el del mundo de Kafka.

Si Mujica va en moto al Palacio está fenómeno, pero si se atiende en el Pasteur...

Reconozcamos por lo menos que es más pintoresco que operarse en el Casmu.

Creo que el problema radica en cierta zona de la vergüenza: andar en moto vaya y pase. Capaz que un día lo hago. Pero que me abran la barriga en el Pasteur, ¡no! Esa "no te la llevo".

Nicolini "se pasó" y creo que por eso también debe ser condenado.

Compartir con los pobres todo, pero también el quirófano, ¡no!

¿Y si mañana se le ocurre a alguien una Ley que obligue a quienes votan y hacen el Presupuesto de Salud Pública a internarse en esos hospitales?

Habrá que cortarlo en seco. Supongo que tal aciaga iniciativa será declarada inconstitucional porque viola las libertades individuales. No creo que lo sea (declarada ilegal) por violar los derechos humanos.

Me apresuro a informar que he sido en este verano asiduo turista de las cálidas y acogedoras playas del Casmu.

Nicolini viene recibiendo ahora una dura penitencia para que no se le vuelva a ocurrir tamaño desplante contra la sacrosanta hipocresía nacional.

Cuando nos abocamos en el Parlamento y en el país a discutir el Sistema Integrado de Salud parece bueno que Nicolini, después de lo que hizo, mejor no participe.

Tengo por lo tanto personalmente muy claro, porque lo seguí minuto a minuto debido a su grave estado de salud (del que nadie tampoco habló) que Nicolini, su familia y sus colaboradores, sabían que se debía pagar y me consta la voluntad de hacerlo.

Me consta pero no tengo pruebas documentales de ello porque a nadie de ese entorno se le ocurrió, en medio de un episodio médico complicado, reunirlas para afrontar la irrealidad patógena y a la vez enfermiza que venimos soportando.

Tener que demostrar lo obvio es siempre un síntoma de que algo muy raro está pasando.

 

El complot de la derecha

Del mismo modo que en los casos de las grabaciones a Michelini y de la vertiginosa destitución del comandante en jefe del Ejército, "Búsqueda", creada y mantenida para esos menesteres, fue una pieza clave.

Primero robaron del Ministerio de Salud Pública el expediente de una investigación administrativa, delito que deberá ser tan severamente investigado como Nicolini.

Alguien, no se sabe si "Búsqueda" o quien le proporcionó el documento, lo "expulgó" dando a conocer solamente algunas de sus páginas según ha sido insólitamente informado por la prensa. Ello, de ser cierto, es un grave indicio de cierta mala intención agregada.

Pero la intención y el objetivo de la derecha quedan meridianamente claros para cualquier analista de los hechos:

1.- Perjudicar al gobierno de Tabaré Vázquez y complicarle la vida.

2.- Dañar a la compañera Ministra doctora María Julia Muñoz.

3.- "Arrancarle" la cabeza al compañero doctor Tabaré González.

4.- Desprestigiar a los Servicios de Salud Pública.

5.- Dañar al MPP.

6.- Expulsar a Nicolini del Parlamento.

7.- Mandarlo preso a él o a su hijo.

8.- Tomarse una buena revancha por lo de Focoex (metas 6 y 7) para despejar la cancha embarrada desde entonces en ese ministerio.

Esos son los objetivos evidentes de la trampa tendida por la derecha.

En la que entramos rápidamente... Como siempre.

Voy a terminar con el tozudo y tenaz lugar común que está en la izquierda: el compañero Nicolini sigue siendo inocente hasta que alguien, o algo, demuestre lo contrario.

Cuando escribo estas cosas oigo por la radio a Gallinal, ex jerarca de Salud Pública casualmente cuando la estafa de Focoex por trescientos millones de dólares, peleando a brazo partido para que a Nicolini, además, no se le pague el subsidio...

Debería agregar que no se le permita tener camionetas de Paseggi.

Un certificado, para nada blanco, de poquedad de alma, carcheando, como la gentuza del Goyo Jeta, con asistencia gratuita, las pilchas de los muertos. *

(*) Senador de la República, escritor.


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