La crisis que golpeó al crédito inmobiliario en Estados Unidos y amenaza con dejar millones de personas en la calle, se convirtió en un juego político en el país, donde el presidente George W. Bush y precandidatos a la Casa Blanca se adueñaron del tema, según señala la agencia AFP.
"Para mí, se volvió prioritario ayudar a los propietarios estadounidenses a que acepten este desafío financiero para que el mayor número de familias pueda quedarse en su casa", declaró Bush en su mensaje radial semanal a los estadounidenses.
"De uno a tres millones de personas podrían perder su vivienda no porque perdieron su empleo, ni porque la economía se hundió, sino porque obtuvieron malas condiciones para su préstamo inmobiliario", subrayó el senador estadounidense Christopher Dodd, presidente de la Comisión Bancaria del Senado y precandidato demócrata a la Casa Blanca.
"Estamos en el nivel más alto de embargos de viviendas después de 37 años, y a un nivel más bajo después de diez años por las puestas en marcha de viviendas", deploró. "Lejos de ser algo temporal en nuestro progreso económico, se trata de un cáncer que amenaza con extenderse, con un efecto devastador, a los bienes inmuebles y a nuestra economía entera", estimó el miércoles en una columna en el diario Financial Times el precandidato demócrata a las elecciones presidenciales de 2008 Barack Obama. *
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