La discusión continuaba cuando abandoné mi puesto en el palco de prensa, urgido por la famosa hora de cierre, pero ya estaba suficientemente anunciado el resultado de la sesión de ayer: el Parlamento de la Ciudad se disponía a dar su anuencia a la IMM para el llamado a licitación pública internacional para la explotación del Hotel Casino Carrasco; del hotel y sus servicios y, además, de las salas de juego.
Al acercarme al hermoso edificio de la calle 25 de Mayo, a eso de las seis de la tarde, pude observar una aglomeración inusual frente a su puerta; incluso el tránsito había sido interrumpido por agentes policiales. ¿La razón? Pues, la presencia masiva de funcionarios de Casinos Municipales que, con gran algazara, altoparlantes incluidos, manifestaban su reprobación a la privatización del emblemático hotel carrasquense. Algunos agentes policiales vigilaban el mantenimiento del orden mientras los funcionarios volanteaban a diestra y siniestra denunciando las implicancias de los directores del área de la administración anterior y clamaban contra "una política deliberada para transferir los recursos que generan los juegos de azar a los privados", según reza uno de los volantes firmados por organizaciones sindicales identificadas con siglas poco conocidas, tales como Fenaju, Afacam, Adep y Afal.
Dentro del edificio, los militantes habían desplegado carteles alusivos: "¿No era que los frenteamplistas estaban en contra de las privatizaciones?"; "Entregar un casino a privados, ¿eso era el país productivo?", y otras por el estilo, al tiempo que algunos de ellos lucían disfrazados con trajes de presidiarios en alusión a la comparecencia ante la Justicia de los ex directores cuestionados.
Contemplando ese carnaval, un amigo me dijo: "Ahí está la pequeña burguesía radicalizada tirando piedras contra el gobierno".
Pero vayamos de a poco. La sesión comenzó con un homenaje espontáneo a dos figuras relevantes del movimiento sindical fallecidas ayer: Miguel "Lobo" Guzmán y Juan José Ramos. Gran congoja generalizada entre los ediles de todos los partidos, que en improvisados discursos ensalzaron la trayectoria y las virtudes de ambos.
Luego de votar a todo tren los catorce puntos del orden del día anteriores al asunto Casinos (exoneraciones impositivas, auspicios varios y nuevos nombres de calles), el edil Ripoll pidió un cuarto intermedio. Trataba de que la Mesa y los ediles oficialistas revieran la medida de no permitir la libre circulación de los militantes sindicales por todo el edificio de la Junta. En efecto, éstos habían ocupado las barras y deambulaban por la planta baja pero no se les permitía bajar al subsuelo donde está el ambulatorio y el acceso al recinto del deliberativo.
Esta moción causó un intenso debate en el que participaron varios ediles. El blanco Daniel Graffigna, por ejemplo, dijo: "Esto se parece más a la Jefatura que a un parlamento". Glenda Rondán, con su ímpetu habitual, expresó que era una medida antipática y le dijo al profesor Weiss presidente del órgano--que se estaba asemejando a un dictador(¡); "¿De qué tenemos miedo si esto está lleno de policías de particular?". Refirió que ella siempre estuvo de acuerdo con tolerar la presencia de grupos de presión y que no le molestaban las expresiones contrarias a sus decisiones políticas cuando integraba el Parlamento en representación del partido de gobierno.
El Pepe Prieto (NE) explicó, con calma y paciencia, que se trataba de preservar el clima necesario para que el tema se discutiera en las mejores condiciones posibles, y aludió a las palabras de doña Glenda sugiriendo una actitud demagógica de su parte. Esto encolerizó a la fogosa edila colorada y se generó una fuerte discusión con réplicas fuera de micrófono, discusión en la que intervinieron Weiss, Graffigna, Rondán y Calandra. Una vez calmados los ánimos, Oscar Curuchet fue el encargado de informar sobre los famosos pliegos de condiciones. Destacó el trabajo realizado en comisión y los aportes de los ediles opositores y entró a realizar un detallado informe de las características principales de la licitación: condiciones, obligaciones del concesionario, seguros, garantías, plazos, cánones, multas por incumplimiento, etcétera. Finalmente, anunció que se pedirá al Parlamento la sanción de una ley que habilite a la IMM a licitar la explotación de las salas de juego.
Luego vinieron las exposiciones de los opositores. El blanco Fernando Ripoll habló de la mala gestión municipal y sostuvo que la privatización era la salida más fácil a la pésima situación de los Casinos. Argumentando contra la privatización, citó a Zabalza, contrario a las privatizaciones, y a José Mujica, quien había sostenido hace diez años que "el manejo de la timba no puede quedar en manos privadas".
Advirtió que la IMM pierde, así, una de sus principales fuentes de ingresos legítimos. Por otra parte señaló que se estaba consagrando una ilicitud ya que se votaba algo ad referéndum de la aprobación de una ley.
El quincista Angel Fachinetti, por su parte, anunció que los dos partidos tradicionales están dispuestos a juntar firmas para impulsar la derogación del decreto municipal.
El blanco Daniel Graffigna fue más lejos en sus críticas y no vaciló en afirmar que el intendente Ehrlich les había mentido a los tres ediles nacionalistas cuando les aseguró que no se privatizarían los Casinos.
La cosa siguió más o menos por los mismos carriles hasta que Aníbal Gloodtdofsky anunció su voto favorable a la licitación. Ahí se armó la gorda: empezó con un pequeño grito desde la barra y devino en una sarta de insultos proferidos por los exaltados e indignados militantes sindicales. "Traidores", "vendidos", "putos", "hijos de puta", fueron algunas de las lindezas que vocearon a coro y a voz en cuello los desaforados sindicalistas.
Don Gabriel Weiss, ni corto ni perezoso, ordenó el desalojo de las barras, algo que se cumplió lentamente y sin lamentar (por suerte) incidentes mayores. *
Comentarios (beta!)